Los analistas coinciden en algo: Ron DeSantis era un congresista desconocido en la Florida y resultó electo para ocupar la silla de gobernador de la Florida en gran parte por el apoyo proveniente del presidente Donald Trump.

El hecho fue evidente en las encuestas desde el momento en el que un tuit presidencial incrementó la popularidad del precandidato que disputaba la nominación republicana con el comisionado de agricultura, Adam Putnam.

De igual manera sucedió –coinciden- con el gobernador Rick Scott quien, a pesar de mantener una distancia táctica con la Casa Blanca, en el último tramo de la campaña decidió aceptar por completo el respaldo de Trump, después de que el Presidente lograra un triunfo en la polémica confirmación del juez y hoy magistrado de la Corte Suprema Brett Kavanaugh.

La batalla entre Scott y el ahora saliente senador demócrata Bill Nelson se extendió hasta la línea final y, tras un recuento manual, la distancia entre ambos fue de apenas 10.000 votos.

Para Fernand Amandi, de la firma encuestadora Bendixen & Amandi International, el gran problema que tuvieron el alcalde de Tallahassee y rival de DeSantis, Andrew Gillum, y Nelson fue no interpelar de manera contundente al electorado hispano. “No maximizaron su ventaja dentro del voto latino de la Florida, y estos votos representaron la brecha entre la derrota y la victoria. El electorado hispano fue determinante”.

No obstante, aún no se conocen todas las cifras y falta por lo menos un mes para saber la manera cómo voto cada grupo demográfico.

Pero fue evidente que desde el momento en que Scott anunció su candidatura al Senado federal, en el pasado mes de abril, intensificó su comunicación con la comunidad latina del sur y centro de la Florida. De igual manera sucedió con DeSantis, quien no sólo nombró a la representante estatal cubanoamericana Janette Núñez como su acompañante a la gobernación, sino que también se dio a la tarea de cortejar al voto cubano más conservador, representado en el exilio histórico y en un electorado un poco más joven que vota con disciplina por el Partido Republicano.

“Los demócratas deben reconocer que Trump es una fuerza política en Florida”, precisó Mike Hernández, asesor de comunicaciones de las campañas de Donna Shalala y Debbie Mucarsel-Powell, quienes derrotaron al representante republicano Carlos Curbelo y la candidata republicana al Congreso María Elvira Salazar.

La salud

En los distritos 26 y 27 para el Congreso federal, el tema del Obamacare fue clave.

De acuerdo con Hernández, las candidatas demócratas alinearon a sus contrincantes con Trump. “Era extraordinario ver cómo los dos candidatos republicanos se alejaron de Trump. El tema principal para los votantes era la reforma sanitaria. Curbelo votó para acabar con la reforma de salud sin reemplazarla por un plan mejor”.

En el ámbito estatal también fue importante el tema de la salud, pero había otras variables. Una de ellas ya es clara: la Florida tiene un poderoso voto rural, blanco y conservador, que respalda al Presidente Trump y sus aliados como DeSantis, y un voto urbano, también decisivo, que apoya las política del Partido Demócrata y sale a votar por los candidatos de ese partido.

En la Florida hay ocho condados demócratas y 59 republicanos, a juzgar por el resultado de la última elección.

Para Hernández, la clave del éxito en las presidenciales de 2020 será la posibilidad que tengan los demócratas de morderle una buena tajada (del 40% para arriba) a la base rural de Trump con una estrategia: “Hay que apoyar proyectos legislativos estatales y federales que ayuden a las personas de bajos ingresos en los condados rurales, a los campesinos y a los votantes que han concluido que Washington y Tallahassee se han olvidado de ellos”.

Hernández, quien también es vicepresidente de Mercury -una empresa internacional de relaciones públicas-, advirtió que en las próximas elecciones presidenciales los republicanos de Florida saldrán en masa a votar por Trump.

Fue precisamente el Presidente quien activó el voto blanco en el Estado del Sol en el último tramo de la campaña para la gobernación, la cual desde el principio -cuando se conocieron los candidatos por los dos partidos- estuvo marcada por las acusaciones de racismo.

“El factor racial sí fue un tema motivador para muchos votantes republicanos”, observó Hernández. Los candidatos desarrollan su estrategia de campaña basados en estudios. “Esos estudios mostraron que DeSantis debía mencionar de manera indirecta la raza de Gillum. Por eso se explican las llamadas telefónicas automáticas de grupos de supremacistas blancos localizados fuera del Estado. Fueron herramientas de una plataforma muy racista”, puntualizó el estratega demócrata.

Sistema electoral

Cuando las cifras mostraron que había seis campañas en la Florida que requerían recuento de votos, de inmediato vinieron los recuerdos de lo que el abogado Ben Kuehne calificó como “uno de los grandes colapsos del proceso de elecciones en la historia”, en referencia al caos que hubo en la Florida en el año 2000 con el litigio entre el candidato demócrata Al Gore y el republicano George W.Bush, quienes se enfrentaban por la presidencia de Estados Unidos.

Kuehne formó parte del equipo de abogados que asesoró a Gore. Éste, al final, debió reconocer su derrota después de que la Corte Suprema de Estados Unidos ordenara parar un recuento de votos. Bush ganó el estado por más de 500 votos y, por lo tanto, la presidencia.

Después del 6 de noviembre, y 18 años más tarde de esa debacle electoral, los condados de Broward y Palm Beach volvieron a ser el epicentro de las fallas y vacíos del sistema electoral.

Para Kuehne, hay cuatro elementos que se deben tener en cuenta a la hora de reformar y fortalecer el proceso de votaciones.

“Votar es en parte tecnología y Florida no ha invertido los recursos en ese campo con el fin de tener el equipo necesario. Dos, debe haber entrenamiento, el Estado no ha puesto el dinero para entrenar a su equipo y al público de manera adecuada. En tercer lugar, hay que tener el suficiente personal. Todavía las autoridades de elecciones no saben cuántas personas deben tener en los sitios de votación, así como en las oficinas. En esos tres puntos, Miami-Dade ha sido mucho más exitoso. Y eso se debe, en gran parte, a que se han invertido los recursos financieros en tecnología y educación”.

Según Kuehne, la “educación” se refiere a la concientización del electorado en cuanto al compromiso cívico que significa votar.

Pero este especialista en la ley electoral, que asesoró en todo el proceso de recuento a Nikki Fried (la nueva comisionada de Agricultura y Servicios al Consumidor), también ha entrenado a otros abogados en el tema del recuento. Es decir, “qué significa la intención del votante, cómo mirar la boleta electoral e identificar esa intención de acuerdo con las reglas; si ese voto imperfecto debe ser contabilizado o no. Ellos no pueden creer que a pesar de las instrucciones, los votantes gestionen sus boletas electorales sin tenerlas en cuenta. Cada vez que tiene que haber un recuento mecánico, o cada vez que se tiene un voto que no se procesó de manera correcta y no puede ser leído por la computadora, ese voto debe ponerse aparte y ver qué pasó y, por lo tanto, todo eso hace más lento el sistema”.

Las acusaciones

Para Kuehne la ley electoral no fue reescrita después de lo sucedido en el año 2000 de manera bipartidista.

“Los republicanos controlaban el Senado, la Cámara y la gobernación de Florida. Por lo tanto tenemos unas leyes que fueron desarrolladas en una atmósfera partidista. Y sus autores crearon una filosofía de todo el proceso electoral: los plazos deben ser obligatorios, es la meta más importante. Tener todo listo dentro de un periodo de tiempo muy corto. Eso podría ser un buen criterio pero el sistema no está diseñado para que de manera fácil se ajuste a esos cronogramas”, subrayó el abogado.

La noche del 6 de noviembre el candidato demócrata a la gobernación Gillum reconoció su derrota, no así el senador Nelson, quien perdía ante su oponente, el republicano Scott. También Matt Caldwell, el candidato republicano a comisionado de Agricultura, superaba a Fried por un estrecho margen.

Pero a medida que pasaron los días, las distancias entre los diferentes candidatos se acortaron a tal punto que se activó, primero, el recuento mecánico y después el manual, para la contienda al Senado federal.

“¿Cómo se puede explicar que hubo funcionarios públicos de alto rango que denunciaron, sin mostrar evidencias, que algunos votos no se debían contar porque eran fraudulentos y que sólo los votos que los beneficiaban debían ser contabilizados? ¿Eso beneficia a alguien? Por supuesto que sí. Es un hecho que hay mucha cobertura mediática y atención a nivel nacional, cuando las grandes figuras políticas, incluido el máximo funcionario de la nación, tratan de vulnerar y debilitar las votaciones. ¿Hay algún propósito para hacer eso? Por supuesto: convencer al electorado de que votar no importa, no tiene sentido. Eso suprime el voto”, subrayó Kuehne.

La pregunta del millón es si en el actual ambiente en Tallahassee habrá voluntad política para hacer cambios en las leyes electorales.

“Se trata de ampliar el sistema de tal manera que todas las personas habilitadas para votar lo puedan hacer, que sus votos sean escrutados, que el proceso de votación sea transparente y que cualquiera sepa que cuando su voto es contabilizado el proceso es confiable. No me interesa a qué partido pertenece o si es independiente, sólo quiero que vote. Porque entre más gente vote, más confiable va a ser el gobierno. La supresión del voto busca minimizar el efecto del sufragio”, explicó Kuehne.

Algunos especialistas afirman que se debe replantear por completo la expectativa que existe en la Florida sobre la rapidez con que se deben conocer los resultados, la misma noche de las elecciones. Hay ejemplos como el de California, en el que hay 21 días para que la gente pueda corregir (no cambiar) su voto por correo en el caso de que haya incongruencias entre la firma con que envió la boleta y la que está archivada en el registro electoral. Otros estados dan hasta tres y cinco días.

En la Florida no hay posibilidades de corregir los errores en los votos por correo. “Dado el volumen de la gente que vota hoy en día, no son reales esas expectativas de tener resultados la misma noche de las elecciones. Tal vez debiéramos tener diferentes expectativas. Tal vez saber los resultados dos días después, porque si hay cambios en el conteo, entonces algunos candidatos piensan que ha habido un engaño, un fraude”, puntualizó Kuehne.

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