MIAMI.- JESÚS HERNÁNDEZ
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@hesushdez
Tras el peligro que supuso el paso de la tormenta tropical Erika, vuelve a saltar el alto costo a pagar por vivir en Miami
MIAMI.- JESÚS HERNÁNDEZ
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A propósito de la temporada de huracanes y el alto costo que supone el paso de una tormenta, en cualquiera de sus categorías, salta a la vista el alto precio que los miamenses tienen que pagar por vivir en su ciudad.
Según los datos suministrados por National Association of Insurance Commissioners, la asociación nacional que contabiliza los gastos y las ganancias del negocio de los seguros, los propietarios en la Florida pagan una media de 1.991 dólares al año.
Sin embargo, quienes residen en Miami-Dade pagan mucho más que aquellos que habitan en el resto del estado floridano, a donde la fuerza de las tormentas tropicales no llega porque viven alejados de las costas.
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“Quienes viven en Miami-Dade pagan entre 3.000 y 8.000 dólares al año”, subrayó a DIARIO LAS AMÉRICAS el presidente de Access Insurance, Mario Moreno, en Miami.
De hecho, el monto a pagar es una escalofriante cantidad de dinero que pone los pelos de punta a quienes reciben la factura cada 12 meses. Es una cifra que tiene en cuenta la situación geográfica, además del valor del inmueble y el año de construcción, así como los aditivos de protección contra los temibles vientos, como los paneles de metal.
“Sabemos que el costo de la vida ha subido vertiginosamente en los últimos años, pero no sólo han aumentado los precios de los productos que consumimos, sino, además, ha aumentado el valor de los servicios y los materiales que utilizamos, en caso de destrucción natural, para reponer [materialmente] lo que teníamos”, señaló.
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También el valor de los salarios ha aumentado, pero, como es usual, el incremento de los sueldos, para la gente de a pie, no es proporcional al alza de los precios del consumo y las necesidades prioritarias, en la mayoría de los casos.
“La mayor parte de la culpa del alto precio que pagamos por los seguros no radica precisamente en el alza del costo de la vida, sino en el manejo de los fondos disponibles y la ausencia de un programa estatal, bien pensado, sea nacional o regional, que ayude a costear los gastos de la destrucción”, matizó Moreno.
