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MIAMI.- El representante republicano de la Florida Carlos Curbelo no descartó que cualquier decisión para resolver la situación de los jóvenes indocumentados ("dreamers") incluya financiar el muro fronterizo y otras medidas que serían problemáticas para los demócratas.

"Ellos [los legisladores demócratas] en el pasado aprobaron medidas de seguridad en la frontera", señaló Curbelo, quien asistió como panelista al foro en Miami de la organización no gubernamental The Immigration Partnership & Coalition Fund (IMPAC), fundada por el empresario cubanoamericano Mike Fernández.

Fernández aseguró que los empresarios, empezando por él, “no les daremos un solo dólar a los políticos que no apoyen una reforma migratoria y [respalden] a los ‘dreamers’. Necesitamos que se comprometan ya, y si no lo hacen, no cuenten con nuestro dinero”.

Curbelo arrancó los aplausos de la concurrencia cuando anunció que no votará a favor del proyecto de presupuesto si no se resuelve la situación de cerca de 800.000 jóvenes o, en otras palabras, una solución definitiva para aquellos que ahora están bajo el alivio migratorio de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

El representante republicano pidió que se evite “el todo o nada”, que haya acuerdos sobre lo que podría unir a los dos partidos y no poner condiciones imposibles.

Dentro de la concurrencia había empresarios de todo el país, congresistas estatales y federales, académicos, activistas proinmigrante, y público en general, interesados en una fundación que busca ofrecer ayuda legal gratuita a los indocumentados que la necesiten siempre y cuando no tengan antecedentes penales ni hayan cometido graves delitos.

IMPAC busca darle una mano, sobre todo, a quienes no tienen recursos para pagar un abogado.

Curbelo participó en un panel en compañía de los representantes demócratas Frederica Wilson y Ted Deutch, todos ellos de la bancada de la Florida.

La congresista Wilson pidió presionar a la dirigencia republicana para que haya un voto con el fin de resolver el futuro de los “dreamers”. Se refirió a los “conservadores razonables, los que no están en la Casa Blanca” como personas que se deben convencer para que apoyen una reforma migratoria, que empieza por la llamada Dream Act.

Antes de ese panel, hablaron el presidente de la Universidad de Miami, Julio Frenk, el arzobispo de la ciudad de Miami, Thomas Wenski, el superintendente del distrito escolar de Miami-Dade, Alberto Carvalho, y la directora de la organización Voto Latino, Maria Teresa Kumar.

Carvalho recordó cómo llegó a Nueva York a los 17 años, proveniente de Portugal y de una familia de seis hijos, marcada por una pobreza profunda.

“Dejé que se venciera mi visa, fui ilegal, indocumentado y desamparado a pocas cuadras de donde ahora trabajo”, indicó. “Si este país funcionó para mí, no hay razón para que no funcione para los demás”, afirmó.

Informó que en el distrito escolar del condado hay 12.000 estudiantes favorecidos por el TPS (estatus migratorio temporal que reciben nacionales de ciertos países afectados por desastres naturales o inestabilidad política). “Cómo podemos aceptar que se divida nuestra comunidad”, cuestionó el superintendente.

Y en un tono enfático dijo que “tendrán que pasar primero por sobre mi cadáver antes de permitir que las escuelas de mi distrito no sean santuarios que protegen a los estudiantes”. Agradeció la realización del foro, “por iluminar estos días oscuros”.

Kumar, la presidenta de Voto Latino, mencionó su ancestro colombiano y los sacrificios de su madre para poder ir a la escuela y luego a la universidad, en Miami.

Mencionó la contribución de los hispanos a la economía del país y dijo de manera enfática que no era cierto que los latinos no voten.

Cambio cultural

El exgobernador de la Florida y exprecandidato presidencial republicano Jeb Bush y el periodista filipino José Antonio Vargas, con perspectivas diferentes aunque matizadas por la ola antiinmigrante de la era Trump, participaron en un panel que estuvo salpicado de humor y anécdotas de estos dos personajes.

Vargas llegó a California en 1987, a la edad de 12 años. Pudo navegar por el mundo académico, tanto en la escuela como en la universidad, como indocumentado, gracias a sus profesores que en cada etapa lo ayudaron a cumplir sus metas.

Hace seis años este periodista, que escribía en The Washington Post e incluso ha cubierto eventos en la Casa Blanca, reveló que era indocumentado. "¿En qué momento se volvió el inmigrante el enemigo, el chivo expiatorio?", preguntó Vargas.

Bush habló de su experiencia personal, cuando en la adolescencia conoció a su esposa de origen mexicano. "Por ella soy bicultural y bilingüe”, indicó.

Se refirió a la supuesta criminalidad de los inmigrantes, de la que han hablado el presidente Donald Trump y el secretario de Justicia, Jeff Sessions, para justificar medidas antiinmigrante. "No niego que haya casos aislados, pero no se pueden extrapolar y convertir en un estereotipo", enfatizó.

Bush afirmó que si después de marzo no se resuelve la situación migratoria de los "dreamers", los estados tendrían algunas alternativas para tratar esa situación, aunque no especificó cuáles serían en concreto. "Hay que extender la base de apoyo, incluir a los líderes empresariales, hablar del tema económico y plantear de manera muy amplia el tema de los dreamers".

Bush consideró que el país se podría arruinar si supuestamente se deportaran 11 millones de indocumentados. "Es ridículo pensar que eso se podría hacer sin generar un caso", puntualizó.

Recordó que cuando fue parte de la campaña presidencial de 2016, sus compañeros republicanos tomaron posiciones muy radicales antiinmigrante, "pero yo no quise ser parte de la manada. Tenemos que cambiar la cultura, que sea más compasiva, menos partidista. Ese es un compromiso cívico”.

También aconsejó que se ejerza presión sobre los representantes republicanos y se centre el argumento a favor del "Dream Act", en el impacto económico que tendría para el país no darles una solución efectiva a esos jóvenes.

La economía

El final del evento estuvo a cargo del empresario Mike Fernández, quien se definió como un conservador compasivo y considera que antes que grupos o partidos hay individuos. Indicó que el país ha sido generoso con personas como él y que es hora de retribuir esa generosidad, “en una nación que está en peligro”.

Contó qué acontecimiento en su vida lo llevó a reflexionar y ver la injusticia de la separación de las familias cuando personas trabajadoras y cumplidoras de la ley son deportadas.

Relató que en la calle donde vive vio a dos niños montando bicicleta. De pronto apareció un auto, uno de los menores se fue contra el vehículo y se cayó. El conductor del vehículo era indocumentado y, a pesar de ello y de no tener licencia, no se fue de la escena del accidente. Terminó arrestado y fue a parar a una cárcel donde detienen a los indocumentados.

Ese hecho le permitió conocer a sus hijos, la dedicación de un padre sin estatus migratorio y ver de primera mano cómo se separaba a una familia debido a una gran injusticia de por medio.

Fernández consideró que el proceso de reforma migratoria es también un tema económico, porque permitirá ingresar al mercado millones de personas con capacidad de consumo.

 

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