MIAMI.- Hace 50 años, el 29 de diciembre de 1972, un estruendoso golpe sacudió el extremo noroeste del entonces condado Dade cerca de la medianoche. Un avión de fuselaje ancho L-1011, de la compañía aérea Eastern Airlines, con 177 personas a bordo, se estrellaba en la oscuridad de los pantanos de los Everglades, a escasas seis millas de la avenida 177, después de sobrevolar el Aeropuerto Internacional de Miami y parte de Hialeah
Decenas de ambulancias helicópteros, lanchas motoras y cuadrillas de socorro enfilaron al lugar del desastre, mientras pasajeros y tripulación trataban salir a flote en un lugar merodeado por caimanes.
La oscuridad de la noche, unida a la tenebrosidad del lugar, dificultó la tarea de salvamiento. No obstante, 76 personas fueron rescatadas. El saldo de vidas perdidas fue alto: 101 fallecieron.
El vuelo, que provenía de Nueva York, era aguardado por familiares y amigos en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Elizabeth, vecina de Miami Beach, recuerda que esperaba a su hermana Eleanor en la terminal área cuando escuchó la noticia del desastre.
“Venía a esperar el nuevo año conmigo. Teníamos plan de ir juntas a la playa para ver el primer amanecer de 1973”, recordó, durante una breve conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS.
“Fue terrible. No sabía si estaba viva, y no podía entrar al lugar para buscarla. Allí estuvimos largas horas, a la espera de noticias”, revivió visiblemente afligida.
Desastre
El desastre aéreo fue el primero de un avión jumbo en la historia de la aviación, y también fue el peor accidente de aviación de Florida por muchos años.
El vuelo comenzó en Nueva York y dos horas más tarde, mientras se acercaba al Aeropuerto Internacional de Miami, los pilotos se dieron cuenta que la luz indicadora del tren de aterrizaje no funcionaba.
Trataron de averiguar si las ruedas del avión estaban dispuestas para aterrizar, cuando el avión comenzó a perder altitud.
Beverly Raposa, una de las 10 azafatas del vuelo, declaró a Sun Sentinel, hace 30 años, que estaba sentada en la parte trasera del avión, cuando le comentó a su compañera de trabajo Stephanie Stanich “esos motores no suenan bien”.
"Tan pronto como dije eso, los motores se activaron. Giramos a la izquierda. Fue entonces cuando escuchamos un ruido horrible", señaló.
"Vi una bola de fuego. El ruido fue horrible. Era como estar en un tornado. Nos estábamos estrellando", revivió.
Raposa recordó cómo quedó atrapada en su asiento y un chorro de combustible calló encima de ella. Finalmente pudo librarse de las ataduras de la butaca y salir a socorrer a pasajeros.
La cola del avión, y con ella todo el avión, giró varias veces, revolviéndose sobre el pantano. Finalmente, el avión no explotó en pedazos, pero se quebró y todos quedaron atrapados entre pedazos de la aeronave.
"Uno de los peores momentos fue el silencio. No hubo más ruido. Fue tan espeluznante que empecé a gritar, pensando que tal vez no había nadie más", confesó.
"La gente tenía frío y miedo", señaló la azafata, "y pensé [dada la fecha de fin de año] que los villancicos ayudarían", mientras trataban de salir de aquel infierno. Y Raposa comenzó a cantar.
Sorpresivamente, la gente secundó a la azafata y los cánticos navideños ayudaron a sobrellevar la situación, mientras aguardaban por la llegada de los rescatistas.
"Nos traerán café caliente. Piensen en lo bien que sabrá", dijo la azafata.
"A las azafatas nos enseñan a buscar soluciones, a ser voz de autoridad; porque la gente te mira", subrayó Raposa, que tenía 25 años entonces. "Lo más importante era mantener la esperanza", subrayó
Acorde con los informes de la investigación, el capitán de la aeronave no se dio cuenta de que el piloto automático se había pagado y el avión perdió altitud hasta golpear el pantano.
Después de unos minutos interminables, todos escucharon que una lancha motorizada se acercaba. Un pescador había visto caer el avión y avisó a las autoridades del lugar preciso.
¿Qué sucedió?
Hubo error humano o desperfecto técnico, muchos preguntaron.
La investigación realizada por National Transportation Safety Board (NTSB) arrojó que el capitán Bob Loft y el primer oficial Bert Stockstill pusieron el avión en piloto automático e intentaron averiguar si el tren de aterrizaje funcionaba, a pesar de que la luz indicadora señalaba lo contrario.
Uno de los pilotos movió accidentalmente el mando de control y apagó el piloto automático.
El avión comenzó un descenso gradual desde su altitud asignada de 2.000 pies.
El segundo oficial Don Repo entró a las entrañas del avión para verificar el funcionamiento del tren de aterrizaje.
Se escuchó una alarma de baja altitud, pero aparentemente ya era tarde. El avión se estrelló a las 11:42 p.m.
El 30 de diciembre, un monumento de granito, que recuerda el trágico suceso y las víctimas, es develado en Miami Springs Golf & Country Club, en Curtiss Parkway, por donde antes transcurría una de las aerovías del Aeropuerto Internacional de Miami.