Ha pasado un año y unos días desde que el presidente Joe Biden tomó posesión del cargo en la casa blanca. Como todas las presidencias, ha tenido sus altas y sus bajas, pero existe un tema recurrente, omnipresente y que fulgura como denominador común en las estrategias presentadas hasta la fecha por los demócratas: Trump. Juicios políticos, críticas, procesos de investigación, prensa, redes sociales, todos volcados a escudriñar en la trayectoria y vida personal del expresidente, quizás por temor a que germine en el 2024 o tal vez porque al quedar incumplidas tantas promesas de campaña de la actual administración y después del fracaso de la reforma electoral, el Partido demócrata ve esfumarse el apoyo en un determinante 2022 donde podrían perder el control del Congreso y el Senado.

Este martes 25 de enero trascendió que fiscales federales están revisando las presuntas certificaciones falsas del Colegio Electoral que habrían declarado al expresidente Donald Trump ganador de los estados que perdió, dijo la fiscal general adjunta Lisa Monaco a CNN.

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“Hemos recibido esas referencias. Nuestros fiscales las están analizando y no puedo decir nada más sobre las investigaciones en curso”, dijo Monaco en la entrevista.

Los supuestos certificados falsos que declaran la victoria de Trump habrían sido enviados a los Archivos Nacionales por aliados de Trump a mediados de diciembre de 2020.

Mónaco no entró en detalles sobre qué más están viendo los fiscales del intento de subvertir el conteo de votos de 2020.

Esta es la primera vez que el Departamento de Justicia comenta sobre las solicitudes de legisladores y funcionarios estatales para que investigue los reclamos de certificaciones falsas.

En respuesta a los nuevos comentarios de Mónaco, el fiscal general de Wisconsin, Josh Kaul, le dijo a la propia cadena CNN que era “crítico que el gobierno federal investigue y procese completamente cualquier acción ilegal en apoyo de cualquier conspiración sediciosa”.

Un año y varios días después del cambio de administración Trump parece estar más presente que nunca. Los demócratas no dejan de un lado las críticas acerca de lo que hizo el expresidente y no se han enfocado en hacer.

Lejos de eso, han perdido fuerza hasta dentro de su propio partido. Los senadores Joe Manchin (DW.Va.) y Kyrsten Sinema (D-Ariz.) votaron junto a los republicanos para oponerse a la reforma de las reglas en el Senado de Estados Unidos como parte de una reforma electoral que intentan impulsar el presidente Joe Biden y los representantes del ala extrema liberal del partido.

Constituye otra derrota para la administración Biden, que también ha visto frenado en el Senado federal el proyecto de ley "Build Back Better" (Reconstruir Mejor) de 1,87 billones de dólares.

“Durante el último año, mis colegas demócratas se han presentado en el Senado, en programas por internet, han escrito en páginas de periódicos de todo el país y han argumentado que derogar el "obstruccionismo" o "filibusterismo" restaura la visión que los padres fundadores tenían para este organismo legislativo. Mis amigos, eso [simplemente no es cierto. No es cierto]”, dijo Manchin horas antes de la votación el miércoles a altas horas de la noche.

Por su parte, la senadora demócrata por Arizona, Sinema, reiteró su apoyo a una legislación electoral, pero también mantuvo su oposición a las "acciones separadas que profundizarían nuestras divisiones y correrían el riesgo de reversiones radicales repetidas en la política federal, consolidando la incertidumbre y erosionando aún más la confianza en nuestro gobierno".

“Esta noche... no debería ser el final de nuestros esfuerzos para hacer que el Senado funcione mejor. Los senadores de ambos partidos han ofrecido ideas, incluidas algunas que ganarían mi apoyo, para hacer que este organismo sea más productivo, más deliberativo y más receptivo a las necesidades de los estadounidenses”, agregó Sinema.

Los senadores votaron 52-48 para derrotar el cambio normas llamadas filibusterismo, lo que habría anulado el obstáculo de 60 votos para el proyecto de ley electoral. Para haber tenido éxito, los demócratas necesitaban la unidad total de sus 50 miembros, más el voto de la vicepresidenta Kamala Harris que sería el desempate.

En este año definitorio, no solo ha sido el revés político sino la derrota de masas y posibles votantes de cara a los comicios de medio mandato. La mayoría de los estadounidenses considera que la inestabilidad política es la mayor amenaza para Estados Unidos, donde la democracia podría "derrumbarse", según una encuesta de la Universidad de Quinnipiac. El 76% de los encuestados cree que la inestabilidad política es la amenaza más grave para el país, frente al 19% que cita a países extranjeros hostiles a Estados Unidos.

Este sondeo también muestra una caída de la popularidad de Joe Biden entre la opinión pública: recibe solo el 33% de opiniones favorables, frente al 36% en noviembre.

El presidente Joe Biden, quien prometió el 20 de enero de 2021 "reconciliar" al país tras el mandato de su predecesor, el republicano Donald Trump, parece haber fallado en su apuesta, dado que el 53% de los estadounidenses cree que estas divisiones empeorarán en el futuro, contra solo 15% que predice una mejora.

Para el 49% de los encuestados, la política del gobierno de Biden divide al país, contra un 42% que piensa que lo une.

Una mayoría de los votantes desaprueba su política en la lucha contra el COVID-19, la economía o la política exterior.

Los más preocupados son los activistas o simpatizantes demócratas (83%, contra el 66% de los republicanos) y los de edades comprendidas entre los 18 y los 34 años (80%).

Además, el 58% de los consultados teme un "derrumbe" de la democracia, frente a un 37% que la considera lo bastante fuerte como para superar las divisiones de la sociedad estadounidense.

"El miedo a un enemigo interno más que a una amenaza extranjera subraya la acerba constatación de los estadounidenses sobre una democracia en peligro y divisiones políticas cada vez más profundas", comentó Tim Malloy, de la Universidad de Quinnipiac.

La encuesta, realizada con una muestra de 1.313 adultos estadounidenses consultados del 7 al 10 de enero (con un margen de error de 2,7 puntos porcentuales), confirma otros estudios.

El 44% de los encuestados por Quinnipiac resta importancia a la toma por asalto al Capitolio, y cree que "hay que pasar a otra cosa". Era el 38% en agosto de 2021.

Este sondeo también muestra una fuerte caída de la popularidad de Joe Biden entre la opinión pública: recibe solo el 33% de opiniones favorables, frente al 36% en noviembre.

Los congresistas también reciben opiniones desfavorables: el 62% para los republicanos y el 59% para los demócratas, según el sondeo de Quinnipiac.

Otro claro ejemplo de frustración que se hizo viral fueron las palabras del presidente Biden contra un periodista de la cadena Fox, al concluir una sesión de fotos en la Casa Blanca, posiblemente creyendo que el micrófono estaba apagado.

Biden insultó llamándolo "estúpido hijo de puta", en medio de un alboroto al final de una mesa redonda en la Casa Blanca.

El periodista le preguntó sobre la inflación y la posibilidad de que eso pudiera representar un revés en las elecciones de medio término.

Al parecer, Biden no se dio cuenta de que el micrófono aún estaba encendido y dijo, para sí mismo: "Es un gran activo, más inflación, estúpido, hijo de puta".

Cuando los reporteros salían de la sala, un periodista de Fox News le preguntó si creía que la inflación podría suponer un revés político.

Biden, en voz baja y sin levantarse, empezó diciendo: "Es una gran ventaja. Más inflación".

Después, posiblemente sin darse cuenta de que el micrófono estaba encendido, murmuró: "Qué estúpido hijo de puta".

Este desliz es una nueva señal del estado de ánimo del Presidente, que se enfrenta a un índice de popularidad entre la opinión pública bajo.

La inflación, a un nivel sin precedentes en 40 años, afecta mucho a los estadounidenses cuando faltan menos de diez meses para las elecciones de medio mandato, que prometen ser complicadas.

En este panorama de adversidades muchos se preguntan por el papel de la vicepresidenta Kamala Harris.

Lo cierto es que estas acciones vienen a avivar la teoría sobre la existencia de una especie de "cacería de brujas" como la ha definido el propio Trump.

FUENTE: REDACCIÓN

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