MIAMI.- A las autoridades del condado Miami-Dade les tomó por sorpresa que el Gobierno federal reabriera un refugio en Homestead para albergar a menores de edad que llegaron solos a este país, durante la crisis fronteriza de mediados de 2014.

“Pero lo que fue más sorpresivo para nosotros es que ahí hubiera menores separados de sus padres”, indicó Carlos Giménez, alcalde de ese condado, en entrevista exclusiva para DIARIO LAS AMÉRICAS.

Se refería el edil a los niños que fueron arrancados de sus progenitores en la frontera sur, al tratar de buscar refugio en Estados Unidos y ante la llamada política de “cero tolerancia”, establecida para detener y reenviar a su país de origen a quienes estuvieran, a ojos de las autoridades migratorias, cruzando la frontera de manera ilegal.

“Ellos [funcionarios del Gobierno federal] nos mandaron una carta en febrero de este año en la que nos anunciaban que reabrían las instalaciones de Homestead para esos menores que no estaban acompañados de sus padres. No sabemos en realidad cuántos hay en ese refugio, ni siquiera sabíamos que había allá esos niños que fueron separados de sus familias”, precisó Giménez.

No es la primera vez que la administración de Giménez se ve sacudida por el tema migratorio. El 25 de enero de 2017 el presidente Donald Trump emitió una orden ejecutiva que buscaba cortarles fondos federales a las llamadas “jurisdicciones santuario”, es decir, aquellas que supuestamente no obedecían las órdenes de inmigración de perseguir a los indocumentados.

Un día después, la administración de Giménez emitió su propia orden ejecutiva en la que, como lo afirma hoy la máxima autoridad condal, “la única cosa que nosotros cambiamos es que cuando había una persona arrestada, por un delito que no tenía nada qué ver con inmigración, su información iba a todas las agencias policiacas federales, incluyendo inmigración. Si ellos [los agentes de ICE, la Policía de Inmigración]querían que nosotros mantuviéramos a ese detenido más allá de 48 horas, nosotros estábamos dispuestos a cumplir ese requisito”.

-Después de un año de haber sacado su orden ejecutiva, ¿cree que valió la pena asumir ese costo político dado que la emitida por Trump fue bloqueada por una corte federal?

La carta que recibimos afirmando que nosotros éramos una jurisdicción santuario, y que íbamos a perder dineros federales, no vino de Trump sino del presidente Obama. Nosotros estábamos peleando para no perder esos recursos. No queríamos ser una ciudad santuario. En marzo de 2016 estábamos peleando para que el gobierno de Obama no nos metiera en esa categoría. Nos pidieron que argumentáramos por qué no éramos una ciudad santuario. De modo que estábamos por ese camino antes de la elección del presidente Trump.

-Hay dos proyectos bandera de su administración: el llamado “mega mall” y la extensión de la 836 [la Dolphin Expressway] Y a los dos les ha ido muy bien en la Comisión. Pero hay críticas en los dos proyectos, en el área ambiental, en el tema del agua, por ejemplo. ¿Qué opina al respecto?

Nosotros tenemos regulaciones, siempre estamos protegiendo las fuentes de agua. Esos son argumentos para la gente que no desea la extensión de la 836, por una razón u otra. Te dicen que estamos en medio de los Everglades… No estamos en medio de los Everglades. Que vamos a desarticular la manera como el agua va hacia los Everglades… eso tampoco es cierto, porque en esas áreas vamos a elevar la 836, no estamos tocando las fuentes de agua y ese proyecto no es parte de los Everglades.

-Pero tampoco se conoce en este momento el trazado último de la extensión de la 836.

Ninguna de las opciones que se están estudiando en estos momentos pone en riesgo las fuentes que tenemos en Miami-Dade. Lo que sí es cierto es que hay personas que lo siguen diciendo y empiezan a creerlo porque lo repiten y repiten y repiten, y entonces creen que es verdad. Lee Hefty, el director de DERM [la autoridad reguladora del medio ambiente] ha dicho que el proyecto no va a poner en riesgo de ninguna manera las fuentes de agua y tampoco los Everglades. Lo que no quieren decir muchos es que nosotros vamos a comprar 1.000 acres ahí, con el fin de ponerlos bajo el control público y nunca se podrán desarrollar.

-¿Cómo puede el Gobierno condal garantizar cien por ciento que los alrededores por donde pasen las 14 millas de la extensión de la 836 nunca se construirán?

Podemos garantizar que los 1.000 acres que compremos nunca se van a tocar. Pero lo otro es un argumento que no tiene mérito, porque nunca vas a tener garantía de nada en este mundo. Cualquier gobierno en el futuro puede cambiar las leyes. Necesitas dos terceras partes de los votos de la Comisión, una súper mayoría, para mover el límite de desarrollo urbano [UDB, por sus siglas en inglés]. Además, no se puede utilizar la carretera [extensión] para justificar la capacidad de un proyecto. Requieres también una súper mayoría para que haya un cambio de zonificación dentro del UDB.

-Por eso es que los críticos podrían tener razón en que a mediano plazo esa carretera podría generar proyectos urbanísticos y, por lo tanto, una nueva congestión vehicular…

Estoy molesto porque la gente no escucha. Quieren imponer esas críticas para frenar la construcción de la carretera. Esa extensión se hace para aliviar las condiciones que tienen los residentes que viven en esa zona. Los constructores no pueden utilizar la carretera para aumentar la zonificación dentro del UDB. Pero aquí no se puede garantizar nada. Nadie sabe lo que venga en el futuro. Tú no puedes amarrar las manos de una futura Comisión, eso no sería constitucional. Eso es como un insulto a los votantes del condado, al decirles que no tenemos fe en ellos porque no van a elegir a las personas que protejan esos límites. Yo sí tengo fe en los votantes del condado Miami-Dade.

-A propósito del transporte público y de opciones de transporte masivo, ¿cómo van las seis rutas del Smart Plan en términos de estudios y desarrollo?

Los estudios siguen, van a indicar qué tipo de tecnología se va a utilizar y en qué rutas. Son opciones para el pueblo, pero no hay una solución mágica para el transporte en el condado. Si las personas creen que esas seis líneas son la solución, están equivocados.

Pero el Smart Plan se ha vendido como un remedio importante para solucionar algo que no se ha solucionado de manera efectiva durante muchos años…

Para muchas personas será una solución. Porque van a tener seis tramos de transporte público en diferentes partes del condado. Eso quiere decir que las personas que están cerca a esas rutas las pueden utilizar. El transporte público funciona cuando lleva a los usuarios a todas los lugares a donde quieren ir. Pero estas seis líneas no cumplirán con eso. Son parte de una solución, pero no son La solución.

-Hace un año le hice más o menos la misma pregunta. ¿Qué avances hay, porque la sensación es como si el Smart Plan estuviera congelado?

No está congelado. Los estudios se toman más de un año, son requisitos del gobierno federal si queremos sus recursos. Un año, para los tiempos en Washington, no es nada. Es parte del proceso.

-¿Cuáles son los estudios que ya se van a terminar?

El estudio del South Dade Bus Way, está casi terminado. Hará recomendaciones sobre tecnología. Lo que tenemos que hacer es empezarlo ya. Si se espera el desarrollo de trenes eso va a tomar años y años. Lo más rápido que podemos hacer en el sur es poner sistemas con gomas. En cuanto a la 836, vamos a iniciar un servicio de autobuses, express bus, en el corredor este-oeste, que está a cargo del MDX [autoridad de carreteras del Condado Miami-Dade]. Hay que activar la ruta del noreste para un tren de transporte de pasajeros. Eso se puede activar con Tri-Rail o con Bright Line.

-¿Cómo hará el Condado para mitigar el impacto del llamado “mega mall”, que tendrá una afluencia de 60.000 vehículos diarios a ese parque de entretenimiento?

El Condado no hará eso. Lo harán los inversionistas, van a poner millones de dólares de ellos. También el estado hará mejoras en la I-75, en la Turnpike y en Miami Garden Drive.

-¿Esos dos proyectos [la 836 y el “mega mall”] serán su legado?

No. Lo que yo deseo, como legado, es dejar este condado mejor que cuando entré. Que esta administración y la Comisión hayan puesto las bases para la creación de una gran ciudad. A final de este siglo, cuando hablen de las grandes ciudades de Estados Unidos, se hablará de Nueva York, Los Ángeles y Miami. Ese será mi legado.

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