La vida de Daniel Oberti podría contarse en una telenovela. El empresario argentino radicado en Miami y dueño del concepto de moda Oberti Luxury World, salió de su natal Rosario siendo un adolescente, con lo puesto y algo de equipaje. Tenía un boleto para Francia, una propuesta de trabajo como modelo y ansiaba probar suerte. Atrás dejó la noticia de un hijo en camino, al que conoció 42 años después, y con el que ahora trabaja en un proyecto.

Este aventurero representa al empresario que se construye a sí mismo, sin estudios universitarios, bancos o patrocinadores, sino desde el arrojo de un joven que agarra una mochila y sale de su casa a conocer el mundo. Ha conocido a personas que, como explicó, Dios puso en su camino para alcanzar sus metas. Esas “señales” que podrían considerarse eventos fortuitos, le han llevado al éxito. Él, en agradecimiento, ofrece lo que tiene a los más necesitados.

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De Argentina para el mundo

Oberti salió de Argentina en 1976. “Era un niño que estaba buscando hacer algo. Mi madre me dijo: ‘¿qué quieres hacer?’ Le dije: ‘quiero viajar por el mundo, hablar diferentes idiomas’. Mami me dijo: ‘no me fracases’. Fue la única que apostó por mí. Mi familia pensaba que iba a regresar a los tres meses sin dinero. Nunca volví”, recordó el empresario.

El joven se instaló en el centro de una Europa bohemia, amante de la moda, multicultural. Allí se codeó con famosos diseñadores, conoció las intimidades del lujo y, sin realizar estudios, aprendió a apreciar el arte del diseño.

Con una hoja en blanco para escribir su vida lejos del manto familiar, Oberti se refugió en la fe. “Lloraba los primeros seis meses, extrañaba todo. Pero eso me hizo fuerte. En Francia, solía orar por las mañanas en una iglesia a la vuelta de donde vivía. Recuerdo que una vez pedí tres cosas: una familia, una profesión para proveer a mi familia y viajar por todo el mundo. Y Dios me dio las tres cosas”, reveló.

En 1978 llegó a Miami, ciudad que describe como “un paraíso”. Oberti tenía 22 años, poco dinero, pero muchos deseos de construir algo que le apasionara. Al principio trabajó en un sello disquero, pero gracias al consejo de una exnovia, fue a una entrevista de trabajo en una tienda de gafas de sol. Ahí se dio cuenta de que le interesaba saber todo sobre ese negocio. “Dios me dijo: aprende esto, que es lo que vas a hacer toda tu vida”, explicó el argentino, que en 1990 abrió su propio local, llamado Just Looking Eyewear.

Años más tarde, se mudó al espacio que ocupa actualmente, en North Miami Beach. “Llego a este sitio enorme y me veo ante un monstruo vacío. Me dije: ‘¿Y ahora cómo lleno este lugar?’ Pero quiso el destino que conociera al cubano Carlos Bravo. ‘Dame la dirección’, me dijo, y me mandó 40 cubanos a ayudarme. En 30 días armé la tienda. Así fue la bendición”, contó Oberti, agradecido de toparse con “ángeles” en el camino.

Artistas como Ricardo Montaner, Marco Antonio Solís y Whitney Houston han recibido los servicios de su óptica. Uno de los recuerdos que guarda con más cariño es su encuentro con Julio Iglesias. El cantante estaba grabando en un estudio en Miami y necesitaba unos espejuelos. Daniel llevó todas sus herramientas para hacerle sus lentes, y Julio le cantó Mano a Mano, de Carlos Gardel, algo muy emocionante para el argentino.

La misión

El 12 de enero 2010 un potente terremoto arrasó Haití, dejando millones de desplazados y un paisaje desolador. La noticia impactó al empresario, que comenzó a buscar maneras de ayudar. “Fui a Haití varias veces tras el terremoto. Me reuní con el presidente Michel Martelly para organizar ayudas humanitarias para niños, priorizando la educación”, detalló Oberti.

niños Haiti- Cortesía /Daniel Oberti
El empresario Daniel Oberti durante una de sus visitas a Haití para ayudar a los niños.

El empresario Daniel Oberti durante una de sus visitas a Haití para ayudar a los niños.

“Recuerdo que vi una niña en Haití que estaba agarrando un pedacito de pollo y lo estaba guardando. Cuando le pregunté, me dijo que se lo estaba guardando a su madre. Y sin embargo me sorprende la felicidad de esos niños, que no tienen qué comer, no tienen nada, y los ves bailando, riendo. Esa es la gracia de Dios”, añadió el argentino, que a partir de esta nueva misión cambió el nombre de su tienda a Oberti Luxury Eyewear.

Otro episodio que le impactó entre sus visitas a zonas de pocos recursos fue conocer a niños de dos orfanatos en Honduras. “Qué injustas son a veces las cosas: unos tienen tanto, otros no tienen nada”, constató.

¿Por qué ayudar a los niños? Para él, la infancia es un “tesoro” del futuro. “Vengo de una familia grande, mi abuela tenía 11 hermanos y hermanas, y de chico, cuando llegaba Navidad, nos juntábamos muchas personas en casa y veías a los niños corriendo. Disfruté eso y siempre quise tener muchos hijos”, dijo el empresario, que tiene 5 hijos.

Desde entonces, su misión se ha extendido a varios países latinoamericanos para donar exámenes de la vista y espejuelos a los pequeños. Como indicó, “no tengo bancos, ni socios, ni inversores, Dios me manda los clientes y mis ganancias van para mi misión”.

En efecto, a la entrada de su negocio hay una caja transparente para donaciones. Cuando los clientes llegan a su óptica, Oberti no les cobra por servicios como ajustar los lentes o arreglarles alguna pieza; en cambio, sugiere alguna donación para los niños en Haití. “Es impresionante, la gente en agradecimiento deja dinero para los niños, ponen billetes de 10, 50 y hasta 100. Es una bendición”, relató el empresario.

Nuevo espacio y más proyectos

Daniel Oberti se declara “contento por todo lo que he logrado. Mi único socio fue Dios, que me ayudó. Creamos una marca de excelencia, con gafas, cuero, joyería, y pronto vendrán la ropa y los zapatos. El branding de estos días es lograr cosas nuevas, la gente quiere cosas nuevas y de calidad”.

Bajo ese propósito, su marca se ha convertido en un concepto de lujo integral que ofrece una experiencia excepcional y apunta a un estilo de vida centrado en lo estético y exclusivo, siempre desde una atención de calidad, que pone al cliente en la cima. De ahí nace el mundo de Oberti como marca, que ya cuenta con otras líneas además de la óptica de lujo, como el vino.

Su consejo para aquellos que comienzan en el área de los negocios es entregarse al trabajo, convertirlo en un motivo de alegría, de crecimiento, y no solo un medio para obtener dinero. “Hoy día sales a cualquier tienda y no hay servicio, no te saludan, no te atienden, no tienen ganas de hacer bien las cosas. Mi trabajo es mi pasión, disfruto el amor, el servicio, hablar con la gente, ahí está el secreto. Mírame, no tenía nada y ahora he levantado una marca”, zanjó.

En unos meses proyecta inaugurar un nuevo local en el lujoso Design District de Miami para expandir su marca en el centro de la ciudad.

Puede encontrar a Oberti Luxury en el 2250 NE 163rd St. North Miami Beach, 33160 o en Instagram, como @obertiluxuryworld

 

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