Para entonces se habían reabierto ya las respectivas embajadas en Washington y La Habana. Y Obama, ante un Congreso que se negaba a levantar el embargo estadounidense, utilizado históricamente por la dirigencia cubana como justificación de muchos males, trabajaba en desmontarlo todo lo que le permitía su poder presidencial.

Cuba y Estados Unidos, enfrentados desde el triunfo de la revolución de 1959, rompieron relaciones diplomáticas en 1961, en un punto álgido de la Guerra Fría. La primera visita de un presidente estadounidense a la isla en 88 años marcó en 2016 un nuevo punto de inflexión en la historia.

Retomar las relaciones con Cuba, una iniciativa en la que tuvo como interlocutor a Raúl Castro, fue el mayor éxito de Obama en América Latina y permitió a Estados Unidos mejorar los vínculos con el resto de los socios de la región. Una mayoría de tres cuartos de la población estadounidense aprobaba esa política en las encuestas.

Dos años despúes del apretón de manos de Obama y Castro en el Palacio de la Revolución, sin embargo, la relación entre los dos países ya no es lo prometedora que se anticipaba entonces y nada permite presagiar una mejora cuando Castro ceda ahora el testigo a su sucesor.

Ocho meses después de aquel apretón de manos de Obama y Castro, Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. Los vínculos con La Habana se han dañado desde entonces con una política basada en desmontar el legado de Obama, en la cual ha influido el senador republicano Marco Rubio, un anticastrista de Miami al que Trump escucha en lo referente a Cuba y a Venezuela.

Trump acaba de nombrar a Mike Pompeo y a John Bolton, dos halcones de línea dura, como secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, respectivamente. Pompeo está pendiente de confirmación por el Senado y Bolton ya lleva unos días en el cargo. En 2002, siendo uno de los subsecretarios de Estado, Bolton acusó a Cuba de estar desarrollando armas biológicas.

"Como hemos visto una y otra vez, Trump muchas veces asume una posición dura en un tema, luego la suaviza o la revierte", dice a dpa Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano, un "think tank" de Washington. "Los nombramientos de Bolton y Pompeo sugieren, no obstante, una posición más dura hacia Cuba", agrega.

"Estoy cancelando el acuerdo completamente unilateral de la administración previa con Cuba", proclamó Trump en junio de 2017 en Miami. "Hoy anuncio una nueva política", dijo en un discurso construido sobre una retórica anticastrista que no se había escuchado en ocho años y que dirigió a los cubanos de Miami.

Pese a sus palabras, no ha cancelado la política de Obama hacia Cuba y nada hace anticipar una nueva ruptura de las relaciones. Lo que ha hecho Trump es revertir en parte el legado de su antecesor, endureciendo el embargo sobre la isla, limitando los viajes de los estadounidenses y vetando a las empresas que pretendan operar con compañías en manos de las Fuerzas Armadas cubanas, que según expertos en Estados Unidos controlan en torno al 60 por ciento de la economía de la isla y el 80 por ciento del sector turístico.

El episodio más sonado en esta nueva relación de Washington hacia La Habana ha sido el de los supuestos ataques sufridos por diplomáticos estadounidenses en La Habana. En esta historia son más las incógnitas que las certezas y no solo el Gobierno cubano, sino también ex funcionarios estadounidenses, sospechan de una manipulación política del caso para dañar los vínculos bilaterales.

"Se están utilizando estos daños como pretexto para eliminar los progresos alcanzados y dañar la relación bilateral", dijo en noviembre el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en una rueda de prensa en Washington en la que acusó a Estados Unidos de mentir.

El Gobierno de Trump asegura que desde noviembre de 2016, en total 24 diplomáticos que trabajaban en Cuba y familiares sufrieron trastornos de salud por unos ataques de origen desconocido que les causaron pérdida de audición, mareos, zumbidos, dolores de cabeza, fatiga, problemas cognitivos y dificultades para dormir, entre otros síntomas. Primero habló de ataques acústicos, pero en enero, el Departamento de Estado admitió que se consideraban otras posibilidades, como un ataque "viral".

El tema sigue bajo investigación y Washington acusa a La Habana de no cumplir con el deber de protección diplomática al que le obliga la Convención de Viena.

Estados Unidos retiró a más de la mitad de su personal de la embajada en La Habana, un recorte inicialmente temporal que hizo permanente en marzo, y expulsó a 15 diplomáticos cubanos como medida de reciprocidad. Diplomáticos canadienses sufrieron también los mismos síntomas, pero el Gobierno del presidente Justin Trudeau no ha hecho acusaciones.

Por Sara Barderas

FUENTE: dpa

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