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@camila_mendoza

“Dos tercios de los trabajos que actualmente se crean en EEUU requieren de educación postsecundaria. Es decir, si una persona simplemente se conforma con un diploma de high school va a ser parte de un círculo de pobreza por el resto de su vida”.

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Con estas palabras el Dr. Eduardo Padrón, presidente emérito del Miami Dade College, presenta su principal argumento sobre la democratización del acceso a la educación superior. Misión de vida que lo ha hecho merecedor de múltiples reconocimientos y con la que rinde honor a sus padres, quienes teniendo apenas 15 años lo impulsaron a partir de Cuba a EEUU, en la década del 60 en la denominada operación Pedro Pan.

“Fue un episodio difícil, pero tuve la fuerza para afrontarlo gracias a la promesa que le hice a mis padres. A quienes les dije que iba a esforzarme por ser un hombre de bien. Todo lo que en la vida vale la pena es la perseverancia, la fe y los sacrificios. Eso es lo que nos define e impulsa a movernos hacia adelante”, dijo Padrón sobre lo que considera uno de los episodios más dolorosos de su vida.

“Me ayudó en aquella época darme cuenta de que en la vida siempre hay gente que está peor que uno, y darle gracias a Dios todos los días por las bendiciones. He sido afortunado porque he contado con la ayuda y el apoyo de tanta gente que me han permitido navegar en esta vida a veces compleja”.

Educación para el futuro

Visionario, original, audaz y profundamente apasionado, el Dr. Eduardo Padrón ha sido capaz de adentrarse en las honduras del sistema académico americano, cuestionando a importantes líderes políticos sobre qué queremos enseñar, hacia dónde vamos como país, y cuál es nuestro horizonte cuando hablamos de educación.

“Nuestro mayor desafío es darnos cuenta de que es un deber brindar a la gente carreras universitarias -cortas o largas- que preparen a la población para funcionar eficazmente en el siglo XXI, y en medio de un mundo globalizado donde la actividad tecnológica reina en todos los empleos”.

“Uno de los mayores problemas que tenemos hoy es que el costo de las carreras es casi imposible de cubrir para la gran mayoría de las personas. Además, hay un sentido elitista en los establecimientos en términos de a quién se les da entrada y a quién no”.

“No podemos conseguir prestigio en base a cuantas personas excluimos de nuestros establecimientos, por eso la misión del Miami Dade College es seguir siendo una incubadora de inclusión y de sueños, capaz de reconocer que el talento es universal, a pesar de que las oportunidades en muchos lugares sean escazas”.

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El Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior es la gran batalla que librará toda su vida.
El Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior es la gran batalla que librará toda su vida.

El abrazo de su comunidad

Para el Dr. Eduardo Padrón la pedagogía, más que ser una ciencia, es un arte. Casi un sacerdocio, así lo denomina. Razón que lo llevó a consagrar el MDC como el hogar de miles de familias de inmigrantes, hecho que lo ha hecho merecedor de la medalla de la libertad, el más alto honor civil que entrega el gobierno de EEUU, entre otros importantes galardones.

“Cada vez que me honran pienso en mi madre. Ella ha sido mi inspiración toda la vida, ya que a pesar de que solo pudo conseguir hasta un tercer grado, fue la mujer más brillante del mundo. Siempre me inculcó la importancia de la educación: ‘Para ser libres hay que educarse’, me decía, y esa frase siempre se quedó conmigo”, recordó.

“El premio más importante que recibo es la bondad de tanta gente. Me conmueve cuando se me acercan las personas más humildes. Cuando me paran en la calle y me dicen: ‘Gracias al Miami Dade College cambió mi vida’. Eso me emociona y es la única razón por la que sigo aquí, porque esta institución abre caminos y aplaude el éxito de quienes perseveran”.

Su gran batalla

Consciente de que su trabajo es vital para el desarrollo no solo de Miami, sino del país, el Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior en EEUU, es la gran batalla que librará toda su vida, una que lo llevó a convertir -junto a un gran equipo de profesionales que comparten su pasión- al Miami Dade College en la universidad más democrática del país.

En el Sur de La Florida, más de 2 millones de personas han pasado por esta institución, consagrándola como la casa de estudios con más estudiantes, y de la que más hispanos y afroamericanos se gradúa. Sin duda, la primera experiencia universitaria para miles cubanos y extranjeros, hecho por el que cinco presidentes de EEUU, reconocieron su incansable labor.

De economista a docente

El presidente Barack Obama dijo que el Miami Dade College era una fábrica de sueños, ¿cómo lo definiría usted?, le consultamos.

“Yo creo que el presidente dio en el clavo. Aquí vienen individuos de todas las razas, religiones y continentes. De todos los estratos sociales y económicos, y encuentran un lugar que les da la mano, que los acoge y los acompaña. Una institución que cree en el potencial que traen y por eso nos hemos convertido en un modelo nacional y vemos cómo esta institución ha sido la cuna de los líderes más importantes de nuestra comunidad en el sector público y privado”.

“Yo traté de entrar a muchas universidades. Todos mis ahorros de 4 y 5 empleos limpiando inodoros, lavando carros, etc., lo gasté pagando cuotas de aplicaciones que fueron rechazadas. La única universidad que me abrió las puertas fue el Miami Dade College y por eso estoy eternamente agradecido”.

“Yo quería ser un empresario muy rico, pero gracias a que unos profesores me incentivaron a educar en el MDC para retribuir a la institución lo que había recibido de ella, fui capaz de darme cuenta de que esto era lo que quería hacer el resto de mi vida: ayudar a educar. El poder de un profesor es inmenso. Inspirar, moldear las mentes y dar un mensaje de esperanza se convirtió en mi gran vocación y en mi religión. Me siento el hombre más afortunado del mundo por haber podido hacer lo que he hecho”.

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