miércoles 22  de  mayo 2024
ANÁLISIS

Trump viaja al centro de sus desvelos: la frontera México-EEUU en Arizona

El presidente de Estados Unidos Donald Trump hace esta visita en un momento delicado. Los arrestos de inmigrantes ilegales subieron un 43% en la primera mitad de 2017 y la herida de Charlottesville sigue abierta
Diario las Américas | OSI TROPICAL
Por OSI TROPICAL

El presidente Donald Trump visitará hoy por primera vez, la frontera de Estados Unidos y México en Arizona, el llamado epicentro de la lucha antiinmigrante de este país.

La visita la hace en un momento en que los arrestos de indocumentados subieron un 43% en la primera mitad de 2017, en comparación con el mismo período del año anterior. Por esa y otras razones más, cuando ponga el primer pie allí estará pisando tierra hostil.

Desde que dijo en un programa de la cadena Fox: “Estoy pensando seriamente un perdón para el sheriff Arpaio, ha hecho mucho contra la inmigración ilegal”, fue advertido por Greg Stanton, el alcalde demócrata de la ciudad de que se abstuviera de ir allí. En el comunicado mencionaba también el ambiente de tensión que se vive en EEUU al fragor de sus declaraciones contradictorias y enervantes respecto a la violencia desatada Charlottesville la semana pasada.

Trump va a Arizona dispuesto a escuchar solicitudes de más dinero y recursos para contener la inmigración ilegal, mientras él mismo está intentando extraer financiación para construir su muro cada vez menos “with mexican paying for a Wall”. La ley SB-1070 impulsada desde Arizona y conocida como “muéstrame los papeles”, fue precisamente la que le dio oxígeno, leña y fuego al discurso que llevó a Trump al poder.

Trump lleva tiempo jugando contra el voto latino a pesar de los enormes esfuerzos de seducción que desplegó ante ellos durante su campaña. Es un puedo y no quiero concentrado en mantener un tono distendido entre los diferentes grupos latinos más influyentes, la comunidad cubanoamericana de Miami, los latinos republicanos de Las Vegas, los representantes de comunidades hispanas. En aquellos dulces días se reunió con representantes del Consejo Nacional de la Raza (NCLR), con la conferencia nacional de la Liga de los Latinoamericanos Unidos (LULAC) y con la Cámara de Comercio Hispana (USHCC). El diálogo se estableció con cierta indiferencia al respaldo a su candidatura.

También posó sonriente -hace exactamente un año y un día- con un grupo de hispanos y afroestadounidenses que hicieron campaña a favor de los republicanos en los vecindarios neoyorquinos de Harlem, y Queens. Pero ni con esas reveló cuáles eran sus verdaderas intenciones y claves de su política de inmigración en aquel momento.

Sus pulsiones y tics de presidente que ubica a americanos y a latinos a ambos lados de un ring han comenzado a brotarle de pronto con el endurecimiento de leyes contra la inmigración ilegal y el apoyo a otras con el recorte a la mitad del número de inmigrantes legales que serán admitidos por Estados Unidos. A los ‘dreamers’ los tiene en vilo. Un mes atrás parecía que sus sueños se hacían añicos; hace unos días, el vicepresidente Mike Pence dijo que el presidente Donald Trump tomará una decisión con el "corazón" sobre los jóvenes indocumentados beneficiarios del programa de Acción Diferida (DACA). La Ley RAISE es otra que podría salir adelante con el respaldo de la Casa Blanca, es la más restrictiva respecto a la inmigración de los ‘últimos años.

Un discurso contradictorio

Aunque aún el presidente de los Estados Unidos no tiene un problema específico con los latinos, parece no importarle llegar a tenerlo en un futuro. Es cierto que la inmigración descontrolada fue uno de los caballos de batalla en aquellos mítines aparentemente inclusivos que coadyuvaron a elevarlo al podio de la Casa Blanca. La realidad es que a los seis meses de estar en el poder ya Trump sufre de desmemoria.

Frente a multitudes enardecidas prometió de todo y ahora con el varapalo de Charlotesville, en el que un extracto de aquellas hordas se creyó investido del derecho a ondear las banderas del racismo y la zenofobia, su discurso suena contradictorio, descolocado. Pero nunca huérfano, porque, por la actitud y las consignas, quienes se creyeron impunes y poseedores del respaldo de la justicia al arremeter contra minorías por motivos raciales siguen siendo electores. ¿Qué habrán entendido exactamente de las encendidas arengas del candidato? ¿Que volvía la segregación, que iban a tener sirvientes baratos? De aquellos polvos, estos lodos.

Nada es fortuito, esos grupos de personas organizadas están reclamando algo que supuestamente se les prometió en campaña. Significa que el presidente ha jugado en el pasado con las medias tintas, con la subjetividad de la ideas y con los argumentos complacientes cuyas palabras dejan entrever que unos son superiores y otros no.

La presión del voto latino

Hoy por hoy, las presiones de grupos externos siguen influyendo, al parecer, en las decisiones del presidente. Si la creciente fuerza del voto latino o del amplio voto de raíces inmigrantes ya no le interesa demasiado de cara a una segunda reelección, es que tampoco le llegó a interesar en realidad. Al poner en la balanza un montón de voluntades latinas, la fuerza innegable del voto asiático y el poderío de un conjunto de comunidades extranjeras que hace mucho tiempo se sienten parte de un trozo del sueño americano, el peso nunca será mayor que esa mayoría blanca de clase media que representa el 80 % de los electores de este país.

Si el pasado 12 de agosto un neonazi tiró un coche contra la multitud y mató a una mujer e hirió a otras veinte durante una manifestación antirracista que protestaba por la presencia de ultraderechistas en Charlottesville, el presidente de un país diverso desde el punto de vista racial y étnico en el que conviven ciudadanos de casi todas las nacionalidades del mundo debería estudiar mejor sus pasos y declaraciones.

Si por las dos veces que Trump evitó señalar a los ultraderechistas como responsables de lo ocurrido al culpar primero a "muchos bandos" participantes en el mortal altercado, solo condenó una vez a los neonazis, supremacistas blancos y al Ku Klux Klan. “Houston, tenemos un problema”.

No para ahora mismo, pero si para un futuro inmediato en el que la población estadounidense de origen hispano ascenderá del 17,2 % actual a un punto más elevado como lo garantiza el hecho de que 24,5 millones de latinos estuvieron inscritos como votantes en las pasadas elecciones.

Los intentos de reformar el sistema de inmigración de los Estados Unidos siempre se han dado de bruces con una fuerte oposición a la regularización de los distintos status migratorios, sobre todo el de indocumentado. A ver qué nuevos aires traerá Donald Trump de su visita a hoy a la mism frontera por la que entran cada año miles de personas que, cosecha a cosecha, ladrillo a ladrilo, fueron haciendo grande a América.

FUENTE: REDACCIÓN

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