Por LUIS ZÚÑIGA

La victoria de Donald Trump en la elección presidencial del 2016 ha sido uno de los acontecimientos políticos más controversiales en la historia de los Estados Unidos. No fue solamente el error de los encuestadores la causa de la controversia sino “los hilos” conspirativos que se movieron en las sombras preparándose para su destitución (impeachment) en el caso de que ganara las elecciones.

Son muchos y muy importantes los personajes que forman parte de esta “trama política”, por eso, es imprescindible ver por separado los distintos escenarios que han tenido lugar y lo que ha ocurrido, o está ocurriendo, en cada uno de ellos. El primero es la investigación a Hillary Clinton sobre el uso de un servidor de internet privado para enviar y recibir emails con información clasificada del Departamento de Estado. El segundo es la elaboración de un expediente (Dossier) sobre Donald Trump, pagado por la campaῆa de Hillary, y enfocado en supuestos contactos (colusión) entre la campaῆa de Donald Trump y funcionarios rusos, y el tercero es la forma en que la jerarquía del FBI “manejó” ambos asuntos.

LA INVESTIGACION SOBRE LOS EMAILS DE HILLARY CLINTON:

En abril del 2016 había una gran preocupación en la jerarquía del Partido Demócrata por el rumbo que llevaba la investigación del Congreso y el FBI sobre los emails de Hillary Clinton. Las pobres excusas que Hillary dió durante su testimonio ante el Comité de Inteligencia y los hechos indiscutibles de que no respetó la subpoena del Congreso a sus emails y borró más de 33,000 de ellos, y que luego destruyó su servidor privado de internet para hacer desaparecer cualquier evidencia, estaban dejando la impresión pública de que su aspiración presidencial estaba en peligro. De hecho, el estar bajo investigación federal la ponía en una situación comprometida políticamente.

Por otra parte, la competencia que Bernie Sanders le estaba presentando iba más allá de toda expectativa. Y en medio de esta incertidumbre, el Comité Nacional Demócrata (CND) y el Jefe de la Campaῆa de Hillary, John Podesta, descubren que sus cuentas de email habían sido “hackeadas”. Un mes más tarde, Wikileaks comienza a publicar emails del CND revelando cómo Hillary controlaba los fondos del Comité Nacional en perjuicio del otro candidato, Bernie Sanders, y que la Presidenta del CND, Debbie Wasserman, favorecía, abiertamente, a Hillary. Los emails revelaron también que había periodistas filtrándole a Hillary las preguntas que le harían en su debate contra Sanders. Más tarde se supo que uno de esos periodistas era Donna Brazile, de CNN. El disgusto de los simpatizantes de Sanders era grande. El CND se suponía que fuera imparcial, pero en los emails revelados se demostraba que el CND actuaba a favor de Hillary y en perjuicio de Sanders.

Para investigar quién hackeó sus servidores de email, el CND contrató a la companía “Crowdstrike”, propiedad de Dmitri Alperovich, un ruso anti-Putin que frecuentemente le hacía trabajos de internet al Partido Demócrata. “Crowdstrike” terminó escribiendo un informe donde decía que fueron hackeadores rusos los que obtuvieron los emails publicados por Wikileaks y es, en ese instante, que se origina la “acusación” del Partido Demócrata contra Donald Trump, de “estar asociado con los hackeadores rusos” para perjudicar la campaῆa presidencial de Hillary Clinton.

Un propósito evidente de esa acusación era buscar que el FBI abriera una investigación contra el candidato opositor, Donald Trump, y de esa manera ponerlo en una situación semejante a la de ella, es decir, bajo una investigación federal.

El punto más sospechoso sobre el hackeo al CND fue que el FBI pidió tener acceso a los servidores hackeados, pero la campaῆa demócrata se lo prohibió. Este hecho ha sido ocultado consistentemente por la prensa liberal. Los expertos del FBI podrían haber encontrado, fácilmente, quién hackeó los servidores de internet y cómo obtuvo esos emails. Evidentemente, el CND no quería buscar la verdad.

Esta situación creó la percepción lógica de que la campaῆa de Hillary y el Partido Demócrata lo que querían era que el FBI y el Congreso aceptaran como válido el informe de “Crowdstrike” de que fueron los rusos los autores del hackeo. Pero, otra compaῆía de seguridad cibernética, McAfee, que evaluó el informe de “Crowdstrike”, dijo que no estaba de acuerdo con su explicación porque la única evidencia que daba era que los hackers habían usado un modo operativo “semejante” al que usan los rusos. McAfee explicó que los profesionales de la seguridad cibernética saben que todos los hackers usan técnicas que tienen elementos comunes, es decir, técnicas parecidas. McAfee calificó el informe de “Crowdstrike” como no confiable. Significativamente, la prensa liberal nunca menciona a “Crowdstrike” ni el papel que jugó en crear la sospecha contra la campaῆa de Donald Trump.

Pero hay otra evidencia que apunta a que, definitivamente, el informe estaba prejuiciado y es el historial anti-ruso de “Crowdstrike” que, dos aῆos antes, tuvo que retractarse de otro informe que hizo sobre los defectos en los armamentos ucranianos, a los que seῆaló como causados por “hacheadores rusos”. Para comprobar el informe de “Crowdstrike”, Ucrania buscó una segunda opinión y la compaῆía sueca que hizo la comprobación descubrió que el problema estaba en los programas de software defectuosos que usaban las fábricas y no en ningún hackeo. “Crowdstrike” reconoció que su informe estaba equivocado.

Además, hay otra información que la prensa liberal norteamericana ha “dejado pasar” sin dar detalles y es el caso de Joshua Schulte, un ingeniero electrónico y oficial de la CIA, experto en cibernética, que abandonó la Agencia en el 2016 y fue luego arrestado por sospechas de haber entregado a Wikileaks un paquete masivo de métodos de hackeo, altamente secretos, así como ‘códigos de origen’ valiosísimos por su efectividad. Schulte también entregó a Wikileaks la llamada “Vault 7” de la CIA, que tanto daῆo le hizo a la Agencia. Schulte fue encausado el pasado 30 de junio por un gran jurado, pero la noticia quedó “engabetada” en las cadenas liberales para evitar la mención de que Schulte le entregó a Wikileaks los códigos de hackeo más avanzados que usaba la CIA. Es decir, Wikileaks no necesitaba de ninguna ayuda rusa para obtener la información que reveló.

Otro indicio importante sobre Joshua Schulte, quien se describía como un “libertariano”, fue que, precisamente en el 2016, escribió lo siguiente: “Nuestro gobierno está emborrachado de poder y deseoso de tener todo lo que se le permita poseer. Ya ellos no necesitan tu voto para tener poder. Obama ha demostrado, una y otra vez, que él, simplemente, hace cualquier cosa que desee hacer. Obama está socializando a los Estados Unidos, eliminando las libertades, una a una,… Yo le temo al futuro. Estados Unidos, despierta antes que sea demasiado tarde”. Esta preocupación de Schulte parece ser la que lo impulsó a entregar a Wikileaks las herramientas para hackear al Comité Nacional Demócrata y a Podesta y sacar a la luz las trampas políticas con que los demócratas buscaban asegurar su continuidad en la Casa Blanca. No olvidemos que Bernie Sanders ha sido un “independiente” durante toda su carrera política. Hillary ya había declarado que continuaría la misma línea política del Presidente Barack Obama.

La lógica, sustentada por las evidencias disponibles, apunta a que Wikileaks hizo el hackeo con las herramientas que le entregó Schulte y que, los rusos, no tuvieron ninguna participación en eso.

EL DOSSIER SOBRE DONALD TRUMP Y SU CAMPANA:

Se sabe que tan pronto la campaῆa de Hillary Clinton percibió que Donald Trump era el candidato que ganaría la nominación republicana, le pagaron varios millones de dólares al abogado Marc Elias, del bufete Perkins Coie, LLP para que contratara a la agencia de investigaciones políticas “Fusion GPS” y que ésta buscara información daῆina sobre Donald Trump. Pero, poco después, cuando gracias a la prensa liberal tomó fuerza el alegato de los demócratas de que había “colusión entre Trump y los rusos” para descarrilarle su campaῆa, entonces Fusion GPS contrató a un ex-espía inglés, llamado Christopher Steele, que tenía lazos con el FBI y con la inteligencia rusa, para que buscara información sobre los “posibles” vínculos de Trump y su campaῆa con los rusos.

El resultado del “trabajo” de Steele fue un “Dossier” de 35 páginas que ha recibido diversas evaluaciones de expertos. La más seria la expresó el respetado diario “The Wall Street Journal”, en un editorial, calificando al Dossier como “una fabricación llena de rumores, opiniones personales y hechos circunstanciales que tratan, infructuosamente, de alegar una colusión entre el Kremlin y la campaῆa de Donald Trump”. Por su parte, numerosos expertos coinciden en que el Dossier de Christopher Steele no es “una investigación del oponente”, como usualmente hacen los políticos contra sus adversarios, porque las investigaciones reales se hacen basándose en hechos verificados como negocios, declaraciones de impuestos, fallos judiciales, declaraciones públicas, etc”. El Dossier de Steele, enfatizan, es una colección de especulaciones, rumores y lo que algunos ex-espías rusos “habían oído decir”. Hasta este momento, Septiembre 4 del 2018, ninguno de los alegatos contra Trump o ex-miembros de su campaῆa ha podido ser verificado por el FBI. Así lo reconoció el propio Subdirector de esa agencia, Andrew McCabe, en su testimonio ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

CÓMO LA JERARQUÍA DEL FBI MANEJÓ AMBOS ASUNTOS:

Era incuestionable que la investigación sobre los emails de Hillary Clinton, que había colocado su aspiración presidencial en una “cuerda floja”, tuvo un giro inesperado con la decision del FBI (y no del Departamento de Justicia a quien le corresponía la decision) de no presenter cargos contra ella. Sin embargo, luego se supo - gracias a informaciones obtenidas por Judicial Watch usando el Freedom of Information Act (FOIA) y al Reporte del Inspector General del Departamento de Justicia, Michael Horowitz, - que la absolución se debió a “una maniobra” de la jerarquía del FBI.

En los documentos obtenidos por Judicial Watch aparece un borrador, escrito en mayo del 2016 por el entonces Director del FBI, James Comey, con la absolución de Hillary Clinton redactada mes y medio antes de que siquiera la interrogara a ella y a más de una docena de testigos importantísimos del caso. Se sabe también, por los documentos desclasificados, que el Sub-Director de Contrainteligencia del FBI, Peter Strzok, cambió una frase vital de ese documento que calificaba las acciones de Hillary Clinton como “negligencia criminal” en el manejo de información clasificada y la sustituyó por “descuido no intencional”. El cambio de la frase evitaba la posibilidad de un encausamiento judicial contra Hillary Clinton.

Por su parte, en el informe del Inspector General aparece la información de que había miembros del FBI encargados de hacer correr entre la prensa “rumores” de la complicidad de Trump con los rusos (incuestionablemente para darle combustible a la ofensiva de la prensa liberal contra Trump) y aparece también que había miles de mensajes de texto con información comprometedora entre Peter Strzok, Subdirector de Contrainteligencia del FBI, y la abogada del FBI, Lisa Page. En esos mensajes, que el FBI borró tratando de hacer desaparecer esa importantísima evidencia, pero que, para su pesar, fueron recuperados por expertos cibernéticos del Pentágono, se puede entrever que había una conspiración entre altos oficiales del FBI para: Primero, liberar a Hillary Clinton de los delitos que cometió en su manejo de los emails clasificados del Departamento de Estado; Segundo, abrir una investigación contra Trump que lo perjudicara en su aspiración presidencial, y, Tercero, si Trump ganaba las elecciones, crearle un caso judicial que facilitara un “impeachment” contra él.

La absolución de Hillary la manejaron James Comey (Director del FBI), Peter Strzok (Subdirector de Contrainteligencia del FBI) y Lisa Page (abogada del FBI) y, se sospecha, que también participaron altos funcionarios del Departamento de Justicia de la Administración de Barack Obama, entre ellos Bruce Ohr, cuarto en el orden jerárquico del Departamento. Este asunto está actualmente bajo investigación.

La conspiración contra el candidato republicano, también entre las más altas esferas del FBI, aparece bien clara en un intercambio de mensajes entre Strzok y Page, de fecha 15 de Agosto del 2016 en el que Strzok le escribe a Lisa Page: “Quiero creer en el curso de acción que tú presentaste a consideración en la oficina de Andrew McCabe de que no hay forma de que Trump salga electo, pero temo que nosotros no podemos tomar ese riesgo. Es como una póliza de seguro en el caso improbable de que uno muera antes de los 40 aῆos de edad”.

Aquí está claro que “los conspiradores” querían “una póliza de seguro”, es decir, otro plan que permitiera sacar a Trump de la presidencia en caso que la ganara. Ese plan era la investigación sobre la colusión de la campaῆa de Trump con los rusos. Como seῆala en un magnífico artículo sobre este asunto el ex fiscal de los Estados Unidos, Joseph Di Genova: “Esta no es la conversación entre investigadores profesionales sino entre agentes corruptos que habían creado dos estándares de justicia basados en sus preferencias políticas”.

Es importante destacar que esos mensajes de texto que se han revelado, pasaron por una “edición” del FBI y del Departamento de Justicia (DOJ), porque el Vice Fiscal General, Rod Rosenstein, se niega a entregar los originales a pesar de una subpoena del Comité de Inteligencia del Congreso.

Otro intercambio de mensajes de texto entre Peter Strzok y Lisa Page, prácticamente confirman esa conspiración contra Trump al más alto nivel del FBI. En este otro mensaje, Lisa Page le pregunta a Peter Strzok: “Trump nunca va a ser presidente, verdad?” y Strzok le responde: “No, no lo va a ser. Nosotros lo impediremos”. Al decir “nosotros”, Strzok está implicando que había varios de ellos (directivos del FBI) involucrados en evitar que Trump se convirtiera en Presidente. Es indudable que sólamente altos directivos del FBI tendrían el poder necesario para impedir que Trump se convirtiera en Presidente. Viendo este mensaje, es imposible aceptar la excusa de Strzok en su testimonio ante el Congreso de que él solamente estaba expresando una opinión política. Afirmar que “Nosotros” impediremos que Trump sea Presidente no es una opinión, es una afirmación de que tenían la decisión y la capacidad para impedirlo.

Debemos enfatizar que el FBI usó varias estrategias contra Trump, como la ya mencionada de regar rumores de que la inteligencia americana tenía información de que la campaῆa de Trump estaba asociada con los rusos, lo que daría la imagen de una victoria electoral de Trump como no legítima. Otra fue la colocación de sistemas de escucha en la Trump Tower de Nueva York. Esto lo lograron usando el famoso Dossier de Christopher Steele (ordenado y pagado por la campaῆa de Hillary Clinton) donde aparece el llamado Reporte 94, de fecha Julio 19 del 2016, en el que Steele escribió que Carter Page, Consejero de Política Exterior de la campaῆa de Trump, se reunió en Moscú con Igor Sechin, CEO de la empresa petrolera rusa “Rosneft”, y con el funcionario del Kremlin, Igor Diveykin, y que le ofrecieron darle información sobre Hillary Clinton.

Usando el Dossier y, específicamente ese Reporte 94, el FBI, asistido por altos funcionarios del Departamento de Justicia, fue a la Corte de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), que es secreta, y consiguió una autorización para vigilar, mediante escuchas electrónicas, las conversaciones de Carter Page. En ese momento el Sr. Page ya no era parte de la campaῆa de Trump, pero era amigo de la mayoría del equipo de campaῆa y los visitaba en la Trump Tower. La intención evidente era espiar a los miembros del team de campaῆa de Trump usando las escuchas electrónicas contra Page. En el argot de inteligencia le llaman a esa técnica “escucha incidental”. En el interrogatorio que le hizo el Congreso a James Comey, éste dijo que el Dossier fue “un documento más” de las evidencias que se usaron para consegir la autorización de la Corte FISA. Sin embargo, ya se sabe, por documentos desclasificados de la Corte, que la principal evidencia usada fue el Dossier de Steele y eso quedó verificado por, Andrew McCabe, Subdirector del FBI, cuando dijo en su testimonio ante el Congreso que sin la información del Dossier de Steele, la Corte FISA no le habría otorgado la autorización al FBI para espiar a Page.

Sobre este Reporte 94, Carter Page dijo que él sí viajó a Moscú a principios de Julio del 2016, un viaje público y conocido, pero que con quien se reunió fue con Andrey Baranov, viejo amigo suyo. Su viaje a Moscú era lógico dado que Page es un experto en temas de energía, gas y petróleo y fue, por varios aῆos, el Segundo Jefe de la oficina de Merryl Lynch en Moscú. Además, dijo que para “ofrecerle” información sobre Hillary no habría hecho falta que él viajara a Moscú porque los rusos tuvieron oportunidad de dar esa información, personalmente, a Donald Trump Jr., un mes antes cuando la abogada del Kremlin, Natalia Veselniskaya, se reunió con el hijo de Trump en la Trump Tower.

Es muy significativo que esa reunión de la abogada del Kremlin con el hijo de Trump no aparezca en el Dossier de Steele, porque esa reunión fue la más usada por la prensa liberal para seῆalarla como prueba de la “colusión” de Trump con los rusos y el Kremlin. La razón por la que, aparentemente, no aparece (o por lo que la sacaron del Dossier) es que el fundador de Fusion GPS, Glenn Simpson, se reunió con esa abogada del Kremlin, antes y después, de su reunión con el hijo de Trump. Esa evidencia apunta, claramente, a una trampa de Fusion GPS para “fabricar” vínculos entre el Kremlin y la familia Trump. No en balde, todos los empleados de Fusion GPS se acogieron a la 5ta Enmienda cuando fueron citados a declarar ante el Congreso.

Otro asunto, generalmente evadido por la prensa liberal, fue la forma en que el ex Director del FBI, James Comey, participaba, personalmente, en la trama anti-Trump. Por ejemplo, entre enero y abril del 2017, Comey le dijo al Presidente, en 2 ocasiones, que él no estaba bajo investigación del FBI y, a su vez, Trump le pidió en 5 ocasiones diferentes que lo dijera públicamente, pero Comey NO LO DIJO NUNCA, porque evidentemente, su intención (y posible compromiso), era investigarlo. En enero del 2017, Comey entregó al Presidente Obama y al entonces Presidente electo, Trump, un “sumario” de lo que contenía el Dossier de Christopher Steele. El propio Comey les dijo que ese Dossier era “salacious and unverified”. Sin embargo, al mes siguiente lo usó otra vez en la Corte FISA para mantener las escuchas electrónicas contra Carter Page y el equipo de Trump. Pero, lo que fué el éxito de James Comey contra Donald Trump, lo logró usando a su amigo Daniel Richman, Profesor de Columbia University, para que le “leakeara” (filtrara) al New York Times el contenido de sus conversaciones privadas con el Presidente Trump (una acción inconcebible en un Director del FBI). Comey quería demostrar que Trump lo despidió porque él no se comprometió a serle leal. Con su “leak”, Comey buscaba el nombramiento de un Fiscal Especial que investigara a Trump y sus supuestos vínculos con los rusos. La estrategia no solamente le funcionó bien, sino que fué más allá de su propósito inicial, porque la prensa liberal lanzó una ferós campaῆa para que el Fiscal General, Jeff Sessions, se recusara de participar en la investigación, cosa que lograron, y la designación cayó entonces en Rod Rosenstein, Vice Fiscal General, que también había dado muestras de estar contra el Presidente. Y, qué casualidad, Rosenstein escoge a una persona del FBI, Robert Mueller, ex Director y amigo de Comey, para que fuera el Fiscal Especial a cargo de la investigación.

Hay que seῆalar que el nombramiento de Mueller es técnicamente ilegal porque para nombrarlo tiene que existir la presunción (existencia) de un delito. En este caso, “colusión con extranjeros” no es un delito sino un caso de contrainteligencia.

Quedan otros acontecimientos que hasta el momento no se han demostrado que tengan vinculación con acciones del FBI, pero que son muy sospechosos de tenerlos. Por ejemplo, un ruso de nombre Henry Greenberg logró, a través de un intermediario, reunirse con Roger Stone, ex-consejero personal de Donald Trump. El ruso le planteó que si Trump le daba 2 millones de dólares, él le daría información comprometedora sobre Hillary Clinton. Stone le respondió que él no tenía que plantearle ese asunto a Trump porque lo conocía y sabía que no lo iba a aceptar, y dió el hecho por concluído. Sin embargo, cuando recientemente se enteró que habían habido varios intentos de infiltrar informantes del FBI en la campaῆa de Trump, Stone reveló el caso del ruso Greenberg y agregó que ya tiene información de que Greenberg había sido informante del FBI hasta el 2013 y que había ingresado a Estados Unidos con una visa otorgada por la Oficina del FBI de Miami. Sospechoso, verdad?

LOS REPORTES DEL DOSSIER DE CHRISTOPHER STEELE:

El exespía inglés, Steele, escribió su Dossier en forma de “reportes” como es usual en los documentos de inteligencia.

Reporte #80, de fecha junio 20, 2016, es el primer reporte y alega que el Presidente Putin y el gobierno ruso habían tratado de “cultivar” a Donald Trump desde el 2011 y que tenían información “comprometedora” sobre Trump y Clinton.

La realidad es que no hay evidencia alguna de que ese “cultivo” se haya realizado, sino todo lo contrario. Por ejemplo, en enero del 2016 cuando ya Trump había anunciado su aspiración presidencial, su abogado y realtor, Michael Cohen, le envió un email a Dmitry Peskov, asesor de Putin, pidiéndole ayuda para que se aprobaran los permisos para construir la Trump Tower de Moscú, pero los permisos le fueron negados. El reporte sugiere, además, que la información sobre Hillary fue recogida en grabaciones de escuchas sobre comentarios que ella hizo mientras viajaba por Rusia. Tampoco hay evidencias de que ésto sea cierto.

Reporte # 86, de Julio 26, 2016, dice que Rusia tiene un extenso programa de hackeo a los adversaries extranjeros.

El reporte provee algunos ejemplos que no tienen nada que ver con un posible hackeo al Comité Nacional Demócrata o a Podesta en el 2016. En realidad la sustracción de emails del servidor de internet de Podesta se sabe que no fue mediante hackeo sino mediante “phishing”, que, por supuesto, no aparece mencionado en este reporte.

Reporte # 97, de Julio 30, 2016, alega que Trump y sus allegados habían estado proveyendo a Rusia, durante los últimos 8 aῆos, con información de inteligencia sobre las actividades, negocios y otros asuntos de los principales oligarcas rusos y sus familiares que viven en los Estados Unidos.

Esta alegación es tan ridícula como absurda. Los negocios de Trump son de bienes raíces y campos de golf. No tiene companías de investigación ni de seguridad. Si Trump hubiese realizado esas actividades, tanto la CIA como el FBI lo hubieran detectado fácilmente.

Reportes # 100 y 101, de agosto 5 y 10 del 2016, se refieren a asuntos rusos internos y dicen que los liqueos de información de Wikileaks tenían la intención de “virar a la juventud americana contra Trump y contra Hillary Clinton”. Dicen, además, que el Kremlin se estaba “acercando” a otras figuras políticas usando invitaciones de viajes a Rusia. Se mencionan los nombres de Jill Stein, que fue candidata presidencial del Partido de los Verdes, Michael Flynn y Carter Page.

En efecto, Michael Flynn y Jill Stein fueron invitados a Moscú a la celebración de los 10 aῆos de la television rusa “RT”, una visita que salió en toda la prensa y que, evidentemente, no tuvo nada secreto ni significativo.

Reporte # 105, de Agosto 22, 2016, dice que el expresidente ucraniano Viktor Yanukovich, le dijo a Putin que él le había pagado dinero por “lobby” al Chairman de la campaῆa de Trump, Paul Manafort.

Este reporte es el único que contiene algo cierto. Precisamente, esos pagos a Manafort por parte del Presidente de Ucrania fue lo que causó que Trump lo despidiera de su campaῆa. Trump despidió a Manafort el 20 de agosto y este reporte tiene fecha 22 de agosto. Los pagos a Manafort fueron hechos casi 10 aῆos atrás por el servicio de “lobby” que Manafort realizó para mejorar la imagen de Ucrania y no tuvieron nada que ver con alguna colusión con Rusia ni con la campaῆa de Trump. Manafort ya fue acusado por Robert Mueller por lavado de ese dinero que recibió y no lo reportó al Internal Revenue Service y fue declarado culpable por un jurado.

Reporte # 113, de septiembre 14, 2016, alega que Trump pagó sobornos para hacer negocios en San Petesburgo.

La única actividad (no negocio) que Donald Trump hizo en San Petesburgo fue un certamen de belleza. Si le pagó sobornos o no al Sr. Olef Agalarov, con quien Trump organizó el certamen, es Agalarov el que lo puede declarar, y hasta el presente, no ha dicho nada sobre eso.

Reporte # 130, de octubre 12, 2016, alega que Rusia había “inyectado” más material anti-Clinton en los emails que Wikileaks estaban publicando sobre el Comité Nacional Demócrata y Podesta. El reporte alega también que Putin estaba molesto por la forma en que se realizaba la operación de revelar los emails a pesar de que, teóricamente, su administración (de Putin) había asumido el control directo de la operación, lo que hubiera puesto en peligro la posición del Ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov.

En verdad, en esa fecha, octubre 12, 2016, ya casi todos los emails del Comité Nacional Demócrata y de Podesta habían sido divulgados por Wikileaks y si hubiera aparecido en esos emails alguna información “inyectada” por los rusos, es decir, no cierta, el Comité Demócrata seguramente lo hubiera usado para decir que esos emails eran falsos. Además, la posición de Lavrov nunca estuvo en cuestionamiento o en crisis.

Reporte # 134, de octubre 18, 2016, alega que Carter Page, asesor de política exterior de la campaῆa de Trump, se reunió en Julio del 2016, con Igor Sechin, presidente de la compaῆía petrolera rusa, Rosneft, y que Sechin le ofreció a Trump el 19% de las acciones de Rosneft a cambio de que Trump, si fuera electo presidente, levantara las sanciones a Rusia por su ocupación de Crimea en el 2014.

Este reporte llamó la atención del FBI cuando, en enero del 2017, Rosneft entregó como collateral el 19% de sus acciones, pero no para ofrecérselas a Trump, sino como depósito en Suiza para una compaῆía de Qatar que le dió un préstamo a Rosneft. Evidentemente, el autor del reporte (Steele) tuvo información sobre esa transacción de Rosneft y se la “atribuyó” a Trump para “engrosar” su Dossier.

Reporte # 136, de octubre 20, 2016, alega que Michael Cohen, abogado y realtor de Trump, viajó a Praga a finales de agosto del 2016 y se reunió con agentes rusos para ver cómo ocultaban el involucramiento de Paul Manafort en el asunto de Ucrania.

Michael Cohen ha negado que esa reunion tuviera lugar y que nunca ha viajado a Praga. Para demostrarlo mostró el pasaporte. Su único viaje a Europa, aseguró, fue a Italia en el mes de julio y mostró los sellos de entrada y salida de Italia para comprobarlo. Además, aclaró, que a finales de agosto él estaba en California con su hijo y que fácilmente se pueden comprobar los lugares donde estuvo.

Reporte # 166, de diciembre 13, 2016, este reporte está ligado al anterior y alega que en su viaje a Praga, Michael Cohen, arregló los pagos finales a los hachers rusos.

Ese supuesto viaje a Praga nunca ocurrió y la Universidad (USC) de California confirmó que Cohen estuvo allí de visita con su hijo en la fecha en que el reporte alega que estaba en Praga.

INVESTIGACIONES DEL FISCAL ESPECIAL ROBERT MUELLER:

Después de más de un aῆo de investigaciones y haber gastado más de $16 millones, el Fiscal Especial, Robert Mueller, no ha presentado una sola evidencia de haber encontrado vínculos entre la campaῆa de Donald Trump y los rusos. A continuación veremos las personas que han sido encausadas por Mueller y de qué los ha acusado.

Paul Manafort: Fue acusado de conspiración y lavado de dinero por sus labores de “lobby” a favor de Ucrania sin registrarse como agente extranjero en esas funciones y por ocultarle al IRS esos ingresos. Sin embargo, esos delitos por los que ha sido encausado ocurrieron 10 aῆos atrás, mucho antes que comenzara la campaῆa presidencial del 2016. Manafort duró solamente 90 días como jefe de la campana de Trump, quien lo despidió al saber esas actividades de lobby de Manafort. Pero, algo irónico es que, desde el comienzo del juicio contra Manafort, los fiscales de Mueller han tratado, insistentemente, de enfatizar que Manafort hacía “lobby” para el Presidente Yanukovich, que era una “marioneta” de Moscú. El propósito implícito de esta insistencia es que la prensa liberal “empate” la imagen de que colaborar con Yanukovik era colaborar con Putin. Pero, esos fiscales parecen no saber que Mueller, en esa misma época y siendo Director del FBI, se reunió con Yanukovich en Ucrania para estrechar la colaboración entre las agencias de inteligencia de Estados Unidos y Ucrania. Evidentemente, lo que era “malo”para Manafort, era “bueno” para Mueller…

Rick Gates: Socio de negocios de Paul Manafort, aceptó que mintió a los investigadores y está colaborando con el Fiscal Especial Mueller. La acusación es la misma que la de Manafort.

George Papadopoulos: Se declaró culpable de mentir al FBI acerca de sus contactos con Rusia. Papadopoulos hizo al menos 6 intentos, que nunca se materializaron, para organizar una reunión entre miembros de la campana de Trump y representantes rusos durante la campaῆa presidencial del 2016. El acta de acusación no especifica en qué mintió.

Michael Flynn: Se declaró culpable de mentirle al FBI sobre sus conversaciones, en diciembre del 2016, con el embajador de Rusia en Washington, Sergey Kislyak. La acusación alega que Flynn declaró, falsamente, el 29 de diciembre del 2016, que él no le pidió al embajador Kislyak que se abstuviera de escalar la situación como respuesta a las sanciones que Estados Unidos había impuesto a Rusia ese mismo día. Flynn dijo que no recordaba que Kislyak le dijera que Rusia había decidido moderar su respuesta a las sanciones como resultado de su pedido.

Richard Pinedo: Este empresario de California se declaró culpable de un cargo de “fraude de identidad”. La declaración de culpabilidad dice que Pinedo tenía una compañía, llamada “Auction Essistance”, que ofrecía servicios para evadir los requerimientos de seguridad establecidos por compaῆías de pago en línea (por internet) como eBay, PayPal y Amazon.

Pinedo, alega la acusación, ayudó a sus clientes a evadir los protocolos de seguridad impuestos en las páginas web para pagos, creó cuentas de banco en la internet usando identidades fraudulentas y después vendió los números de esas cuentas a clientes de su empresa. La acusación agrega que, aunque Pinedo no estuvo directamente involucrado en el registro de las cuentas bancarias, decidida e intencionalmente, evitó enterarse del uso de identidades robadas.

Nadie entiende qué relación tiene este caso con la investigación de Mueller sobre “colusión” de la campaῆa de Trump con los rusos.

13 nacionales rusos y 3 compaῆías: La acusación contra estas personas y compaῆías dice que los acusados, alegadamente, condujeron “una guerra informativa contra los Estados Unidos” con el objetivo de crear desconfianza hacia los candidatos presidenciales y el sistema político en general.

Los cargos se centran en la “Agencia de Investigaciones de Internet’ (IRA), que se dedicó a “sembrar discordia política” durante las elecciones de Estados Unidos en el 2016, usando “internet bots” (robots que repiten sin cesar mensajes simples) para diseminar noticias falsas y propaganda pro-Trump en Facebook, Twitter y otras plataformas sociales. Yevgeny Prigozhin, un empresario prominente y asociado del Presidente Vladimir Putin, que ayudó a fundar IRA, fue acusado junto a 2 de sus negocios. Las acusaciones incluyen a otros 12 ciudadanos rusos, todos identificados como ex-empleados de IRA que jugaron un rol en las operaciones de influencia rusa antes, durante y después de las elecciones del 2016. Esta acusación pudiera abrir el camino para que otros países hagan lo mismo con los norteamericanos dueῆos de páginas web que simpatizan o favorecen candidatos en otro país y envían mensajes u opiniones a esos países. Pero lo más irónico de esta acusación es que en verdad a quién abría que hacérsela es a James Comey, a James Clapper y a John Brennan que eran quienes dirigían las agencias de inteligencia de Estados Unidos cuando ocurrieron estos hechos. Ellos 3 son responsables de no haberlos detectado ni de haber impedido que lo hicieran.

Alex van der Zwaan: Este abogado holandés de Nueva York se declaró culpable de un cargo de hacer declaraciones falsas a los investigadores federales. Alex representa los intereses de numerosos oligarcas rusos. Es, además, yerno de German Khan, un billonario ucraniano-ruso que controla el banco Alfa Bank de Rusia.

El Alfa Bank atrajo el escrutinio, el aῆo pasado, cuando el Dossier publicado por el ex-espía inglés, Christopher Steele, alegó que el Alfa Bank había jugado un rol en inmiscuirse en la elección del 2016 en los Estados Unidos. Van der Zwaan fue acusado de intencionalmente hacer declaraciones falsas, ficticias y fraudulentas a investigadores federales por su trabajo para la firma legal “Skadden, Arps, Meagher & Flom y sus afiliadas en el 2012 (4 aῆos antes de las elecciones).

12 agentes de inteligencia rusos: Fueron acusados por el hackeo al Comité Nacional Demócrata (CND) en abril del 2016. Los 12 acusados son miembros del GRU, la unidad de inteligencia militar de Rusia. Las acusaciones contra ellos incluyen “conspirar para interferir en las elecciones mediante el hackeo de computadoras, el robo de documentos y diseminar esos documentos con la intención de interferir”.

Sería muy interesante ver las evidencias que tiene Mueller para saber que esos rusos del GRU fueron los que hackearon los servidores de internet del Comité Nacional Demócrata y de Podesta, porque ellos nunca le permitieron al FBI que revisara los servidores de internet hackeados. Hay quienes piensan, entre ellos yo, que esta acusación de Mueller, que la hizo el dia antes de la reunión del presidente Trump con Putin, tenía la intención política definida de crear una atmósfera de prensa negativa para el Presidente Trump. Mueller sabe, perfectamente, que esos rusos nunca se los van a entregar para ser investigados o juzgados. Esa acusación, piensan muchos, la hizo para llenar “el expediente de su trabajo con alguien relacionado, realmente, con su investigación.”

¿Tiene razón o no el Presidente cuando afirma que esta investigación de Mueller es una “casería de brujas” contra él?

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¿Cree que la actuación de la Comunidad Internacional en el caso venezolano ha sido acertada?

Sí, no se le puede pedir más
Sí, pero falta aumentar la presión contra la dictadura
No, ha sido insuficiente
No, no debe meterse en los asuntos de los venezolanos
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