MIAMI.- El cierre de bares, restaurantes y locales comerciales en Miami-Dade, desde peluquerías hasta gimnasios, con la excepción de supermercados y tiendas de alimentos, es bien visto como medida preventiva contra el avance del contagio del coronavirus, pero preocupa a miles de trabajadores que ven sus únicos ingresos desaparecer.

Con 50, 100 y más nuevos casos por día en Florida, con mayor afectación en el sur de la península, no hay duda de que medidas más severas para la ciudadanía podrían ser decretadas en los próximos días.

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Tanto el gobernador Ron DeSantis como alcaldes condales y municipales plantean que trabajan arduamente con el Gobierno federal para subvencionar de alguna manera a pequeños negocios, y, por ende, a empleados afectados, en una lucha voraz contra el tiempo.

Vale aclarar que esta orden se aplica luego de que la autoridad nacional de Sanidad y el Centro para Enfermedades aconsejara al Gobierno federal “evitar grupo de personas” para combatir la propagación el virus.

“Es una medida necesaria que no tomamos a la ligera”, señaló DeSantis. “Tratamos de evitar las aglomeraciones de personas para detener el virus, al mismo tiempo que buscamos una solución para contrarrestar el efecto económico negativo”, subrayó.

Según datos publicados por U.S. Bureau of Labor Statistics, más de un millón de floridanos trabajan en restaurantes, bares y otros locales comerciales afectados, lo que significa el 14% de la fuerza laboral del estado.

Se trata de una preocupante cantidad que podría formar parte de la cifra de desempleo muy pronto.

En Miami-Dade, el condado más poblado del estado, con unos tres millones de habitantes, donde el porcentaje de empleados afectados es mayor; el alcalde Carlos Giménez defendió el decreto y expuso que la medida “está encaminada a evitar la propagación del contagio” y que por ello ordenó el cierre de bares, restaurantes y cafeterías, así como cines, teatros, gimnasios y otros locales comerciales.

La orden de Giménez aplica a todo el territorio condal, incluyendo municipalidades como Miami, Miami Beach, Coral Gables, Homestead y Hialeah, que ya se apestaban a disponer de medidas similares.

De hecho, la medida no impacta a locales comerciales que prestan servicio en hoteles, aeropuertos y puerto. Tampoco supermercados ni farmacias ni establecimientos de ventas menores, como servicio de compras en tiendas de gasolineras.

Fondo especial

Entretanto, la agencia gubernamental Small Business Administration (SBA, por sus siglas en inglés) anunció que prepara un paquete de ayudas y préstamos con bajo interés para pequeñas empresas, según anunció Manny Sarmiento, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Doral.

En Miami, donde se agrupa la mayor cantidad de locales comerciales del condado Miami-Dade, la alcaldía aguarda por fondos estatales y federales para asistir a pequeños negocios y, por tanto, como mencionamos antes, los trabajadores.

“Sabemos que habrá un impacto económico negativo grande. Trabajadores que se quedarán sin salario, sin dinero para pagar los alquileres, los alimentos, la luz y todo lo demás”, comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS Manolo Reyes, comisionado de la Ciudad de Miami.

El Gobierno condal y mucho menos las municipalidades cuentan con fondos para hacer frente a la crisis. Es un asunto de emergencia que siempre ha sido manejado por las autoridades federales y estatales.

“Apelamos a los gobiernos del estado de Florida y la Casa Blanca para crear un fondo de ayuda que ayude a pequeños negocios que sufran pérdidas por esta situación de emergencia”, recalcó.

Vivencias

De los miles de empleados que atienden los cientos de locales comerciales en Miami-Dade, Jennifer, mesera de un restaurante de Collins Avenue, en Miami Beach, argumentó que le parece estar viviendo una película de terror. “Primero la gente dejó de asistir, al preferir cocinar en sus casas para evitar el contagio. Y ahora, con un cierre de estas magnitudes, nos afectamos todos”.

Por otra parte, Martha Liliana, quien lleva dos años como camarera, no sabe qué hacer. “Estamos al lado de la playa, hemos enfrentado ciclones, huracanes, hemos tenido que cerrar algunos días. Pero este cierre es la primera vez que lo experimentamos”, señaló.

“Todo es aparentemente tranquilo, hay sol, buen tiempo y sin embargo, el virus está presente”, destacó.

Según Liliana, que es madre de un adolescente de 16 años, “cuando sufrimos los huracanes se activan las ayudas de FEMA (Agencia Federal Para le Manejo de Emergencia). Sin embargo, hasta ahora, no han dicho nada al respecto”.

La cafetería familiar donde trabaja Luz María Cano en Miami Beach, con su hija y un par de empleados, también ha tenido que cerrar, y, a pesar del cierre, “el alquiler de la vivienda hay que pagarlo, las deudas con el banco continúan”.

Y es que la familia Cano paga 3.700 dólares al mes de renta por el local, además de los salarios de sus empleados. “Para nosotros esto de cerrar significa la ruina”, afirmó.

Hay otros negocios que también están afectados con la pandemia. La estilista Caridad Rivero se quejó de que primero le recortaron el horario laboral y ahora el cierre decretado.

La peluquería donde trabajaba Rivero está al lado de una oficina de bienes raíces. Para Elmer Enrique Olaya, agente inmobiliario, el negocio está prácticamente congelado.

“Todo está en un compás de espera, ni compradores ni vendedores quieren moverse. Nadie quiere tomar ninguna decisión”, concluyó.

En restaurantes tan populares como Versailles, Sergio´s o Xixón la situación es similar: cierre a clientes que quieren consumir en la barra o el salón comedor.

“Solo servicio de compra y entrega a domicilio, sea en persona o Uber Eats. Eso es lo que hay”, indicó Matías Torres, mesero de Xixón.

Aún hay personas que desconocen el decreto de suspensión de servicios regulares. “Les explicamos que hay una orden de cierre y que solo podemos ofrecer servicio para llevar a casa o entrega por reparto”, resumió Torres.

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