WASHINGTON — Los republicanos buscan recuperar el poder en el Congreso de Estados Unidos y quebrar el control unipartidista demócrata en Washington, que aplica una agenda de extrema izquierda o llamada progresista (socialista).
Con una mayoría estrecha en la Cámara Baja y paridad en el Senado, los demócratas enfrentan una nueva generación de candidatos republicanos que podrían arrebatarles el poder en el legislativo.
En las elecciones de medio mandato presidencial del martes, los republicanos podrían llegar al Capitolio con promesas de echar por tierra las ideas de Biden y planean un impeachment (destitución mediante juicio político) contra el inquilino de la Casa Blanca, que ha hecho de su gestión una forma de gobierno unipartidista desde un principio con la firma de más de 65 órdenes ejecutivas en sus primeras dos semanas de mandato y luego siguió con imposiciones, incluso, por encima de su poder ejecutivo constitucional.
Están en juego las 435 bancas de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Si los republicanos toman el control de la Cámara Baja y posiblemente del Senado, la capacidad de gobernar enfrentará nuevos retos.
“Estoy convencido de que tendremos un período de gobierno definido por los conflictos”, opinó Brendan Buck, asesor de los dos últimos presidentes republicanos del poder legislativo.
Históricamente, en los gobiernos divididos ha existido la posibilidad de negociaciones bipartidistas, algo que no ocurrió desde la llegada de los demócratas al poder con una agenda de extrema izquierda impulsada por Joe Biden. Ahora, los republicanos han prometido hacer lo mismo en respuesta a casi dos años de marginación en el Congreso y un poder al estilo dictaduras latinoamericanas.
Los republicanos fueron marginados desde el principio por los demócratas con leyes de emergencia que utilizaron con el pretexto del COVID-19 y de esa forma aprobaron de forma unilateral diversas legislaciones partidistas y de la extrema izquierda.
El líder del bloque republicano en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, quien tomará la presidencia si los demócratas pierden la mayoría, ha reclutado la bancada más diversa racialmente de la historia. Trump ha respaldado a casi 200 candidatos a ambas Cámaras, aunque no todos eran los preferidos de McCarthy y del líder del bloque de senadores Mitch McConnell.
En un indicio del impacto de la inminente derrota, Pelosi canceló la mayoría de sus actos públicos en la última semana de campaña.
A medida que cierren los comicios el martes por la tarde en el este del país, los resultados de las primeras contiendas podrían dar la tónica.
En la lucha por la Cámara Baja, el enfrentamiento en Virginia entre la demócrata Elaine Luria y el republicano Jen Kiggans, ambos veteranos de la Armada, da una imagen instantánea. Luria, miembro de la comisión que hostiga y acosa desde hace casi dos años al expresidente (algo insólito en la historia de EEUU), se encamina a la derrota.
La batalla por el Senado se concentra en cuatro estados altamente disputados, que podrían resolverse por márgenes diversos. En Georgia, Arizona y Nevada, los demócratas tratan de conservar sus bancas. En Pennsylvania, el demócrata John Fetterman y el republicano Mehmet Oz contienden por una banca desierta, y el resultado podría ser crucial para determinar qué partido controla la Cámara Alta.
FUENTE: AP
