martes 16  de  diciembre 2025
FLORIDA

En Miami 'hay sol bueno ...´ y gente que busca cómo ganarse unos dólares más

De salario mínimo, desempleo dudoso y sinpapeles está compuesto el ejército de quienes se lanzan al ruedo cada fin de semana, ante la mirada de quienes no conciban que algo así suceda en nuestra sociedad
Diario las Américas | JESÚS HERNÁNDEZ
Por JESÚS HERNÁNDEZ

MIAMI.- Cada sábado, cuando el Sol apenas comienza a dar luz, Santiago, Mario, Juan y otros más se dirigen al estacionamiento de la ferretería Home Depot, en Calle 8, donde medio Miami compra cemento, ladrillos y pintura para remodelar sus casas, con la intención de brindar sus ‘servicios’ para ganarse 30 o 100 dólares más.

El hombre tiene un trabajo fijo, pero asegura que no le pagan bien, y como tiene alquiler, facturas que costear y bocas para darle de comer, necesita más.

“Tenía un buen trabajo, pero el COVID lo cerró. Ahora tengo otro, pero me pagan casi la mitad, 10 dólares por hora, y con eso no se puede vivir”, explicó Santiago.

Los 10 dólares por hora se convierten en 1.312 al mes, después de que el empleador descuenta el impuesto federal y la caja de retiro. Su mujer recibe 1.136 al mes, y juntos pagan los 1.700 que les cuesta el alquiler del apartamentito donde viven en La Pequeña Habana.

El resto, 748 dólares, apenas les alcanza para pagar luz, comer y vestir. “Tenemos dos pequeñas hijas y por ellas salgo a la calle a buscar más”, reconoció.

“¿Qué hago si mi niña me pide comprar un dulce o un juguete?”, preguntó. “No puedo decirle que no tengo dinero”, acentuó.

Y si necesita una medicina. “No quiero pensar en eso”, reflexionó.

Por 20 o 30 dólares, según sea la demanda del día, Santiago carga la mercancía en su pequeña camioneta y la lleva adonde le digan.

“Si son más de tres o cuatro millas, cobro más”, advirtió.

Hay veces que la ganancia es mayor. “Si veo que necesitan sembrar algo, arreglar el jardín o pintar la casa, me ofrezco y ahí consigo unos pesos más”, explicó.

Y junto a Santiago están Mario, Juan y otros más que buscan con impaciencia la más mínima señal que les indique “un cliente en potencia”.

“¿Necesita ayuda?”, pregunta uno y otro más, mientras todos miran con recelo los empleados de la ferretería, que tienen la orden de avisar a la Policía “porque no quieren este tipo de actividad aquí”.

“Dicen que molesta a clientes”, comentó Santiago, aunque hay otros que lo agradecen.

De hecho, muchas mañanas un patrullero vigila el área. “Si está, nos vamos. Perdemos el día”, aseguró Santiago.

La idea de ‘ofrecer servicios’, en prácticamente la vía pública, no es nueva. Hay ciudades, no precisamente en Estados Unidos, donde este ‘tipo de trabajo’ es habitual.

Aquí, en Miami, solo falta colgar letreros del cuello, o colocarlos en el suelo: ‘Albañil’, ‘jardinero’, ‘plomero’ o ‘handyman’.

Mario

Hoy hay cerca de 15 que “se buscan la vida” en el estacionamiento, puntualizó Mario, mientras miraba de reojo al resto del grupo.

“Cuando un posible cliente se acerca, le caemos como moscas. Aunque respetamos si alguno lo aborda primero”, apuntaló.

Hace unos días, después de que la Policía estuvo vigilando durante varias horas, hubo una discusión “porque alguien salió al paso y ofreció cobrar menos que otro, y eso no lo podemos permitir”, valoró Mario.

“Aquí nos respetamos, y quien no cumpla se tiene que ir”, sostuvo.

Mario no tiene un trabajo fijo. Ni quiere tenerlo.

“Con 1.400 que recibo por desempleo al mes y lo que busco por la izquierda (otros ingresos), gano más que si tuviera un trabajo de 15 dólares la hora”, confesó.

En efecto, el hombre recibe 275 dólares por semana del estado de Florida, luego de haber ‘perdido’ su empleo por la pandemia, lo que suma 1.110 al mes. Y si a eso le agrega los 300 que recibe del Gobierno federal, son 1.400 limpios, sin tener que pagar impuestos.

“Entre aquí y allá, según lo que encuentre, hago unos mil más al mes. A veces más”, aseguró.

Pero, el pago por desempleo en Florida tiene vida limitada. Exactamente 12 meses. Seis primero y seis después. Mientras el pago adicional de 300, el que recientemente aprobó el Congreso de la nación, caduca en tres meses.

¿Qué hará Mario entonces? “Ya veré. Por ahora tengo esto”, contestó.

Juan

Nadie sabe cuando la dicha toca a la puerta, o cuando se encuentra si se busca. Y ese parece ser el pensamiento de Juan, un joven de 25 años que logró cruzar la célebre frontera entre México y Arizona, cuando la administración federal anterior construía el también célebre muro.

“Llegué a Miami hace seis meses, con la esperanza de trabajar. Siempre oí decir que aquí es mejor”, donde la mayoría es inmigrante y se espera, al menos, un acto de comprensión, “que no persiguen a los sinpapeles como en Arizona”, declaró.

Con dos pequeñas hijas, una esposa y una madre en algún lugar de Centroamérica, a Juan, además de un techo y un plato de comida en Miami, se le impone la necesidad de “mandar algo a la familia”.

El joven centroamericano tuvo la suerte de ser recibido por un viejo amigo, que hace más de cinco años cruzó la misma frontera. “Me dio albergue, y eso lo agradezco mucho. Pero como no tengo papeles se me dificulta mucho conseguir trabajo”, expuso.

Dos meses después, Juan tuvo que buscar otro sitio para dormir. No necesitaba precisamente un lugar para vivir, sino un espacio donde dormir.

“Un señor, que conocí en Calle 8, me permite tomar un baño y dormir en el sofá que tiene en el salón. A veces comemos juntos, pero me muero de vergüenza”, reconoció.

Juan solo piensa en ahorrar dinero. No únicamente para comer o enviar dinero a su familia, sino, también, para estar preparado cuando necesite pagar un abogado que le consiga ‘papeles’.

“No sé si algún día los tendré. Me dicen que no pierda la fe, y eso hago. Mientras tanto, vivo, como y ayudo a mi familia”, subrayó.

Es domingo

Volvió a amanecer. Es domingo y en Miami ‘hay sol bueno y mar de espuma. Y arena fina’, como escribió José Martí… y mientras unos disfrutan o hacen sus compras, es día de trabajo para Santiago, Mario, Juan y otros más.

A diferencia del día anterior, el patrullero vigila el estacionamiento y ninguno se atreve a ofrecer ‘servicios’.

Mario, el más listo, se lanza y entra a la ferretería en busca de clientes. Santiago prefiere esperar afuera, en la calle, “por si el guardia se va”.

Y Juan, tan humilde, decide irse.

Mas, cuando Juan abandonaba el lugar, una señora se acerca y le pregunta: “¿Puede ayudarme a cargar unas cosas al carro? Yo le pago”.

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