Escuché hablar de Versailles por primera vez en el año 1983, poco después de llegar al sur de La Florida. En esa época comí allí y nunca olvidé su sabor, el ambiente, los espejos y lo inusual que era el lugar, no sólo para comer comida cubana, sino también para celebrar el legado cultural de esta comunidad.
Versailles representa mucho para mí. Es un lugar especial donde uno puede reunirse en cualquier momento del día o de la noche, pero también es el símbolo más puro de la determinación, la tradición, la historia y la resiliencia cubana. Además, es un punto de encuentro para quienes vinieron a este país en busca de libertad, oportunidades y prosperidad; y todo esto viene acompañado con croquetas y un buen café cubano.
El legado de Versailles es inspiración para jóvenes y adultos por igual, ya que el sueño de la oportunidad se puede realizar a través de la labor ardua acogiendo honestamente el estilo de vida estadounidense, sin olvidar nunca nuestra historia y tradiciones. No puedo pensar en muchas familias en Miami que reflejen mejor el viaje de lo imposible a lo inevitable como la familia Valls. Y el hecho de que su éxito sea generacional, define la importancia de la familia, los valores y el respeto por los que sentaron los cimientos con una visión temprana que de tantas maneras ha influenciado y mejorado el tejido de nuestra comunidad.
Un lugar que le sirve a presidentes, estrellas, al conductor del autobús, el maestro, el policía, y donde al mismo tiempo me permiten ir detrás del mostrador a colar café cubano. Sin duda es uno de mis lugares preferidos.