MIAMI.- Aupado por el presidente Donald Trump a la categoría de "guerrero conservador", el republicano Ron DeSantis se ha valido de ese manto para afrontar una reñida campaña hacia la Gobernación estatal, que su partido se ha mantenido desde 1999.

El excongresista federal, de 40 años, libra una enconada batalla con su oponente, el demócrata Andrew Gillum, quien, según los últimos sondeos, parece haber superado a su favor el empate técnico en el que han estado desde hace semanas.

Cada uno reflejo de las nuevas corrientes dentro de sus partidos, el abogado y leal discípulo de Trump ha aplaudido cada una de las polémicas propuestas del mandatario y en el transcurso de la campaña no ha suavizado las propias, como suelen sugerir los estrategas políticos para así atraer a los votantes "centristas".

Graduado de Yale y Harvard, y veterano de Irak, DeSantis ha mostrado su beneplácito al envío de tropas a la frontera para detener la caravana de centroamericanos, al traslado de la embajada estadounidense en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén y no pierde oportunidad de criticar la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016.

Nacido en Jacksonville y jugador de béisbol durante la secundaria, su estilo agresivo y de confrontación quedó plasmado en el libro que publicó en 2011 y que significó su pistoletazo de salida a la arena política.

Con el título "Sueños de nuestros padres fundadores", en clara alusión al libro de memorias de Barack Obama, "Sueños de mi padres" (1995), la publicación es básicamente un manifiesto contra el expresidente y fue el germen de su carrera hacia Washington, tal como lo ha recordado su esposa, la presentadora de televisión Casey DeSantis.

DeSantis empezó a volverse un rostro habitual de la cadena conservadora Fox, en la que dio rienda a postulados propios del Tea Party que le allanaron el camino para, en enero de 2013, ocupar en Washington el escaño en representación del sexto distrito electoral de Florida.

Planeó el salto al Senado, en el sillón que Marco Rubio, en plenas primarias republicanas, iba a dejar vacante, aunque luego el senador se retractó y DeSantis decidió ir por la Gobernación, una carrera relativamente sencilla dada las últimas décadas de dominio conservador en el Capitolio de Tallahassee, aunque la irrupción de Gillum la ha tornado un camino de espinas.

El legislador ha enfrentado una de las más enconadas campañas que se recuerde en un aspirante republicano a gobernador en Florida, un escenario clave en las elecciones del próximo 6 de noviembre, y de hecho en septiembre renunció a su escaño en Washington para centrarse en la contienda electoral.

Ante sí tiene a Gillum, que aspira a ser el primer gobernador afroamericano en Florida y que ha sido apadrinado por Obama y el senador Bernie Sanders, una conexión esta última que el republicano no ha dudado en explotar.

Cada vez que puede califica a Gillum de "socialista", tal como también lo hace Trump, quien en sus recientes mítines en este estado no cesa de advertir que un Gobierno del hoy alcalde de Tallahassee sería un "desastre" para Florida, su "segundo hogar" y donde tiene su residencia de invierno en Palm Beach.

La contienda además ha tenido el ingrediente de la polémica desde el inicio, cuando en su primera aparición televisiva, ya como candidato, DeSantis usó una expresión considerada racista por su rival demócrata en la que usó la palabra "mono" en referencia a la candidatura "socialista" del afroamericano.

A pesar de la tormenta, se negó a disculparse, y su oficina de campaña etiquetó de "absurdo" que sus palabras fuesen consideradas racistas.

Poco después, añadió más controversia cuando durante una entrevista con el presentador de CNN en Español Andrés Oppenheimer pareció perder los estribos ante una pregunta sobre un anuncio publicitario en el que se le ve con su hijo de seis meses armando un muro de bloques.

"Si no lo entiendes, entonces simplemente no eres muy inteligente", le recriminó el republicano, visiblemente molesto, como lo estuvo durante el último debate televisivo con Gillum, cuando fue interrogado por su vinculación con el polémico escritor de ideología conservadora David Horowitz.

Su equipo de campaña brega por evadir una relación entre DeSantis y grupos de ideología racista, y trata de resaltar su mensaje de estabilidad económica y legal, siguiendo el "legado" del saliente gobernador Rick Scott.

No por nada, tras ganar las primarias prometió: "Mantendremos a Florida grande y la haremos aún más grande".

FUENTE: Lorenzo Castro E. / EFE

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