MIAMI.– No es la primera vez que la CIA y el FBI tienen apreciaciones diferentes sobre un mismo tema. Pero en este caso, las diferencias son capitales porque conciernen al futuro de la política exterior de Estados Unidos y en la influencia que uno de los viejos adversarios de la unión estadounidense pudo haber tenido en los recientes comicios presidenciales, que dieron por resultado la elección del magnate Donald J. Trump.
El adversario es Rusia, que heredó la vieja animosidad de la fallecida Unión Soviética, un país en el cual Trump tiene puestas algunas esperanzas de mantener un buen diálogo. Tanto que acaba de nombrar al presidente de Exxon, Rex Tillerson, como secretario de Estado, sabiendo que éste tiene una relación personal con el mandatario ruso, Vladimir Putin, y ha logrado firmar buenos contratos en Rusia.
La semana pasada, en una audiencia en el Congreso, la CIA dijo que tenía razones para creer que Moscú se encuentra detrás de una enorme operación de “hackeo” de los partidos demócrata y republicano, de influencia en los resultados electorales y, quizá, de las grandes multinacionales estadounidenses. El FBI fue menos enfático y concedió que algo habían detectado, pero sin pasar de indicios.
Lo que las dos principales agencias de inteligencia estadounidenses tienen en común sobre el tema de un presunto “hackeo” ruso es que ninguna ha aportado grandes pruebas y desde entonces, todo se ha reducido a un sin fin de especulaciones sin gran sustancia, lo que ha permitido que el equipo de transición de Trump desestime las sospechas.
“Estos son los mismos que nos dijeron que había armas de destrucción masiva en Irak”, dijo el equipo en un comunicado.
Pero ha sido precisamente esta reacción que la que llevado a Trump a enfrentarse por primera vez a los barones del Partido Republicano, que ya han pedido una investigación profunda de los hechos, porque tienen la percepción de que Putin no es de confiar. “Los rusos no son amigos nuestros”, así de diáfano ha sido el líder de la mayoría republicana en el senado, Mitch McConnell, quien, por cierto, es el esposo de Elaine Chao, que ha sido nominada por Trump como secretaria de Transporte.
McConnell no se encuentra solo. “Rusia es un país de matones, responsable por lo que ha pasado en Ucrania, por la ocupación de Crimea, los bombardeos en Siria que han matado a miles de civiles y apuntalado a Bashar Al Assad”, ha dicho el senador John McCain, que se ha unido al pedido de una audiencia especial.
“Nuestra relación con Rusia es algo que debe ser tomado con pinzas. Putin fue parte de la muerte de los pasajeros del avión de Malasia Airlines. Es algo que debe poner a la gente a pensar”, insistió el congresista republicano por Wisconsin, Reid Ribble.
El líder demócrata en el senado, Harry Read, fue más lejos. Para el veterano político el equipo de campaña de Trump estaba al tanto del “hackeo” ruso. “La campaña, Wikileaks y Putin, trabajaron juntos en todo esto”, dijo el senador el martes. Sin embargo precisó no estar seguro de que el mismo Presidente electo estuviera al tanto. “Alguien dentro de la campaña estaba al tanto. No tengo dudas al respeto. Ahora, si le dijeron o no, no lo sé. Asumo que lo hicieron”, afirmó al Huffington Post.
¿Por qué no salió a relucir durante la campaña presidencial?
El sábado pasado, varias fuentes de los organismos de inteligencia confirmaron al The New York Times que no fue hasta una semana después de las elecciones, que la CIA cambió su análisis inicial sobre las actividades rusas y concluyó que el Gobierno ruso no solo intentó manipular las elecciones sino que actuó de una forma que dio ventaja a uno de los candidatos. Pero hasta entonces, aunque los demócratas ya lo sospechaban, prefirieron no interferir en la contienda política.
Ahora lo que muchos observadores se preguntan es por qué el asunto del “hackeo” no salió a relucir durante la campaña, aunque ya había sospechas de ello, en particular por parte de los demócratas.
“El contexto era otro. Estábamos en un momento electoral. Por ello McConnell se mostró muy cuidadoso con lo que decía en público aunque ya tuviera sus sospechas”, explicó Sarah Binder, investigadora principal del Brookings Institute e especializada en política congresual.
Todo esto porque semanas antes de los comicios McConnell y otros 11 colegas fueron convocados a una reunión secreta con los organismos de inteligencia donde revisaron los indicios de un presunto “hackeo” ruso y llegaron a la conclusión de que los hackers de Moscú estaban amenazando la integridad de los comicios, al encaminar el desenlace a favor del actual Presidente electo, según reportes de The Washington Post.
En esos momentos, solo los demócratas hicieron caso a esas conclusiones. Los republicanos, incluso el mismo McConnell, tuvieron algunas dudas y prefirieron no levantar demasiadas olas. Ahora, ha cambiado de actitud porque, como dice Binder, “se siente libre de retar al Presidente electo dentro de su propio partido con un tema que es netamente bipartidista”.
Pero lo cierto es que los demócratas reaccionaron apenas después de esa reunión secreta, en parte porque Trump estaba comenzando a subir en las encuestas, porque cuando en septiembre del 2015 el FBI alertó al Comité Nacional Demócrata de que había índicos de que un grupo de “hackers” conectado con el Gobierno ruso llamado The Dukes penetró la red informática de la entidad, el técnico que recibió el aviso dijo sencillamente que no hizo caso de la llamada telefónica del FBI porque pensó tratarse de un ‘impostor’, reveló una investigación del The New York Times el martes.
Sin embargo, no era un impostor, sino el agente especial del FBI que en los últimos años estaba siguiéndole la pista a los The Dukes, después de que éstos lograron ingresar a las redes informáticas de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Junta de Jefes del Estado Mayor, en el Pentágono. El agente siguió llamando durante varias semanas pero en el Comité Nacional Demócrata nadie lo escuchó.