DORAL. – Mientras revisaba Diario Las Américas, en medio de la pandemia, Tomás Figueroa Vargas con apenas 15 años se enteró de los cursos gratuitos de panadería que ofrecía Pamela Rojas en sus redes sociales. Junto a su mamá y dos hermanos se inició en ese mundo. Durante varios meses aprendió a realizar panes de diferentes tipos, con variedad de harinas y texturas. Lo que no sabía Tomás es que lo que comenzó como una afición doméstica, tiempo después se convertiría en una actividad económica con la que puede pagarse sus clases de tenis y continuar con su sueño de ser un gran jugador.
Su historia está marcada por el esfuerzo, la constancia y la dedicación. Hace cinco años llegó a EEUU procedente de Cali, Colombia. Luego de pasar el proceso de adaptación que asegura le fue fácil, comenzó a buscar escuelas públicas que tuviesen equipos de tenis y así llegó hasta el Ronald Reagan High School en Doral. Ser aceptado en el club de tenis lo llenó de alegría, pero en 2020 la pandemia lo alejó de las canchas.
“Estábamos encerrados y comenzamos a participar en los cursos en vivo de @sunflowerbakery0910. Aprendimos varios panes típicos de Venezuela que no conocíamos. Hicimos alfajores y me encantaron. Por lo que comenzamos a practicar en la casa todo el tiempo. Hicimos panes dulces y salados. Rellenos con queso o con jamón. Esos que llaman cachitos. Hicimos galletas en varias oportunidades”.
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Tomás Figueroa Vargas decidió vender galletas para poder pagarse sus clases de tenis.
CORTESÍA /Familia Figueroa Vargas
Cuando la pandemia permitió abrir algunas actividades, Tomas de inmediato buscó continuar sus clases de tenis, pero se encontró con la sorpresa que debido a las medidas de distanciamiento social las clases tenían que ser casi privadas, es decir, solo dos jugadores en cancha. Además, en la medida que iba mejorando su nivel de juego, requería un entrenamiento más personalizado.
Su madre comenta que tuvieron que informarle que debido a las reducciones económicas ya no podrían pagar por sus clases privadas para que él siguiera practicando. Tomás asegura que en ese mismo momento comenzó a pensar en lo qué podía hacer para ganar dinero y de inmediato recordó las galletas.
Comenzó practicando los dulces, los salados, las texturas, los rellenos hasta que logró una receta que le agradaba en sabor y con el apoyo siempre de su madre inició la venta de algunas pruebas, para conocer si eran del gusto de sus consumidores. Cuando los clientes repitieron el pedido entendió que esa podía ser la vía para pagar sus clases, aunque estaba seguro, si le faltaba dinero su madre le completaría.
“Me ha ido bien” asegura con modestia. “En diciembre vendí bastante porque muchas personas las tomaron como regalo. Ahora se entregan en cajas decorativas que sirven para que los clientes puedan entregarlas así mismo como un obsequio. Como no tengo cuenta bancaria lo hago a través de la de mi mamá, por aquello de los impuestos”.
Indica que tiene una meta para la venta de sus galletas, ya que debe poder pagar los 200 dólares cada cuatro semanas de práctica. Ya abrió su cuenta en Instagram (@timas_691) y mientras cada semana van aumentando sus pedidos, está planificando nuevos sabores para ofrecer en todas las fechas célebres que vienen a partir de febrero. “Estoy buscando para hacer recetas con chocolate para el Dia de los Enamorados, que ya me han pedido. Ahora me sorprendo porque sé de harinas, mantequillas, marcas de azúcares que antes no tenía ni idea”.
Un joven diferente
Tomas Figueroa está preocupado por el planeta, por la política de Estados Unidos, por Colombia. Se interesa con lo que pasa en América Latina y en el mundo, y confiesa que no tiene redes sociales personales. “No me gusta perder el tiempo en las redes sociales. La única red social que tengo es el Instagram, pero de las galletas y es para promocionar el producto. A mí me gusta ver a mis amigos, hablar con ellos en persona o por video llamada. Así es mejor que usando las redes sociales. Solo tengo una cuenta en Twitter pero para leer las noticias, no escribo nada allí”.
Su preocupación por el medio ambiente lo hizo apuntarse como voluntario en el Zoológico de Miami. Cumplió con los requisitos y comenzó su trabajo. Tras el cierre del Zoo hizo entrenamiento por vía video y hace pocos fines de semana comenzó a cumplir su función dentro del parque.
“Es una experiencia maravillosa. Le explico a los visitantes lo importante que es la conservación y el cuidado de los animales. Creo que todos los jóvenes deberían vivir una experiencia como ésta porque uno se vuelve más sensible hacia la naturaleza”.
Tomás sabe lo que quiere. Jugar al tenis y estudiar ingeniería de sistemas como su papá. Ya se apuntó en el programa especial del Miami-Dade College para terminar el high school con clases avanzadas y así entrar más rápido a la universidad. “Me dicen que parezco mayor, que no aparento mi edad. Siempre me he llevado bien con la gente y logro la confianza de los que me rodean. Como me gusta la política, quién quita que llegue a ser alcalde de la ciudad. Y porque no, gobernador del estado”.