sábado 21  de  febrero 2026
INSPIRACIÓN

En Connecticut, Isveny Pichardo reúne a creadoras latinas en torno a una propuesta capilar que nació en un hogar latino

Pichardo explicó cómo la búsqueda de opciones para su propio hijo la llevó a experimentar con versiones adaptadas de la mezcla original

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

En Connecticut, Isveny Pichardo reunió a un grupo de creadoras latinas interesadas en conversar sobre rutinas de cuidado capilar y sobre cómo ciertas prácticas se transforman cuando se vive lejos del país de origen. La cita, organizada en un formato íntimo, no se centró en un lanzamiento formal, sino en compartir experiencias que muchas mujeres de la diáspora reconocen como propias.

El punto de partida fue la historia personal de Pichardo, que en 2021 recurrió a su madre, química cosmética, para atender un problema de crecimiento capilar. La mezcla que surgió de ese momento doméstico empezó a circular cuando ella compartió parte de su proceso en redes sociales. Más allá de la fórmula, lo que llamó la atención de otras mujeres fue la idea de volver a prácticas familiares, de confiar en recetas que pasan de generación en generación y de reconstruir rutinas que, al emigrar, suelen modificarse.

A partir de esa experiencia, el encuentro derivó en preguntas que no son exclusivas de un caso particular. Varias asistentes comentaron las dificultades de adaptar sus rutinas capilares a un entorno con climas distintos, agua diferente, disponibilidad limitada de ciertos productos o texturas que no siempre encuentran soluciones adecuadas. Este tipo de ajustes, que pueden parecer menores, se convierten en desafíos cotidianos para muchas mujeres que han crecido con prácticas y saberes ligados a su cultura.

Uno de los temas más recurrentes fue la infancia y el cuidado del cabello de los hijos. Pichardo explicó cómo la búsqueda de opciones para su propio hijo la llevó a experimentar con versiones adaptadas de la mezcla original. Varias madres presentes compartieron vivencias similares, lo que abrió un espacio para discutir los desafíos de educar a niños con texturas capilares diversas en un contexto donde no siempre existen referentes claros. Este intercambio se convirtió en uno de los puntos más comentados, ya que tocó temas de identidad, representación y autoestima.

El encuentro también dejó ver una necesidad común: encontrar información confiable sobre rutinas y productos sin caer en mensajes confusos o contradictorios. Muchas asistentes mencionaron que, al migrar, se vieron obligadas a reconstruir sus conocimientos desde cero.

En ese sentido, la reunión funcionó como un espacio para compartir consejos prácticos que surgieron sin pretensión de guía experta: observar cómo reacciona el cabello en el nuevo clima, ajustar frecuencias de lavado, ser consciente del tipo de agua local o identificar qué prácticas heredadas funcionan y cuáles deben adaptarse.

La dinámica fue sencilla y se centró en las participantes, no en el proyecto. No hubo anuncios ni presentaciones estructuradas, sino conversaciones en pequeños grupos que iban revelando cómo los cuidados capilares pueden transformarse en un vínculo emocional con los recuerdos del hogar. Algunas asistentes comentaron que repetir ciertos rituales les ayuda a mantener una sensación de continuidad cultural, mientras que otras destacaron la importancia de crear nuevas rutinas sin perder la conexión con sus raíces.

En su intervención, Pichardo evitó discursos formales y se limitó a explicar cómo su experiencia personal terminó generando interés entre mujeres que buscaban soluciones parecidas.

Subrayó que la propuesta sigue en proceso de revisión y que gran parte de su evolución proviene de las observaciones de quienes han probado distintas versiones de la mezcla original. El énfasis estuvo más en la escucha que en la presentación.

El cierre del encuentro mantuvo el mismo tono. Las asistentes se quedaron conversando sobre los cambios que trae la migración en los hábitos cotidianos, la importancia de compartir información fiable y la necesidad de crear espacios donde estas conversaciones puedan darse sin presión comercial. Para muchas, la jornada representó algo simple pero significativo: la posibilidad de hablar con otras mujeres que enfrentan desafíos similares.

La reunión en Connecticut mostró cómo ciertas prácticas asociadas al cuidado personal pueden convertirse en un puente cultural entre el pasado y el presente. En este caso, la experiencia de Pichardo sirvió como excusa para revisar preguntas más amplias sobre identidad, adaptación y comunidad. En un contexto donde las rutinas se redefinen constantemente, la conversación dejó claro que, a veces, los cambios más pequeños revelan historias mucho más profundas.

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