Miami crece, deslumbra y hoy ocupa titulares en todo el mundo. Pero tras la postal de rascacielos, inversiones millonarias y fama global, existe otra Miami: la de quienes destinan hasta el 80% de su salario solo para pagar la renta; la de quienes pasan entre tres y cuatro horas al día en el tráfico para ir y venir de sus empleos; la de quienes, a pesar del cansancio y los desafíos, siguen creyendo que en la Ciudad del Sol aún vale la pena luchar por un futuro.
Entre ambas ciudades, entre la Miami celebrada y la Miami invisibilizada, camina el Dr. Eduardo Padrón con un nuevo reconocimiento en sus manos, el Beacon Awards, otorgado por el Beacon Council, una de las organizaciones más prestigiosas del sur de la Florida.
“Los premios se agradecen, pero lo más valioso para mí es saber que pude ayudar a otros. Eso no tiene precio. Eso es lo que más satisfacción me ha dado en la vida”, dijo el presidente emérito de Miami Dade College durante una entrevista exclusiva concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS.
“Siempre pienso que hay otros que lo merecen más que yo”, agregó. Sin embargo, el Beacon Council no lo eligió solo por una trayectoria académica brillante, sino por todo lo que su vida y obra representan: el inmigrante que llegó sin nada, el estudiante que tocó puertas hasta poder estudiar, el educador que convirtió a Miami Dade College en una institución “hecha por y para los inmigrantes”, y el líder que transformó miles de vidas.
Por lo que más que un homenaje, su premio es un espejo de la ciudad que él ayudó a construir.
“Miami me abrió las puertas. Yo vine muy joven, con un hermano menor. Ese día me convertí en padre. No fue fácil… pero pude estudiar. Estudiar fue lo que me salvó”, dice con la certeza de quien vivió la historia desde el suelo. Por eso hoy, más que celebrar su trayectoria, habla de responsabilidad: “Lo que yo recibí, tenía que devolverlo. Esa fue mi promesa desde el principio”.
Motor de una transformación
El Dr. Eduardo Padrón confiesa que jamás imaginó ser educador. Estudió economía para trabajar en una gran corporación. De hecho, la tenía y había sido reclutado por ellos. Pero una visita a sus exprofesores cambió su vida para siempre. “Y un año como profesor. Solo un año. Ese era el plan”, recordó Padrón, hoy reconocido como uno de los referentes educativos más admirados del país. Hecho que lo hizo merecedor de la Medalla de la Libertad, el más alto honor civil que entrega el gobierno de EEUU.
Miami Dade College se convirtió en un puente. Sus estudiantes hoy son médicos, arquitectos, abogados, técnicos, psicólogos. Y muchos fueron los primeros profesionales en la historia de sus familias.
“A veces voy por la calle y alguien me para… y me dice: ‘Gracias, doctor Padrón, porque gracias a esa institución yo soy lo que soy’. Ese es mi mayor premio. Ese… y los que todavía no sé que ayudé”, dijo conmovido.
Disyuntiva urgente
El Dr. Padrón reconoce que admira el crecimiento de Miami. Lo celebra y aplaude, pero también lanza una alerta: “¿Puede una ciudad ser global sin ser justa? ¿Puede ser moderna si es tan desigual?”.
“Hemos visto mucho progreso, pero el progreso solo existe cuando todos sus ciudadanos pueden disfrutar de sus frutos. Y eso hoy no está pasando en Miami. Y hablo de viviendas inaccesibles, de rentas que se triplican, de trabajadores que viven a dos o más horas de su empleo por el tráfico, de madres que necesitan cupones de comida para alimentar a sus hijos. Ese contraste es nuestro mayor reto”, reflexionó Padrón, dejando claro que finalizar su presidencia en Miami Dade College no significó un retiro, más bien lo opuesto.
“Cuando anuncié mi salida, empezaron las llamadas. ‘Necesitamos tu ayuda’. Y sigo trabajando. En lo público y en lo privado. En Miami y fuera de Miami. No me he retirado porque el trabajo no ha terminado”.
Es por eso por lo que viaja cada semana a ciudades como Boston, Chicago, Washington, Atlanta, Nueva York. Va donde pueda seguir generando impacto. Porque para él, su vocación sigue intacta. Más aún: ahora es más libre para ejercerla.
Un llamado a despertar
Una de sus iniciativas actuales, ‘Cuatro voces, un Miami’, -aseguró- no es un movimiento partidista ni un reclamo político. Es “un acto de conciencia”.
“Este proyecto llama a reflexión y deja claro que los inmigrantes no son un problema, al contrario, son el motor de esta nación. Pienso que la polarización política daña más que cualquier crisis económica, y me preocupa que la dignidad humana sea vista como un tema de debate. Estados Unidos sigue siendo una luz, pero necesita reencontrarse consigo mismo”, reflexionó.
¿Cuál es el propósito de Cuatro voces, un Miami?
“Esta campaña no es contra nadie. Es a favor de la gente que vale, que trabaja, que vino a contribuir. Los inmigrantes son el futuro de Miami. Lo han sido desde el primer día. Este país fue creado por ellos”.
Cuando se le pregunta si tiene miedo por lo que ve en Estados Unidos, responde con firmeza:
“Yo soy optimista. Creo que estamos pasando por una crisis de confusión. Pero tengo fe en el pueblo americano. Las aguas van a calmarse. Y vamos a volver a disfrutar todo lo que significa este país”.
Para el doctor Padrón, el Miami de dentro de diez años dependerá “de ti, de mí. Depende de todos. No de los políticos: de los ciudadanos. Si no nos unimos, el progreso no servirá de nada. Pero si lo hacemos… Miami tiene un potencial enorme”.
Padrón no se ha jubilado. No podría hacerlo. No con tanto por decir, defender y agradecer. Su historia lleva medio siglo escrita, pero todo indica que apenas está comenzando un nuevo capítulo.
“Creo que este país todavía es la envidia del mundo. Pero sólo lo seguirá siendo si somos capaces de vernos como iguales. Todos queremos lo mismo: lo mejor para nuestras familias. Y eso es lo que debemos cuidar y proteger”.
El Dr. Eduardo Padrón puede por su hacer considerarse una conciencia colectiva. Y esa, quizá, será su huella más profunda.
Su cuenta de Instagram @eduardoj.padron.