MIAMI.- Se dice popularmente que las galletas forman parte de la vida en Cuba desde casi el mismo 28 de octubre de 1492, cuando los marineros de Cristóbal Colón atracaron en la actual provincia de Holguín, no lejos de donde se construyó la planta de Industrias Gilda, cuatro siglos y medio más tarde.

Por ese entonces, las galletas se hacían con aceite de oliva, que era demasiado raro y costoso en el Caribe, por lo que los panaderos cubanos optaron por cambiar ese peculiar ingrediente muy común en España por la manteca que se conseguía con mayor facilidad en el mercado de la isla.

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Los registros familiares indican que Antonio Blazquez comenzó a hornear y vender galletas en Holguín a principios de los años cuarenta del siglo pasado. “Solo tenía un camión y con frecuencia entregaba latas llenas de galletas por caminos de tierra”, recuerda Velma, esposa de Juan, hijo del fundador del negocio familiar.

En la década de 1950, ya con Juan a la cabeza, la panadería estaba prosperando y vendiendo galletas en todo el extremo oriental de la isla, mientras que los miembros de la familia disfrutaron de un éxito similar en La Habana.

Sin embargo, todo se vino abajo después de la revolución de Fidel Castro, en 1959, cuando el régimen confiscó las fábricas y camiones de la compañía, como hicieron con centenares de empresarios que perdieron sus inversiones en Cuba.

A principios de la década de 1960, Juan abordó un avión con destino a Miami. Una vez en el sur de la Florida, él y cientos de otros exiliados trazaron planes para retomar su patria. Fue cuando 1.200 valientes cubanos fueron capturados cerca de Bahía de Cochinos, luego de que desembarcaron con la intensión de deponer a la recién instaurada tiranía de Fidel Castro y de EEUU, que en aquel momento presidía John F. Kennedy no brindó el apoyo prometido a la invasión respaldada por la CIA.

Juan pasó casi tres años en prisión. Su esposa dice que no fue torturado, pero se convirtió en “casi un esqueleto”. Y agrega: “A todos los mantuvieron como a unos cerdos, todos desnudos, con un cubo para 300 hombres”.

Al respecto, Jeannice Blazquez, hija de Juan y ahora vicepresidenta de Gilda, asegura que “los alimentaban con espaguetis con tierra y cucarachas”, a lo que atribuye que “[mi padre] no podía ni ver los espaguetis”.

Después de su liberación, Juan creó una fábrica en Honduras, pero en 1963 regresó a Estados Unidos y abrió las primeras instalaciones de Gilda, a una cuadra de la fábrica que su hija Jeannice maneja en estos momentos en la ciudad de Hialeah.

Hoy en día, Gilda Industries tiene alrededor de 70 productos, en su mayoría galletas, que envía a localidades en la costa este de Estados Unidos. La compañía planea ingresar a América Latina en los próximos dos años.

Cada semana, la fábrica situada en La Ciudad que Progresa mueve alrededor de diez contenedores de galletas, más del doble que hace tres años, y es un punto de referencia sobre el éxito alcanzado por una familia que decidió creer en las bondades de una municipalidad como Hialeah.

Las opiniones e informaciones emitidas en esta sección no reflejan necesariamente la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad del patrocinante.

FUENTE: REDACCIÓN
 

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