La abogada de inmigración y doctora en Ciencias Jurídicas María Herrera Mellado es una mujer excepcional. Los valores caritativos y de integridad que aprendió de sus padres y en el colegio católico de España donde estudió, los pone en práctica en el ejercicio de su profesión y los combina con su activismo político, sin dejar de un lado su jovialidad ibérica.

La joven carismática es además la vicepresidenta de la Asamblea Hispana del Partido Republicano en Miami y la coordinadora del partido español VOX en el sur de Florida. Te observa fijamente al hablar sin ningún titubeo; es directa, segura de sí misma. Sus gestos y coherencia denotan firmeza y fortaleza, pero a la vez una extrema dulzura y sensibilidad.

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María es apasionada y con un alto sentido de la solidaridad humana. Nadie se atrevería a cuestionar su elegancia física, pero tampoco anteponerla a su refinada educación, dominio lingüístico, talento e inteligencia.

¿Qué momentos marcaron tu destino?

Yo quería ser política europea. Me gustaba la Unión Europea (UE) y llegar a Bruselas; y lo conseguí. Trabajé en la oficina de la Comisión Europea, donde hice mis prácticas en la Oficina Antifraude. Pero antes de comenzar en la UE hubo dos experiencias que cambiaron mi vida.

La primera, llegar a hacer prácticas en Naciones Unidas, en la Oficina por los Derechos de la Mujer. Me encantó estar allí junto a 196 estudiantes de todo el mundo. Fue una vivencia sumamente provechosa. Me di cuenta de que el derecho internacional, incluso en el ámbito de la mujer era precioso, y quería defender y ayudar, pero no dentro de Naciones Unidas, sino directamente y sin burocracia.

La segunda, fue obtener una beca en Tampa en la Universidad de Stetson. Ahí, un abogado puertorriqueño, especializado en inmigración, Arturo Ríos, habló conmigo y me dijo que tenía mucho potencial porque hablaba varios idiomas, había estudiado y viajado por diferentes partes del mundo y me veía la pasión por ayudar.

Definitivamente, lo que acabó de impulsarme a entrar en esta profesión y dedicarme a inmigración, pero sobre todo al tema humanitario en la frontera fue que terminé en la Universidad de Tucson, Arizona, y ahí fui parte de la clínica en la que se ayudaba a las víctimas de tráfico humano; muchas hispanas que eran llevadas a través de la frontera y las dejaban en casas.

Hablo de decenas de miles de mujeres en casas en Arizona donde las prostituían, las drogaban, las obligaban a robar, las vendían. Esa fue la experiencia más importante de mi vida porque, aunque fue dura, también fue la más gratificante. Como hispana podías dialogar con una mexicana, salvadoreña u hondureña; católicas, cristianas, y se abrían contigo como mujer. Te decían lo que jamás le hubieran dicho a una persona de otra cultura ni a un hombre, si la habían violado o la prostituían. Te decían quién o quiénes les habían arrebatado a sus hijos… y yo era la clave para devolverles la libertad.

¿Quién ha incidido más en tu vida profesional?

Mis padres. Mi madre más porque ella también se dedicó a las funciones públicas en las más altas instancias del gobierno de España, siempre con predilección por los niños, por ayudar a las mujeres; mi padre era banquero, así que mi mentalidad empresarial llega por mi padre y mi corazón por el lado de mi madre”.

¿Cómo defines la vida de una mujer joven, abogada de inmigración y con tanta responsabilidad en la vida de otros?

Como eso, como una gran responsabilidad y a la vez un privilegio. Yo he luchado para estar en esta situación privilegiada. Tengo seis títulos universitarios. He vivido y trabajado en cinco países diferentes, he aprendido cuatro idiomas y en este punto me siento privilegiada, porque puedo ayudar a muchas personas a cambiar el rumbo de sus vidas, entrarlos a este país; los puedo orientar a que tengan mejores oportunidades e, incluso, salvar a víctimas de tráfico humano.

Me siento en una posición de liderazgo y con la capacidad de influir en miles de personas. Eso para mí es un lujo, por eso me dedico no sólo a llevar mi despacho, sino al ámbito político y de la educación para que las personas abran no sean engañadas.

Se puede estar a favor del derecho a la vida, del derecho a las fronteras seguras, de la libertad económica y a la vez ser humanitario, con espíritu servidor y creer en la caridad.

¿Las decisiones en tu camino profesional te han robado tu vida privada?

No, en absoluto. Yo creo que las decisiones que he asumido en mi carrera profesional no guardan relación con tener o formar una familia. Yo creo que está vinculado a quizás no haber encontrado a la persona idónea antes para crear una familia; pero no, no me arrepiento. Ahora todo es posible. Soy creyente, soy católica, creo que este es el camino que Dios tenía para mí. Sí me duele ver cómo muchas jóvenes catalogan el embarazo como una enfermedad u obstáculo en la vida. Hay madres de siete hijos que son capaces de trabajar y haber estudiado igual o más que yo.

La vida me ha puesto en este camino y no me gusta que piensen que para llegar a donde estoy yo ahora hay que renunciar a la familia y a tener hijos, eso es absolutamente falso.

¿Estados Unidos te ha dado la oportunidad de cumplir todas tus aspiraciones?

En este país he cumplido todos mis sueños. Yo era desde joven una persona ambiciosa (en el mejor sentido), segura de mí misma, siempre en busca de la independencia, y tenía mis metas.

Llegué en el 2008 y a los tres meses de estar en EEUU, me eligieron en el mejor equipo de la universidad de Stetson para ir a Hong Kong; en el cuarto mes ya tenía mi trabajo en un despacho de abogados. Monté además el Tampa Bay Asylum Refugee And Immigration Center (Centro de Inmigración y asilo a refugiados).

¿En la sociedad te juzgan como mujer íntegra, fuerte, intrépida o como la mujer sensible, dulce y carismática?

Me gusta que me vean como una mujer de principios, fuerte, independiente y me parece que la mujer estadounidense es admirable. Si aspiramos a un supuesto feminismo que debería ser la igualdad, no la supremacía ni la desigualdad, yo creo que la mujer tiene que ser responsable de su futuro, independiente, fuerte. No es mi ideal una mujer acomodada, que dependa de su pareja o de un tercero. Mira, la verdad es que la gente me muestra mucha admiración y sobre todo aquí en Florida, donde adoran a los españoles también”.

¿Qué valor le das a la hispanidad en EEUU?

Los hispanos somos familiares, caritativos, tenemos valores y principios que son importantísimos para defender a esta nación.

Ahora vemos avance del “marxismo cultural” y la falta de identidad en muchos jóvenes estadounidenses; el hispano por lo general sí tiene esa identidad. Y eso se replica en los peruanos, los colombianos, argentinos, cubanos, porque tenemos una cultura y una historia envidiables. La cristiandad y el amor por la familia nos unen. Yo creo que será fundamental que no perdamos eso. Y uno de mis objetivos es inculcar a los jóvenes que esa esencia no la pierdan, porque puede ser la clave para defender a esta gran nación.

lmorales@diariolasamericas.com

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