WASHINGTON - Roger Strukhoff recibía tratamiento por una hemorragia intestinal en un hospital de las afueras de Chicago cuando sufrió un ataque cardíaco leve. Normalmente, hubieran enviado al paciente de 67 años a la unidad de cuidados intensivos, pero su capacidad estaba rebasada por los enfermos de COVID-19. El personal tuvo que traer un monitor cardíaco a su habitación e inyectarle rápidamente nitroglicerina y morfina.

“Un médico que conozco bastante bien me dijo ‘Roger, tendremos que improvisar aquí’”, relató Strukhoff, residente de DeKalb, Illinois.

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La oleada de ómicron en el invierno estadounidense no sólo ha llenado los hospitales de enfermos de COVID-19, sino que también ha causado sustos y dolores de cabeza a quienes buscan tratamiento por otras enfermedades. Las intervenciones de menor urgencia están suspendidas en todo el país, desde cirugías de implante coclear hasta inyecciones de esteroides para la artritis reumatoidea. Adicionalmente, gente con toda clase de trastornos de salud han debido esperar horas en las salas de emergencia.

Mat Gleason dijo que llevó a su padre Eugene Gleason, de 92 años, a una sala de emergencias en Los Ángeles para recibir una trasfusión porque padece un trastorno sanguíneo. La intervención que habitualmente dura entre siete y 10 horas esta vez se alargó a 48 horas, afirmó Gleason.

El martes, en los hospitales de Estados Unidos había casi 144.000 enfermos de COVID-19, la cifra más alta desde que se llevan registros de esta enfermedad, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés).

En unos pocos estados como Nueva York y Connecticut, donde la ola de ómicron llegó inicialmente, comienza a reducirse la cantidad de enfermos en los hospitales, pero en muchos otros lugares están superados en su capacidad.

Los hospitales dicen que los pacientes de COVID-19 no están tan graves como los de la ola anterior. Adicionalmente, muchos de ellos, ingresados por otros males, casualmente dan positivo para el coronavirus.

Rick Pollack, CEO y presidente de la Asociación Estadounidense de Hospitales, dijo que la oleada ha afectado ampliamente la atención de personas con otros problemas de salud. Hay varios factores en juego, dijo: hay más gente en los hospitales y más trabajadores de la salud que tienen COVID-19, lo cual agrava la falta de personal que existía desde mucho antes de la pandemia.

Para el miércoles, el 23% de los hospitales de todo el país reportaban escasez crítica de personal, advirtió Pollack.

Mucha gente no quiere o no puede hacerse atender por síntomas que no les parecen urgentes, explicó Pollack. Eso lleva a demoras en el diagnóstico de trastornos como la diabetes o la hipertensión, que se agravan si no reciben tratamiento.

FUENTE: Con información de AP

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