jueves 1  de  diciembre 2022
Florida

BUSLAM, premio a la tenacidad, el conocimiento y el trabajo

Trabajo inteligente, una meta, un mentor y el entorno idóneo, son los ingredientes detrás del sueño de un inmigrante cubano que, levantando edificios, factura más de 100 millones de dólares al año.

Diario las Américas | CÉSAR MENÉNDEZ
Por CÉSAR MENÉNDEZ 3 de octubre de 2022 - 14:18

MIAMI. - Superaba los 30 años cuando Iván Busto, ingeniero civil cubano especializado en estructuras, emigró con su familia a Miami. Como muchos, vino dispuesto a realizar cualquier trabajo, a pesar de haber hecho una brillante tesis sobre Restauración de Edificaciones Históricas y tener estudios de Administración de Empresas.

“Mi primer empleo fue de camarero en el Fontainebleau Hilton”. Después, un primo le consiguió algo mejor, un empleo en una compañía de decoración y jardinería, Landscaping”, recordó el fundador de la conocida constructora BUSLAM.

La casualidad quiso que el dueño de ese negocio de jardinería, nada más llegar a la empresa, le diera un recorrido mostrándole las diferentes obras de la compañía. “Abrió un plano y señaló una de las casas en la que debíamos trabajar. Yo con mucha pena le dije: creo que la casa no es esa, sino aquella”.

El dueño, sorprendido, le preguntó si entendía de planos. “Tener ese conocimiento me salvó, ya que me habían contratado para estar en el terreno, bajo el sol de Miami, y, sin embargo, me incorporó a trabajar en su oficina”.

El saber le abrió los caminos

Al poco tiempo, logró entrar en Supreme International, la matriz de Perry Ellis International. “Aquí trabajé en un almacén, inventariando los productos que entraban y salían. Otra vez, este ingeniero inmigrante pudo demostrar su conocimiento. “En ese lugar había una computadora que nadie utilizaba. Yo sabía algo de Excel y me permitieron crear un programita de inventario para el almacén que mejoraba el rendimiento laboral. Cuando lo implementamos, el trabajo que antes hacía en ocho horas, lo podía realizar en dos. Me aumentaron el salario y recibí felicitaciones de los jefes”. Busto se sintió estimulado, “pero aún estaba fuera de lo que realmente me gustaba, mi carrera. Como tenía tiempo, comencé a enviar currículos a distintas compañías”.

Busto sabía que su talón de Aquiles era el inglés y por eso, si quería progresar, tenía que hacerlo en algo relacionado con su carrera, ya que la parte técnica sí la dominaba. “Los planos son iguales en cualquier idioma”.

Ejerciendo su carrera

Tuvo suerte y le llamaron de la compañía de construcción Group II. “Mi primer proyecto fue para Miami-Dade Housing. Cuando llegué, el mánager general me llamó a su auto y me entregó una montaña enorme de planos. Todo estaba en mis manos y no podía fallar”.

Era un proyecto con fondos federales y estatales. Ahí Busto aprendió las exigencias de trabajar con los gobiernos. “Al terminar, fui nombrado mánager de techos de toda la compañía, una experiencia que me iba a servir para el futuro”. Con el tiempo, llegó a ser el mánager general Group II.

Mi mentor

“El propio trabajo hizo que conociera a Ramón Mestre, a quien considero mi mentor. Él era un constructor de mucha experiencia, que había hecho grandes obras en Cuba, era el dueño del edificio Naroca, ubicado en la calle Línea y Paseo, en La Habana. “Mestre tenía una obra frente a la que yo llevaba y veía que mi proyecto avanzaba, mientras en el suyo apenas había cambios. Se acercó a mí y congeniamos. Hizo todo lo posible por conocerme, hasta que un día me dijo que tenía un gran proyecto entre manos y que deseaba que yo lo llevara”. A los tres años de esa conversación, Busto recibió la llamada de Mestre, “casualmente, cuando la empresa donde trabajaba comenzaba a tener algunos problemas de impagos a los empleados y no iba tan bien”.

El proyecto de Mestre era una joint venture entre la compañía Naroca Construction y Dilan Construction. Teníamos que hacer ocho edificios y una casa club. Al terminar, después de un arduo trabajo, lo nombraron director de proyectos de Naroca.

“Mestre me llevaba a las negociaciones y me enseñó a negociar. Realmente, tuvimos una relación muy bonita”. Pero Mestre sabía que Busto necesitaba continuar su desarrollo. “Mi mentor me permitió crear mi propia compañía, mientras aun trabajaba con él. Así surge BUSLAM, los primeros proyectos fueron subcontratados por Naroca”. Una circunstancia que ayudó a Busto a despegar, hasta que comenzó a tener sus propios proyectos independientes como contratista general”.

La crisis

Este hombre hecho a golpe de trabajo y saber aprovechar las oportunidades llamó a su compañía BUSLAM, la combinación de las tres primeras letras de sus dos apellidos.

“Mi primer proyecto en solitario fue un edificio para una escuela de belleza. Un desarrollo muy interesante que debió comenzar en 2008. “Tenía el préstamo concedido, pero los dueños se echaron para atrás por miedo a la crisis. Aunque estaba muy preocupado por mi futuro, mi ego me impidió regresar a Naroca, que tenía varios proyectos en marcha”.

En ese momento de tanta incertidumbre, Busto decidió hacerse Agente de Bienes Raíces. “Me saqué la licencia y la puse con un amigo broker,quien administraba varias propiedades. Conseguí que me entregara algunos de los apartamentos que tenía en preconstrucción para terminarlos. Gracias a eso pude sobrevivir a la crisis.

Renacer

A partir de 2012, Buslam comenzó a trabajar con grupos de inversores extranjeros y construyó varios hoteles.

“Enfoqué mi trabajo en el área de Miami Beach, donde existe la Junta de Preservación Histórica, que, aunque dificulta bastante las construcciones, se encarga de preservar el estilo y la historia de la ciudad. Disfruto mucho cuando tomo un edificio histórico, lo desmantelo, dejo las cuatro paredes de afuera y le añado una torre moderna”. Así hizo el hotel Iberostar Berkeley Shore en Miami Beach, una de las obras del amplio portafolio de trabajos realizados por su empresa.

Busto III, el relevo

Busto, aunque es una persona aún joven, está pasando el testigo a su hijo Iván Busto III, graduado de Finanzas por la Universidad Internacional de Florida, quien ha estado al lado de su padre en el negocio. “Claro, como él no tiene mi formación, ha tenido que ir a pie de obra desde jovencito y estar en distintos puestos. Ahora me quiero retirar para que él se quede al frente de todo. Es un joven empresario con una gran habilidad, que lleva a la par las dos culturas: la latina y la estadounidense”, confesó Busto, cuya compañía, con cerca de 20 empleados, en 2021 facturó más de 40 millones de dólares y en 2022 tiene en cartera obras que superan los 275 millones. Algo impensable para aquel camarero del hotel Fontainebleau.

cmenendez@diariolasamericas.com

@menendezpryce

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