El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, ofreció este 23 de julio un discurso en la Biblioteca y Museo Presidencial Richard Nixon, en Yorba Linda, California, sobre la polémica con China y las fricciones entre estos dos países.

"Abrimos nuestros brazos a los ciudadanos chinos, solo para ver al Partido Comunista chino explotar nuestra sociedad libre y abierta. China envió propagandistas a nuestras conferencias de prensa, a nuestros centros de investigación, a nuestras escuelas secundarias, a nuestras universidades e incluso a nuestras reuniones de padres y educadores (PTA)", afirmó en una parte del discurso.

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Y continuó: "Marginamos a nuestros amigos en Taiwán, que luego se convirtió en una democracia vigorosa. Le dimos al Partido Comunista Chino y al régimen en sí un trato económico especial, solo para ver al PCCh insistir en el silencio sobre sus abusos contra los derechos humanos como el precio de admisión para las empresas occidentales que ingresan a China".

Cuatro décadas después de que Estados Unidos estableciera relaciones diplomáticas con China comunista, las tensiones entre ambas naciones pueden haber alcanzado un momento crucial. Ha sido un camino que siempre fue complicado debido a que las ambiciones de la superpotencia en ascenso chocaban cada vez con más frecuencia con los de la superpotencia establecida.

China ordenó el viernes el cierre del consulado estadounidense en la ciudad suroccidental de Chengu, en una veloz represalia por el cierre de su consulado en Houston. Hace dos semanas, el ministro chino del exterior, Wang Yi, preguntó en voz alta si las relaciones podrían mantenerse normales. El jueves, el secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, respondió: llegó la hora de cambiar de curso.

“El viejo paradigma del compromiso ciego con China simple y sencillamente no funciona”, dijo Pompeo. “No debemos mantenerlo. No debemos volver a él”.

La visita de Nixon a China en 1972 fue la primera de un mandatario estadounidense desde que los comunistas tomaron el poder en 1949, poniendo de cabeza un paradigma de la Guerra Fría y allanando el camino a la normalización de las relaciones en 1979.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos había sido un aliado estrecho del dirigente chino Chiang Kai-shek y durante tres décadas reconoció a Taiwán como el verdadero gobierno chino después de que Chiang huyera hacia esa isla tras perder el control del territorio continental en 1949.

Las relaciones entre Washington y el gobierno comunista de Beijing comenzaron a deshielarse en la década de 1970 a la par del deterioro de los vínculos entre China y la Unión Soviética mientras el gobernante Mao Zedong buscaba un contrapeso frente a su vecino más poderoso.

Un nuevo dirigente, Deng Xiaoping, visitó Estados Unidos en 1979 después del establecimiento de los lazos diplomáticos y sonreía para los fotógrafos mientras se probaba un sombrero de vaquero en Texas. El consulado de Houston cerrado en fecha reciente había abierto el mismo año. Era el primero de China en Estados Unidos.

Dejando de lado las diferencias políticas, Estados Unidos y China fomentaron los vínculos económicos, sociales y culturales, brevemente interrumpidos una década después debido a la represión militar en China contra las manifestaciones de 1989 a favor de la democracia en la Plaza de Tiananmen en Beijing.

Los vínculos económicos aumentaron exponencialmente en los años siguientes debido a las fuertes inversiones de empresas estadounidenses en China, derivando a la larga en superávits comerciales para el país asiático por 350.000 millones de dólares anuales.

La relación no ha estado exenta de episodios de tensión. Estados Unidos ha mantenido su apoyo militar a Taiwán y en 1996 el gobierno del presidente Bill Clinton envió un portaviones al estrecho de Taiwán después de que China disparara misiles hacia la isla.

En 2001, un jet caza chino y un avión de vigilancia de la Marina de Estados Unidos colisionaron en el mar de China Meridional, una importante ruta marítima en la región de Asia-Pacífico. China detuvo durante días a la tripulación del avión estadounidense, que hizo un aterrizaje de emergencia en una base china.

Una vez que se volvió la segunda economía más grande del mundo después de Estados Unidos, China ha sido considerado cada vez más como una contrincante de Estados Unidos, tanto en lo económico como en lo militar, y representa un posible desafío al modelo democrático predominante que encabeza Occidente desde la era posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El año electoral en Estados Unidos atiza las tensiones y el presidente Donald Trump parece aprovechar las fricciones con China para agitar el apoyo entre su base de simpatizantes. Se reelija Trump o no en noviembre, es una situación que no eliminará las persistentes diferencias.

“Estamos examinando un cambio estructural en la relación, que tendrá continuidad incluso si Trump no consigue un segundo periodo”, dijo Steve Tsang, director del Instituto de China en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos en Londres.

En el plano militar, los barcos de guerra estadounidenses y chinos a menudo rivalizan en el mar de China Meridional. En lo económico, Estados Unidos busca el apoyo de sus aliados para excluir al líder de telecomunicaciones chino Huawei de las redes de telefonía celular, con el argumento de la ciberseguridad. En el ámbito de los derechos humanos, Estados Unidos decidió imponer sanciones por las políticas de China hacia Hong Kong, el Tíbet y Xianjiang.

Los puntos de vista más severos de Estados Unidos sobre China ya “han sido introducidos al sistema”, declaró Tsang.

El discurso de Pompeo fue la crítica dura más reciente contra China entre las emitidas por funcionarios estadounidenses a nivel de gabinete, entre ellos el secretario de Defensa, Mark Esper, y el secretario de Justicia, Bill Barr.

Aunque Trump aprovechó antes lo que él llamaba una relación cálida con el gobernante chino Xi Jinping, las comunicaciones entre las partes se encuentran en sus niveles más bajos.

“El tipo de compromiso que hemos estado buscando no ha redituado en el tipo de cambio en China que esperaba inducir el presidente Nixon”, afirmó Pompeo. “La verdad es que nuestras políticas –y las de otras naciones libres– hicieron resucitar a la deteriorada economía de China, sólo para ver que Beijing muerde las manos internacionales que la ayudaron”.

Chu Yin, profesor en la Universidad de Relaciones Internacionales en Beijing, opinó que los estadounidenses que abogaron por el acercamiento están molestos porque el crecimiento económico de China y el surgimiento de una clase media reforzaron la legitimidad del gobernante Partido Comunista en lugar de propiciar un cambio democrático.

La estrategia política interna de Trump ha añadido algunos elementos explosivos a los problemas estructurales en la región, agregó.

“China no tomará en serio el discurso de Pompeo. Es el último grito de quienes van de salida”, declaró Chu. “China quiere tener un diálogo con un político estadounidense más acorde a la categoría de un país importante”.

Chu declinó hacer pronósticos y acotó: “Seamos más pacientes en estos tiempos de turbulencia”.

https://twitter.com/SecPompeo/status/1286662332605698048

A continuación el discurso completo:

Secretario de Estado, Michael R. Pompeo Discurso en la Biblioteca y Museo Presidencial Richard Nixon: “La China comunista y el futuro del mundo libre”

Departamento de Estado de los Estados Unidos

Biblioteca y Museo Presidencial Richard Nixon. Yorba Linda, California.

GOBERNADOR WILSON: Bueno, muchas gracias, Chris. Muy generoso. No estoy seguro de que su abuelo me hubiera reconocido.

Tengo el gran placer, además de darles la bienvenida a la biblioteca y el lugar de nacimiento de Nixon, tengo el placer de presentarles a un estadounidense extraordinario que está aquí en un momento extraordinario. Pero lo curioso es presentarles a nuestro invitado de honor, también le doy la bienvenida no solo a la Biblioteca Nixon, sino que le doy la bienvenida de regreso a casa en el Condado de Orange. (Aplausos.) Así es. Mike Pompeo nació en Orange. (Aplausos.)

Asistió a la preparatoria Los Amigos en Fountain Valley, donde fue un excelente estudiante y atleta. De hecho, sé de buena fe que entre los fanáticos de los días de gloria del baloncesto Lobo, cae un silencio reverente sobre la multitud cada vez que se menciona el nombre de “Pompeo”. (Risas.)

El Secretario fue primero de su clase en West Point. Ganó el premio como el cadete más distinguido. Ganó otro premio por el mayor logro en gestión de ingeniería. Pasó sus años de servicio activo, sus años del Ejército, en Alemania Occidental, y como él expresó, patrullando el Telón de Acero antes de la caída del Muro de Berlín.

En 1988, disculpen, se retiró con un rango de capitán y se fue a la Facultad de Derecho de Harvard, donde fue un editor de Law Review. En 1988, regresó al estado natal de su madre, Kansas, y comenzó una carrera comercial increíblemente exitosa. Fue elegido miembro de la Cámara de Representantes de Kansas en 2011, donde pronto se ganó un gran respeto por la reputación de ser uno de los miembros más diligentes y astutos de la Cámara de Armas, disculpen, el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

En 2017, el Presidente Trump lo nominó para ser el director de la Agencia Central de Inteligencia. Y en 2018, fue confirmado como nuestro 70° Secretario de Estado.

Tienen que admitir que es un currículum bastante impresionante. Así que es triste que solo falte una cosa, que impide que sea perfecto. Si Mike hubiera sido un marine. (Risas.) No se preocupen, se desquitará.

Mike Pompeo es un hombre dedicado a su familia. Es un hombre de fe, del mayor patriotismo y de máximos principios. Una de sus iniciativas más importantes en el Departamento de Estado ha sido la creación de una Comisión de Derechos Inalienables donde académicos, filósofos y especialistas en ética lo asesoran sobre los derechos humanos basados en los principios fundadores de Estados Unidos y los principios de la Declaración Universal de Derechos de 1948.

Está aquí hoy por una razón muy especial. El epitafio sobre la lápida del Presidente Nixon es una frase de su primer discurso inaugural. Dice, cito: “El mayor honor que puede otorgar la historia es el título de pacificador”. Richard Nixon recibió ese título. Ganó ese honor no solo porque sus críticos lo reconocieron incluso como un brillante estratega de política exterior, sino que fue mucho más porque se lo ganó. Aprendió como congresista, senador, presidente, y todos los días que siguieron como embajador ciudadano privado, que la paz no se logra firmando documentos y declarando el trabajo realizado. Por el contrario, sabía que la paz es siempre un trabajo en progreso. Sabía que había que luchar por la paz y ganarla de nuevo en cada generación.

Fue la visión, la determinación y el coraje del Presidente Nixon lo que abrió China a Estados Unidos y al mundo occidental. Como presidente y por el resto de su vida, Richard Nixon trabajó para construir una relación con China basada en beneficios y obligaciones mutuos que respetaran los intereses nacionales de los cimientos de Estados Unidos.

Hoy en día, en Estados Unidos estamos obligados a evaluar si se han cumplido o no las labores del Presidente Nixon y sus esperanzas de tal relación o si están siendo socavadas.

Es por eso que es tan importante que nuestro invitado de honor, el Secretario Pompeo, haya elegido la Biblioteca Nixon para hacer una importante declaración de política de China. Será, lo prometo, una declaración de total claridad realizada con fuerza y con fe porque es de vital importancia.

Damas y caballeros, es un gran honor y un placer darle la bienvenida a este podio y a esta audiencia a nuestro invitado de honor, el Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, el honorable y realmente notable, honorable Michael R. Pompeo. (Aplausos.)

SECRETARIO POMPEO: Gracias. Gracias a todos. Gracias, gobernador, por esa muy, muy generosa presentación. Es verdad: Cuando entras en ese gimnasio y dices el nombre de “Pompeo”, se produce un susurro. Tenía un hermano, Mark, que era realmente bueno, un muy buen jugador de baloncesto.

¿Y qué tal otra ronda de aplausos para la Guardia de Honor Blue Eagles y la Aviadora Senior Kayla Highsmith, y su maravillosa interpretación del himno nacional? (Aplausos.)

Gracias también al pastor Laurie por esa oración conmovedora, y quiero agradecer a Hugh Hewitt y a la Fundación Nixon por su invitación para hablar en esta importante institución estadounidense. Fue genial que cantara una persona de la Fuerza Aérea, que me presentara un marine, y que dejaran al tipo del Ejército en frente de la casa del tipo de la Marina. (Risas.) Está bien.

Es un honor estar aquí en Yorba Linda, donde el padre de Nixon construyó la casa en la que él nació y creció.

A toda la junta directiva y al personal del Nixon Center que hicieron hoy posible -es difícil en estos tiempos- gracias por hacer posible este día para mí y para mi equipo.

Tenemos la suerte de tener algunas personas increíblemente especiales en la audiencia, incluido Chris, a quien he llegado a conocer, Chris Nixon. También quiero agradecer a Tricia Nixon y Julie Nixon Eisenhower por su apoyo en esta visita también.

Quiero reconocer a varios valientes disidentes chinos que se han unido a nosotros hoy e hicieron un largo viaje.

Y a todos los demás distinguidos invitados -(aplausos)- a todos los demás distinguidos invitados, gracias por estar aquí. Para aquellos de ustedes que entraron bajo el toldo, deben haber pagado extra.

Y aquellos de ustedes que están viendo en vivo, gracias por sintonizar.

Y finalmente, como mencionó el gobernador, nací aquí en Santa Ana, no muy lejos de aquí. Hoy tengo a mi hermana y su esposo en la audiencia. Gracias a todos por haber venido. Apuesto a que nunca pensaron que estaría parado aquí.

Mis comentarios de hoy son el cuarto conjunto de comentarios de una serie de discursos sobre China que les pedí al Asesor de Seguridad Nacional Robert O’Brien, al Director del FBI Chris Wray y al Procurador General Barr que hicieran junto a mí.

Teníamos un propósito muy claro, una verdadera misión. Se trataba de explicar las diferentes facetas de la relación de Estados Unidos con China, los desequilibrios masivos en esa relación que se han acumulado durante décadas y los diseños de hegemonía del Partido Comunista Chino.

Nuestro objetivo era dejar en claro que las amenazas para los estadounidenses que pretende abordar la política del Presidente Trump para China son claras y que hemos establecido nuestra estrategia para garantizar esas libertades.

El Embajador O’Brien habló sobre ideología. El Director Wray del FBI habló sobre espionaje. El Procurador General Barr habló sobre economía. Y ahora mi objetivo hoy es combinarlo todo para el pueblo estadounidense y detallar lo que la amenaza de China significa para nuestra economía, para nuestra libertad y, de hecho, para el futuro de las democracias libres en todo el mundo.

El próximo año se cumple medio siglo desde la misión secreta del Dr. Kissinger a China, y el 50 aniversario del viaje del Presidente Nixon no está muy lejos en 2022.

El mundo era muy diferente entonces.

Nos imaginamos que el compromiso con China produciría un futuro con una brillante promesa de cortesía y cooperación.

Pero hoy, hoy todavía llevamos mascarillas y observamos cómo aumenta el recuento de cuerpos de la pandemia porque el PCCh falló en sus promesas al mundo. Cada mañana leemos nuevos titulares de represión en Hong Kong y en Xinjiang.

Estamos viendo estadísticas asombrosas de abusos comerciales chinos que le cuestan empleos a los estadounidenses y golpean enormemente las economías de todo Estados Unidos, incluso aquí en el sur de California. Y estamos observando a un ejército chino que se hace cada vez más fuerte y, de hecho, más amenazante.

Haré eco de las preguntas que suenan en los corazones y las mentes de los estadounidenses desde aquí en California hasta mi estado de Kansas y más allá:

¿Tiene algo que mostrar el pueblo estadounidense ahora 50 años después de su compromiso con China?

¿Demostraron ser ciertas las teorías de nuestros líderes que propusieron una evolución china hacia la libertad y la democracia?

¿Es esta la definición de China de una situación en la que todos ganan?

Y de hecho, centralmente, desde la perspectiva del Secretario de Estado, ¿está Estados Unidos más seguro? ¿Tenemos una mayor probabilidad de paz para nosotros y paz para las generaciones que nos seguirán?

Miren, tenemos que admitir una dura verdad. Debemos admitir la dura verdad que debería guiarnos en los años y décadas venideros, que si queremos tener un siglo XXI libre, y no el siglo chino con el que Xi Jinping sueña, el viejo paradigma del compromiso ciego con China sencillamente no se realizará. No debemos continuarlo y no debemos volver a él.

Como ha dejado muy claro el Presidente Trump, necesitamos una estrategia que proteja la economía estadounidense y, de hecho, nuestra forma de vida. El mundo libre debe triunfar sobre esta nueva tiranía.

Ahora bien, antes de parecer demasiado ansioso por derribar el legado del Presidente Nixon, quiero dejar en claro que hizo lo que creía que era lo mejor para el pueblo estadounidense en ese momento, y que podría haber tenido razón.

Fue un brillante estudiante de China, un feroz guerrero imperturbable y un gran admirador del pueblo chino, tal como creo que todos lo somos.

Se merece un enorme crédito por darse cuenta de que China era demasiado importante para ser ignorada, incluso cuando la nación se debilitó debido a su propia brutalidad comunista autoinfligida.

En 1967, en un muy famoso artículo de Relaciones Exteriores, Nixon explicó su futura estrategia. Esto es lo que dijo:

Dijo: “En el largo plazo, simplemente no podemos permitirnos dejar a China fuera para siempre de la familia de naciones… El mundo no puede estar seguro hasta que China cambie. Por lo tanto, nuestro objetivo: en la medida de lo posible, debemos influir en los eventos. Nuestro objetivo debe ser inducir el cambio.”

Y creo que esa es la frase clave de todo el artículo: “inducir el cambio”.

Pues, con ese histórico viaje a Beijing, el Presidente Nixon inició nuestra estrategia de compromiso. Noblemente buscó un mundo más libre y más seguro, y esperaba que el Partido Comunista Chino le devolviera ese compromiso.

A medida que pasaba el tiempo, los legisladores estadounidenses suponían cada vez más que a medida que China se volviera más próspera, se abriría, se volvería más libre dentro del propio país y, de hecho, representaría una menor amenaza en el extranjero, sería más amigable. Todo parecía, estoy seguro, tan inevitable.

Pero esa era de inevitabilidad ha terminado. El tipo de compromiso que hemos estado buscando no ha traído el tipo de cambio dentro de China que el Presidente Nixon esperaba inducir.

La verdad es que nuestras políticas, y las de otras naciones libres, resucitaron la economía en quiebra de China, solo para ver a Beijing morder las manos internacionales que la alimentaban.

Abrimos nuestros brazos a los ciudadanos chinos, solo para ver al Partido Comunista chino explotar nuestra sociedad libre y abierta. China envió propagandistas a nuestras conferencias de prensa, a nuestros centros de investigación, a nuestras escuelas secundarias, a nuestras universidades e incluso a nuestras reuniones de padres y educadores (PTA).

Marginamos a nuestros amigos en Taiwán, que luego se convirtió en una democracia vigorosa.

Le dimos al Partido Comunista Chino y al régimen en sí un trato económico especial, solo para ver al PCCh insistir en el silencio sobre sus abusos contra los derechos humanos como el precio de admisión para las empresas occidentales que ingresan a China.

El Embajador O’Brien dio algunos ejemplos el otro día: Marriott, American Airlines, Delta, United, todos eliminaron las referencias a Taiwán de sus sitios web corporativos, para no enojar a Beijing.

En Hollywood, no muy lejos de aquí, el epicentro de la libertad creativa estadounidense y los autodenominados árbitros de justicia social, se autocensura incluso la referencia más desfavorable a China.

Esta aceptación corporativa del PCCh también ocurre en todo el mundo.

¿Y cómo ha funcionado esta lealtad corporativa? ¿Se premia su adulación? Les daré una cita del discurso que pronunció el General Barr, el Procurador General Barr. En un discurso la semana pasada, dijo que “la máxima ambición de los gobernantes de China no es comerciar con los Estados Unidos. Es saquear a los Estados Unidos”.

China robó nuestra preciada propiedad intelectual y nuestros secretos comerciales, afectando millones de empleos en todo Estados Unidos.

Se llevó las cadenas de suministro de Estados Unidos, y luego agregó un dispositivo hecho por mano de obra esclava.

Hizo que las vías fluviales clave del mundo fueran menos seguras para el comercio internacional.

El Presidente Nixon dijo una vez que temía haber creado un “Frankenstein” al abrir el mundo al PCCh, y aquí estamos.

Ahora, las personas de buena fe pueden debatir por qué las naciones libres permitieron que ocurrieran estas cosas malas durante todos estos años. Tal vez fuimos ingenuos acerca de la virulenta tensión del comunismo de China, o triunfalistas después de nuestra victoria en la Guerra Fría, o capitalistas con miedo, o engañados por la charla de Beijing de un “ascenso pacífico”.

Cualquiera que sea la razón, cualquiera que sea la razón, hoy China es cada vez más autoritaria en su país y más agresiva en su hostilidad hacia la libertad en otras partes.

Y el Presidente Trump ha dicho: es suficiente.

No creo que muchas personas a ambos partidos disputen los hechos que he expuesto hoy. Pero incluso ahora, algunos insisten en que preservemos el modelo de diálogo por el bien del diálogo.

Ahora bien, para ser claros, seguiremos hablando. Pero las conversaciones son diferentes en estos días. Viajé a Honolulú hace unas semanas para reunirme con Yang Jiechi.

Fue la misma historia de siempre: muchas palabras, pero literalmente no ofreció cambiar ninguno de los comportamientos.

Las promesas de Yang, como tantas que hizo el PCCh antes que él, estaban vacías. Supongo que sus expectativas eran que cedería a sus demandas, porque francamente, esto es lo que han hecho demasiados gobiernos anteriores. No lo hice, y el Presidente Trump tampoco lo hará.

Como explicó muy bien el Embajador O’Brien, debemos tener en cuenta que el régimen del PCCh es un régimen marxista-leninista. El Secretario General Xi Jinping es un verdadero creyente en una ideología totalitaria en bancarrota.

Es esta ideología, es esta ideología la que informa su deseo de décadas de hegemonía global del comunismo chino. Estados Unidos ya no puede ignorar las diferencias políticas e ideológicas fundamentales entre nuestros países, tal como el PCCh nunca las ha ignorado.

Mi experiencia en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, y luego como director de la Agencia Central de Inteligencia, y mis más de dos años como Secretario de Estado de Estados Unidos, me han llevado a este entendimiento central:

Que la única forma, la única forma de cambiar verdaderamente a la China comunista es actuar no sobre la base de lo que dicen los líderes chinos, sino cómo se comportan. Y se puede ver que la política estadounidense responde a esta conclusión. El Presidente Reagan dijo que trató con la Unión Soviética sobre la base de “confiar pero verificar”. Cuando se trata del PCCh, digo que debemos desconfiar y verificar. (Aplausos.)

Nosotros, las naciones del mundo amantes de la libertad, debemos inducir a China a cambiar, tal como quería el Presidente Nixon. Debemos inducir a China a cambiar de manera más creativa y asertiva, porque las acciones de Beijing amenazan a nuestro pueblo y nuestra prosperidad.

Debemos comenzar cambiando la forma en que nuestro pueblo y nuestros socios perciben al Partido Comunista Chino. Tenemos que decir la verdad. No podemos tratar esta encarnación de China como un país normal, como cualquier otro.

Sabemos que comerciar con China no es como comerciar con una nación normal y respetuosa de la ley. Beijing amenaza los acuerdos internacionales como… trata las sugerencias internacionales como… o los acuerdos como sugerencias, como conductos para el dominio global.

Pero al insistir en términos justos, como lo hizo nuestro representante comercial cuando consiguió nuestro acuerdo comercial de fase uno, podemos obligar a China a considerar su robo de propiedad intelectual y sus políticas que perjudicaron a los trabajadores estadounidenses.

También sabemos que hacer negocios con una compañía respaldada por el PCCh no es lo mismo que hacer negocios con, por ejemplo, una compañía canadiense. No responden a juntas independientes, y muchas de ellas están patrocinadas por el estado y, por lo tanto, no tienen necesidad de obtener ganancias.

Un buen ejemplo es Huawei. Dejamos de fingir que Huawei es una inocente compañía de telecomunicaciones que solo aparece para asegurarse de que uno pueda hablar con sus amigos. Lo hemos llamado lo que es, una verdadera amenaza a la seguridad nacional, y hemos tomado medidas en consecuencia.

También sabemos que si nuestras empresas invierten en China, pueden apoyar de manera intencional o involuntaria las graves violaciones de los derechos humanos del Partido Comunista.

Nuestros Departamentos del Tesoro y Comercio han sancionado y puesto en la lista negra a los líderes y entidades chinos que están perjudicando y abusando de los derechos más básicos para las personas en todo el mundo. Varias agencias han trabajado juntas en un asesoramiento comercial para asegurarse de que nuestros CEOs estén informados de cómo se comportan sus cadenas de suministro en China.

Sabemos también, sabemos también que no todos los estudiantes y empleados chinos son solo estudiantes y trabajadores normales que vienen aquí para ganar un poco de dinero y obtener algo de conocimiento. Demasiados de ellos vienen aquí para robar nuestra propiedad intelectual y llevarla de vuelta a su país.

El Departamento de Justicia y otras agencias han buscado enérgicamente el castigo por estos delitos.

Sabemos que el Ejército Popular de Liberación tampoco es un ejército normal. Su propósito es mantener el gobierno absoluto de las élites del partido comunista chino y expandir un imperio chino, no proteger al pueblo chino.

Y así, nuestro Departamento de Defensa ha intensificado sus esfuerzos, la libertad de las operaciones de navegación en todo el Mar Oriental y Meridional de China, y también en el Estrecho de Taiwán. Y hemos creado una Fuerza Espacial para ayudar a disuadir a China de la agresión en esa frontera final.

Y también, francamente, hemos desarrollado un nuevo conjunto de políticas en el Departamento de Estado que tratan con China, impulsando los objetivos del Presidente Trump de justicia y reciprocidad, para reescribir los desequilibrios que han aumentado durante décadas.

Esta semana, anunciamos el cierre del consulado chino en Houston porque era un centro de espionaje y robo de propiedad intelectual. (Aplausos.)

Revertimos, hace dos semanas, ocho años de poner la otra mejilla con respecto al derecho internacional en el Mar Meridional de China.

Hemos pedido a China que ajuste sus capacidades nucleares a las realidades estratégicas de nuestro tiempo.

Y el Departamento de Estado, en todos los niveles, en todo el mundo, se ha involucrado con nuestros homólogos chinos simplemente para exigir equidad y reciprocidad.

Pero nuestro enfoque no puede ser solo ser duro. Es poco probable que logre el resultado que deseamos. También debemos involucrar y empoderar al pueblo chino, un pueblo dinámico y amante de la libertad que es completamente distinto del Partido Comunista Chino.

Eso comienza con la diplomacia en persona. (Aplausos.) He conocido hombres y mujeres chinos de gran talento y diligencia donde quiera que voy.

Me he reunido con uigures y kazajos étnicos que escaparon de los campos de concentración de Xinjiang. He hablado con los líderes democráticos de Hong Kong, desde el cardenal Zen hasta Jimmy Lai. Hace dos días en Londres, me reuní con el luchador por la libertad de Hong Kong Nathan Law.

Y el mes pasado en mi oficina, escuché las historias de los sobrevivientes de la Plaza Tiananmen. Uno de ellos está aquí hoy.

Wang Dan fue un estudiante clave que nunca dejó de luchar por la libertad del pueblo chino. Sr. Wang, ¿puede ponerse de pie para que podamos reconocerlo? (Aplausos.)

También hoy está con nosotros el padre del movimiento democrático chino, Wei Jingsheng. Pasó décadas en campos de trabajo chinos por su defensoría. Sr. Wei, ¿puede pararse por favor? (Aplausos.)

Crecí y serví en el ejército durante la Guerra Fría. Y si hay algo que aprendí, los comunistas casi siempre mienten. La mayor mentira que dicen es pensar que hablan por 1.400 millones de personas que son vigiladas, oprimidas y tienen miedo de hablar.

Todo lo contrario. El PCCh teme a las opiniones honestas del pueblo chino más que a cualquier enemigo, y salvo por perder su propio control del poder, tienen razón… no tienen ninguna razón para ello.

Solo piensen cuán mejor sería el mundo, sin mencionar a las personas dentro de China, si hubiéramos podido escuchar a los médicos en Wuhan y se les hubiera permitido dar la alarma sobre el brote de un nuevo y novedoso virus.

Durante demasiadas décadas, nuestros líderes han ignorado y minimizado las palabras de valientes disidentes chinos que nos advirtieron sobre la naturaleza del régimen al que nos enfrentamos.

Y no podemos ignorarlo por más tiempo. Saben tan bien como cualquiera que nunca podremos volver al status quo.

Pero cambiar el comportamiento del PCCh no puede ser la misión del pueblo chino solo. Las naciones libres tienen que trabajar para defender la libertad. Es lo más difícil que hay.

Pero tengo fe en que podemos hacerlo. Tengo fe porque lo hemos hecho antes. Sabemos cómo es.

Tengo fe porque el PCCh está repitiendo algunos de los mismos errores que cometió la Unión Soviética: alienar a posibles aliados, romper la confianza en el país y en el extranjero, rechazar los derechos de propiedad y el estado de derecho predecible.

Tengo fe. Tengo fe debido al despertar que veo entre otras naciones que saben que no podemos volver al pasado de la misma manera que lo hacemos aquí en Estados Unidos. He escuchado esto desde Bruselas, a Sydney, a Hanoi.

Y, sobre todo, tengo fe en que podemos defender la libertad debido al dulce atractivo de la libertad misma.

Miren cómo los residentes de Hong Kong claman por emigrar al extranjero mientras el PCCh aprieta su control sobre esa orgullosa ciudad. Agitan banderas americanas.

Es verdad, hay diferencias. A diferencia de la Unión Soviética, China está profundamente integrada en la economía global. Pero Beijing depende más de nosotros que nosotros de ellos. (Aplausos.)

Miren, rechazo la noción de que estamos viviendo en una era de inevitabilidad, que alguna trampa está ordenada de antemano, que la supremacía del PCCh es el futuro. Nuestro enfoque no está destinado a fracasar porque Estados Unidos está en declive. Como dije en Munich a principios de este año, el mundo libre todavía está ganando. Solo necesitamos creerlo, saberlo y estar orgullosos de ello. La gente de todo el mundo todavía quiere venir a sociedades abiertas. Vienen aquí para estudiar, vienen a trabajar, vienen a construir una vida para sus familias. No están desesperados por establecerse en China.

Es hora. Es estupendo estar hoy aquí con ustedes. El momento es perfecto. Es hora de que las naciones libres actúen. No todas las naciones se acercarán a China de la misma manera, ni deberían hacerlo. Cada nación tendrá que llegar a su propia comprensión de cómo proteger su propia soberanía, cómo proteger su propia prosperidad económica y cómo proteger sus ideales de los tentáculos del Partido Comunista Chino.

Pero hago un llamado a cada líder de cada nación para comenzar haciendo lo que Estados Unidos ha hecho: simplemente insistir en la reciprocidad, insistir en la transparencia y la rendición de cuentas del Partido Comunista Chino. Es un cuadro de gobernantes que están lejos de ser homogéneos.

Y estos estándares simples y poderosos lograrán mucho. Durante demasiado tiempo dejamos que el PCCh estableciera los términos del compromiso, pero ya no. Las naciones libres deben establecer el tono. Debemos operar sobre los mismos principios.

Tenemos que dibujar líneas comunes en la arena que no puedan ser arrastradas por los tratos del PCCh o sus halagos. De hecho, esto es lo que hizo Estados Unidos recientemente cuando rechazamos las reclamaciones ilegales de China en el Mar del Sur de China de una vez por todas, ya que hemos instado a los países a convertirse en Países Limpios para que la información privada de sus ciudadanos no termine en manos del Partido Comunista Chino. Lo hicimos estableciendo estándares.

Ahora bien, es verdad, es difícil. Es difícil para algunos países pequeños. Temen ser derribados. Algunos de ellos por esa razón simplemente no tienen la capacidad, el coraje de estar con nosotros por el momento.

De hecho, tenemos un aliado nuestro de la OTAN que no ha se ha posicionado en la forma en que se necesita con respecto a Hong Kong porque temen que Beijing restrinja el acceso al mercado de China. Este es el tipo de apocamiento que conducirá al fracaso histórico, y no podemos repetirlo.

No podemos repetir los errores de estos últimos años. El desafío de China exige esfuerzo, energía de las democracias: las de Europa, las de África, las de Sudamérica y especialmente las de la región del Indo-Pacífico.

Y si no actuamos ahora, en última instancia, el PCCh erosionará nuestras libertades y subvertirá el orden basado en reglas que nuestras sociedades han trabajado tan duro para construir. Si doblamos la rodilla ahora, los hijos de nuestros hijos pueden estar a merced del Partido Comunista Chino, cuyas acciones son el principal desafío hoy en el mundo libre.

El Secretario General Xi no está destinado a tiranizar dentro y fuera de China para siempre, a menos que lo permitamos.

Ahora bien, esto no se trata de contención. No se lo crean. Se trata de un nuevo desafío complejo que nunca hemos enfrentado antes. La URSS estuvo cerrada al mundo libre. La China comunista ya está dentro de nuestras fronteras.

Así que no podemos enfrentar solos este desafío. Las Naciones Unidas, la OTAN, los países del G7, el G20, nuestro poder combinado económico, diplomático y militar seguramente es suficiente para enfrentar este desafío si lo dirigimos claramente y con gran coraje.

Tal vez sea hora de una nueva agrupación de naciones con ideas afines, una nueva alianza de democracias.

Tenemos las herramientas. Sé que podemos hacerlo. Ahora necesitamos la voluntad. Por citar las Escrituras, pregunto: “¿nuestro espíritu está dispuesto pero nuestra carne es débil?”

Si el mundo libre no cambia, no cambia, la China comunista seguramente nos cambiará. No puede haber un retorno a las prácticas pasadas porque son cómodas o porque son convenientes.

Asegurar nuestras libertades contra el Partido Comunista Chino es la misión de nuestro tiempo, y Estados Unidos está perfectamente posicionado para liderarla porque nuestros principios fundacionales nos brindan esa oportunidad.

Como expliqué en Filadelfia la semana pasada, de pie, mirando al Independence Hall, nuestra nación se fundó con la premisa de que todos los seres humanos poseen ciertos derechos que son inalienables.

Y es el trabajo de nuestro gobierno asegurar esos derechos. Es una verdad simple y poderosa. Nos ha convertido en un faro de libertad para las personas de todo el mundo, incluidas las personas dentro de China.

De hecho, Richard Nixon tenía razón cuando escribió en 1967 que “el mundo no puede estar seguro hasta que China cambie”. Ahora depende de nosotros prestar atención a sus palabras.

Hoy el peligro está claro.

Y hoy está ocurriendo el despertar.

Hoy el mundo libre debe responder.

Nunca podremos volver al pasado.

Que Dios los bendiga a cada uno de ustedes.

Que Dios bendiga al pueblo chino.

Y que Dios bendiga al pueblo de los Estados Unidos de América.

Gracias a todos.

(Aplausos.)

FUENTE: Departamento de Estado de los Estados Unidos / AP

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