Jorge emigró junto a su familia en 1996. Aunque se adaptó con rapidez a su nueva vida, reconoce que durante la adolescencia no tenía claro cuál sería su futuro.
“Me vi en Miami y no sabía exactamente qué iba a hacer. Estaba un poco perdido; no tenía enfoque”, dijo en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.
Su vida cambió tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. La influencia de Jesús Vilas, veterano de la Marina estadounidense, y la orientación del sargento Lugo, un reclutador del Army (Ejército), despertaron su interés por la carrera militar.
“Me dijo: 'Me voy a hacer cargo de ti y te voy a poner en un buen camino'”, recordó sobre Lugo, quien lo encaminó hacia la aviación militar. “Me dijo: 'Me voy a hacer cargo de ti y te voy a poner en un buen camino'”, recordó sobre Lugo, quien lo encaminó hacia la aviación militar.
A los 17 años se enlistó en el Ejército y se formó como técnico de mantenimiento de helicópteros AH-64D Apache. Con el tiempo ascendió hasta convertirse en supervisor de mantenimiento y suboficial.
Mientras muchos jóvenes comenzaban la universidad, Jorge cumplía 19 y 20 años desplegado en Irak. Durante un despliegue de 15 meses asumió la responsabilidad del mantenimiento y la disponibilidad operativa de nueve helicópteros Apache, con un valor aproximado de 120 millones de dólares, además de supervisar y entrenar a otros soldados.
“Regresé de Irak con 21 años y todavía no podía ni tomarme una cerveza en un bar”, comentó entre risas.
Aquella experiencia marcó para siempre su forma de entender el liderazgo.
Propósito, oportunidad y consistencia
Para Jorge, el éxito no responde a fórmulas complejas, sino a tres principios que han guiado cada etapa de su vida.
“El primero es tener un buen entendimiento de cuál es tu propósito. El segundo es identificar y aprovechar las oportunidades, sin dejar que el miedo te limite. El tercero es hacer todo con consistencia”, explicó.
Como indicó, el propósito le permite enfocar las capacidades hacia una misión; la oportunidad demanda preparación e integridad para actuar incluso en medio de la incertidumbre; y la consistencia transforma las decisiones en resultados a través del trabajo diario.
“Los tres ingredientes de mi receta siempre han sido propósito, oportunidad y consistencia”, planteó.
Del campo de batalla a la industria aeroespacial
La experiencia adquirida en el Ejército abrió las puertas a una carrera internacional en el sector aeroespacial y de defensa.
Tras dejar el servicio activo, trabajó en Afganistán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Estados Unidos, donde entrenó a técnicos militares en sistemas Apache y participó en la formación de más de 35 pilotos del programa de Emiratos Árabes Unidos.
Posteriormente, ocupó puestos de liderazgo en compañías como Boeing, Avidyne, Thales Avionics, Parry Labs y Frontgrade Technologies, combinando experiencia técnica con el desarrollo de negocios y estrategias de crecimiento para programas de defensa.
Entre sus logros destaca haber recibido un Boeing Pride Award por iniciativas que generaron aproximadamente dos millones de dólares en ahorros para un cliente.
Más adelante lideró estrategias comerciales para programas valorados en decenas de millones de dólares y administró carteras de oportunidades superiores a los 800 millones de dólares para algunas de las mayores empresas del sector, entre ellas Lockheed Martin, Northrop Grumman, RTX, Boeing y BAE Systems.
Su principal fortaleza, explica, consiste en identificar tecnologías con potencial y convertirlas en programas financiados.
AOG Pro: ayudar a las empresas a crecer
En 2026 decidió dar un nuevo paso y fundó AOG Pro, una firma especializada en asesorar a empresas de los sectores aeroespacial, defensa y tecnologías de uso dual que cuentan con productos innovadores, pero necesitan apoyo para acceder al mercado gubernamental y escalar su crecimiento.
“Si eres una empresa de tecnología y creas algo que pueden utilizar los soldados o los marines, eso no significa que tu equipo tenga el talento necesario para capturar ese negocio”, señaló.
La empresa combina asesoría estratégica, análisis de mercado, captura de contratos, posicionamiento tecnológico, desarrollo de alianzas y apoyo comercial para ayudar a sus clientes a transformar innovaciones en programas operativos.
El nombre de la compañía proviene del término aeronáutico Aircraft on Ground (AOG), utilizado cuando una aeronave permanece fuera de servicio y requiere atención inmediata.
“Cuando un helicóptero estaba AOG, uno hacía lo que tenía que hacer para arreglarlo. Le dedicaba los mejores recursos posibles”.
Esa misma lógica la trasladó al mundo empresarial: ayudar a las compañías a pasar de una situación crítica a estar plenamente preparadas para cumplir su misión.
Pensando en el futuro de Cuba
Aunque salió de Cuba siendo niño, Jorge mantiene un fuerte vínculo con la isla y espera poder contribuir algún día a su reconstrucción.
“Todo el mundo que tiene raíces cubanas tiene esa conexión. Eso nunca se pierde”.
Su mayor interés estaría en participar en la recuperación de la infraestructura crítica del país, especialmente en los sectores de energía, transporte, aviación, puertos y conectividad.
“Para todo se necesita energía: para los hospitales, para las escuelas y para los aeropuertos. Tiene que ser sostenible y escalable”.
Considera que una futura reconstrucción deberá basarse en procesos rigurosos, planificación y soluciones tecnológicas, dejando atrás la improvisación. También cree que uno de los mayores activos del país sigue siendo el talento de los cubanos: “La creatividad es hija de la escasez. Esa mentalidad es un chip que todos los cubanos traemos”.
Su visión pasa por conectar ese talento con la experiencia, la tecnología y el capital acumulados por la diáspora.
Una misión para cada etapa de la vida
Jorge reside en Florida, junto a su esposa y sus dos hijas. Es licenciado en Administración del Mantenimiento Aeronáutico por Liberty University y tiene una maestría en Administración de Empresas del Florida Institute of Technology.
Cuando conversa con jóvenes interesados en seguir un camino similar, suele recordarles que los resultados visibles son el producto de muchos años de esfuerzo.
“Si quieres tener lo que yo tengo, tienes que estar dispuesto a hacer lo que yo he hecho”, zanjó.
Como aclaró, no todos necesitan vestir un uniforme, pero sí encontrar una misión que dé sentido a su vida: “No necesariamente tienes que ser soldado, pero sí tienes que hacer algo”.
Tres décadas después de haber llegado a Estados Unidos siendo un niño inmigrante, Jorge Buergo-Hernández aplica el rigor que aprendió en el Ejército, y esa misma filosofía impulsa hoy su empresa, al tiempo que alimenta su deseo de contribuir, algún día, a la reconstrucción de Cuba.
“Todo fue bien luchado. Las lecciones que aprendí en el Army las sigo aplicando hasta el sol de hoy”, concluyó.