viernes 10  de  abril 2026
ODISEA

Joven cubano fue víctima de vejaciones en viaje a EEUU (Parte II)

Sintiéndose inmensamente bendecido de estar en Miami, Andrés Enríquez Urrutia asegura que no dudaría en repetir esta dura travesía hacia la libertad, así le costara la vida

Durante las 72 horas que Andrés Enríquez Urrutia permaneció en la prisión de Tapachula, México, este hombre que venía en camino de una difícil y accidentada travesía pensó que podía a morir.

El joven cubano se encontraba retenido cerca de la frontera entre México y Guatemala, rodeado de presos comunes a pesar de que nunca antes había pisado una cárcel, además se había contagiado con el dengue.

“Todos esos días me los pasé con fiebre, dolores en las articulaciones y en los ojos, con el cuerpo decaído. Tapachula tiene muy malas condiciones para los presos, al menos para los cubanos. Yo soy diabético, y solamente al segundo día el médico de inmigración me atendió.  Necesito estar constantemente comiendo dulces. Nunca tuve la prioridad de un discapacitado”, contó Enríquez durante su entrevista a DIARIO LAS AMÉRICAS.

La odisea

Después de salir de Pasto, en Colombia, Enríquez había llegado a la ciudad de Necoclí, en la misma nación sudamericana, donde  con la ayuda de algunos de sus compatriotas logró reunir 200 dólares para coger una lancha, junto a otro grupo de 13 cubanos rumbo a Playa La Miel, ubicada pasando la frontera entre Colombia y Panamá. Sin embargo, la embarcación dejó a los viajeros cerca de la orilla de Capurganá, todavía en terrorio colombiano, desde donde tendrían que caminar hasta su destino.

“Había que subir una loma. Adelante iba la mitad del grupo y atrás  el resto, que fueron los que me iban ayudando a subir la loma. Al bajar, a la mitad,  fue donde me caí y sufrí mucho daño físico. Llegué sin comer, sin bañarme”, relató.

En Playa La Miel, Enríquez fue embarcado en una lancha con mujeres embarazadas y niños pequeños hacia Puerto Obaldía, en Panamá, donde el joven asegura que se quedó primero trabajando por tres semanas para adquirir algo de recursos.

Sumando dólares

“Ahí conocí a la señora Candé, que ahora es como mi abuela. Me ayudó muchísimo. Tuve que limpiar baños, arreglar cuartos, como si fuera del personal de mantenimiento. A los 21 días ya tenía 108 dólares reunidos para el pasaje, y me quedaban otros 30”, dijo.

Luego, Enríquez cuenta que se dirigió hacia Ciudad de Panamá, donde consiguió un empleo bajo las órdenes de Yors, a quienes los cubanos se refieren como “Patrón”.

“Actualmente Yors tiene más de 500 cubanos trabajando ahí, que vienen en la travesía para EEUU, pero que no tienen dinero. Con él se gana 120 dólares a la semana, pero ese hombre es muy bueno, es cristiano, Dios me lo bendiga. A mí no me puso a hacer un trabajo fuerte, como construcción, sino que me dejó en el lavado de llantas”, afirmó.

Dificultades

Cinco semanas después, Enríquez salió hacia Costa Rica, donde abordó un autobús con rumbo a Nicaragua, país en el que le exigían 81 dólares por un salvoconducto que le permitiera pasar legalmente hacia Honduras. Aunque varios de sus compatriotas tuvieron que permanecer en Nicaragua, como contaba con el dinero necesario para el trámite, él sí pudo continuar su travesía.

Ya en Honduras, pasó 10 días en el pueblo de Choluteca mientras esperaba a que le procesaran el salvoconducto, que necesitaba para ingresar a Guatemala.

“Me ayudaron muchísimo los vecinos. Pagué sólo los primeros cinco días de renta, luego me lo dieron gratis. Igual con la comida. Me daban refrescos, me daban dulces porque sabían que soy diabético”, relató.

Tras llegar a la frontera con Guatemala, el grupo de cubanos que viajaba con Enríquez permaneció retenido por 24 horas, pues las autoridades les negaron el pase.

“No nos querían dar acceso, y nosotros dijimos que no íbamos a regresar. La policía nos montó en un bus y nos llevó a un centro de retención, donde miembros de una iglesia nos dieron desayuno, almuerzo y comida”, narró.

Finalmente, los oficiales cedieron el paso al grupo. Enríquez entonces atravesó Guatemala hasta Tapachula, en la frontera con México. Sin embargo, el cuerpo policial de inmigración mexicana estaba dando el alto a todos los vehículos que cruzaban, muchas de las cuales llevaban cubanos. El joven recuerda que al bajar con su pasaporte en la mano, lo llevaron a la prisión, donde permaneció 72 horas preso y adquirió el dengue.

“Cuando salí de Tapachula, tenía que tomar un bus que vale 158 dólares. Ahí estaba una mexicana cuyo nombre no recuerdo. Su jefe estaba en otro lado, y ella lo representaba. Yo hablé con ella, le dije que no tenía ‘plata’. Me cobró casi nada por el bus hasta Matamoro. Cuando entro a Matamoro, México, los cubanos que estábamos ahí pagamos 100 pesos mexicanos por el taxi. Cuando llego a suelo estadounidense, fueron otras las atenciones. Es gracias a inmigración que  pude llegar a Miami, pero fui uno de los últimos en salir, porque no tenía amigos, dirección fija que dar, ni nada”, dijo.

Finalmente, un refugio

“Me dieron la dirección de la organización Church World Service, donde tuve que dormir cinco días en el piso con unos cartones, porque ellos estaban llamando a todos los refugios, y no contestaban las llamadas. Permanecí cinco días sin bañarme. Si llovía, me mojaba. Lo único que quería era poder dormir en una cama”, contó.

Sin embargo, después de tantas vicisitudes, el joven cubano encontró refugio en Miami, y dijo que se siente agradecido por todas las bendiciones que recibió durante su viaje.

“Si yo tuviera que volver a hacer esta travesía para poder estar en tierra de libertad, lo volvería a hacer, así me costara la vida”, puntualizó. 

Enríquez está sólo en Miami sin familiares, tampoco tiene allegados. Quienes se interesen en ofrecerle ayuda, pueden contactarlo a través del teléfono 305 726 9709.

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