¿Le preocupa el impacto que causa en el medio ambiente? ¿Prefiere alimentos basados en plantas? Nabati Ice Cream, una peculiar heladería en Wynwood, Miami, es un oasis para aquellas personas que aman los helados, pero tienen estilos de vida o restricciones médicas que les impiden darse ese gusto.
Por eso, en esta heladería, los veganos, los intolerantes a la lactosa o al gluten, quienes no ingieren azúcares refinados, preservantes o ingredientes artificiales, pueden deleitar su paladar con gran variedad de sabores naturales. No se usan plásticos, solo materiales biodegradables, de modo que no generan basura contaminante para la ciudad. Y si lleva su propio recipiente, recibe un descuento. Tentador, ¿no?
Ola Kayal, cuyas raíces son de Arabia Saudita, fundó esta heladería en 2019, y ni la pandemia ni el escepticismo han logrado opacar su sueño. En charla con DIARIO LAS AMÉRICAS, la joven emprendedora contó cómo su pasión por la cocina le llevó a explorar una dieta libre de toxinas y crear su heladería Nabati, que en árabe significa “a base de plantas”.
Ola Kayal, fundadora de Nabati Ice Cream
Ola Kayal, fundadora de Nabati Ice Cream, una peculiar heladería en Wynwood, Miami.
Cortesía/Ola Kayal
Cuando era una niña, alrededor de los 10 años, Ola se acercó al mundo de la cocina gracias a un regalo de su padre, quien le construyó una cocinita para que horneara pasteles. “Siempre que era el cumpleaños de un amigo, le hacía un pastel”, recordó.
“Mi papá volvía después del trabajo, olía el pastel y se emocionaba al probarlo. La primera vez que le dije que el pastel era para el cumpleaños de un amigo, se sorprendió. La próxima vez que hice un pastel para llevar, ¡tuve que hacer dos! ¡Uno para la casa y otro para mi amigo!”, explicó la joven, quien reconoció que en ocasiones el dulce no duraba hasta el día siguiente.
Ese talento natural se fue perfeccionando con los años, hasta demostrar que tener su propio restaurante y “hacer postres saludables y deliciosos es la evolución de mi sueño de la infancia”. Con ese propósito, estudió Negocios Sostenibles en la Escuela de Negocios Lausanne (en Suiza), y obtuvo una segunda licenciatura en la Academia de Artes Culinarias en Suiza.
Como “ciudadana del mundo” y en busca de nuevos sabores y estilos, trabajó en varios sitios, como en un restaurante de tres estrellas Michelin en Suecia, después en Macao (sudeste asiático), y en el restaurante vegano Farmacy, en Londres, donde comenzó a explorar la cocina basada en las plantas.
Ola siempre se ha sentido responsable de brindar opciones sanas y reducir el impacto en nuestro planeta. Por eso, destacó que se ha desafiado a sí misma para seguir un estilo de vida de cero desperdicios, y fiel a sus principios de comer solo productos vegetales, pues “es la dieta más sostenible hoy en día, ya que la agricultura animal es el contaminante número uno”. Fue así como su negocio partió del respeto hacia el medio ambiente y el amor por la cocina, justo las dos carreras que estudió.
¿Cómo llegó a abrir su negocio en Miami? Pura casualidad. En 2018 Ola estaba de visita en la ciudad celebrando el cumpleaños de su madre. Mientras compartía con familiares y amigos en la playa, un amigo de su padre le animó a desarrollar su proyecto de helados veganos. Así que dejó su trabajo en Londres, hizo las maletas y se instaló en Miami.
Al igual que muchos empresarios que optan por mudarse a la Ciudad del Sol para hacer florecer sus negocios, Ola afirma que “hay muchas oportunidades en Miami. Es fácil ser el primero, ya que el mercado está ligeramente por detrás”. También, agregó, “es muy desafiante, ya que es un lugar transitorio donde la gente entra y sale”.
Con la llegada de la pandemia y los cierres, la emprendedora se vio sola y en medio de la incertidumbre. Cuando otros estaban con sus familias, ella hizo todo lo posible para mantener vivo su negocio. “No fue fácil. Perdí a mis empleados y comencé a hacer entregas a domicilio en todo Miami. Todavía no hemos logrado salir adelante. Hacer crecer la marca sigue siendo difícil cuando lo haces todo tú mismo”, indicó Ola, que lleva casi dos años sin ver a su familia.
Pero los sabores de sus helados le hacen sonreír y seguir luchando. Una de sus ofertas favoritas, y que se relaciona con la Ciudad del Sol, es “la bola de oro”, que además de sabrosa, eleva el sistema inmune, pues contiene jengibre, cúrcuma, canela y coco. “¡El color amarillo es lo suficientemente brillante como para iluminar tu día!”, aseguró Ola.
Asimismo, mencionó el sándwich de helado y las tartas de celebración personalizables para cualquier ocasión. Además de las típicas bolas de helado, Nabati ofrece smoothies o batidos, agua con infusión de CBD, té kombucha, postres y otras variantes naturales y coloridas en un lugar donde se crea conciencia mientras se reinventa el significado del helado.
Ola Kayal dice estar agradecida porque, a pesar de que ha sido un año difícil, no ha dejado de confiar en su sueño. Los elogios de los clientes le dan fuerzas para seguir creciendo. Su satisfacción es ofrecer este tipo de helado a personas que no lo han probado durante décadas por determinadas cuestiones de salud, o a algunos niños que nunca lo han comido debido a alergias. “Eso me hace sentir que vale la pena, que tengo un propósito en la vida para marcar la diferencia”, resaltó.
“¡Por ahora estoy salvando al mundo una cucharada a la vez! Lo que más me gusta escuchar es que después de Nabati es difícil comer otro helado, porque se siente bien mientras lo comes, y después te hace sentir aún mejor: sin hinchazón, sin dolores de estómago, solo sensación pura, ¡felicidad!”, acotó.
Nabati Ice Cream es una heladería vegana en Wynwood, Miami.
En Nabati Ice Cream no se usan plásticos, solo materiales biodegradables, de modo que no generan basura contaminante para la ciudad.
Cortesía/Ola Kayal