sábado 21  de  febrero 2026
Mariel, 40 años

Mirta Ojito: "Es muy difícil sentirse de dos lugares a la vez"

Para Mirta Ojito, periodista, escritora, conferencista y portadora del Premio Pulitzer en 2001, los sucesos de Mariel continúan perfilando la política de inmigración entre Estados Unidos y Cuba 
Diario las Américas | JESÚS HERNÁNDEZ
Por JESÚS HERNÁNDEZ

Antes de que concluya este año de sucesos trascendentales, en el 40 aniversario del éxodo de Mariel, Diario Las Américas ofrece un homenaje a quienes llegaron a tierras de libertad durante aquel acontecimiento, que cambió para siempre la percepción del mundo respecto a la realidad de Cuba y sentó una impronta en el devenir del sur de la Florida.

MIAMI.- Entre las grandes figuras que destaca el aporte cultural del Éxodo de Mariel a Miami y el país resalta Mirta Ojito, periodista, escritora, conferencista y portadora del Premio Pulitzer compartido en 2001, que cuenta en su haber con el libro Finding Mañana: A Memoir of a Cuban Exodus (2005), en el que relata sus vivencias y apreciaciones sobre el histórico suceso de 1980.

Dicen que el paso de la vida ayuda a comprender los hechos.

Hoy, 40 años después, ¿Cómo percibe el efecto del tiempo sobre los recuerdos?

“Tal vez si yo no hubiera escrito ese libro, mis interpretaciones hubieran cambiado de cierta manera. Pero al haberlas escrito, al haber puesto esas memorias en papel, en blanco y negro, ya están ahí”, aseguró la escritora, que zarpó de Cuba cuando apenas tenía 16 años, junto a sus padres y hermana.

En el 2005, cuando Ojito escribió las memorias, ya era madre de tres hijos, y conforme a sus palabras “lo más importante fue darme cuenta hasta qué punto mi niñez fue impactada por las cosas que me sucedieron durante mis años en Cuba”.

Fue entonces, “mientras escribía mis memorias, al exteriorizarlas, comprendí, realmente, el horror de una niñez politizada, atada al servicio de una causa política”, alegó con notable afección.

“Esa es la memoria que quizás más me golpea”, subrayó. “Según veo crecer a mis hijos (aquí en EEUU), con tanto desenfado, felices o infelices, pero a su manera, en el país donde nacieron y donde pueden elegir participar o no en el proceso político; pienso en la manera tan terrible que fui usada, porque no pude elegir”, recalcó.

En el libro, que también está disponible en español con el título El mañana: Memorias de un éxodo cubano, la autora describe cómo fueron sus últimos días en Cuba.

Cómo alguien asociado al régimen político trataba de preparar un ‘acto de repudio’ frente a su casa, porque la familia deseaba abandonar el país, y una vecina, con grado de teniente en el Ejército, salió a la calle y evitó la lamentable manifestación: “Nadie toca a esta familia. He visto a estas niñas crecer”, recogió la autora en su libro.

“Ella era la presidente del Comité de Defensa de la Revolución y su esposo también había sido militar del Ejército (de Fidel Castro)”, pero a pesar de las diferencias políticas “éramos unos vecinos que nos queríamos mucho. Eran personas muy decentes. Creo que Cuba está llena de gente decente, buena, antes y después, y estarán allí después de la llamada revolución”, subrayó.

Y luego acentuó: “No hay dictadura, sea de izquierda o derecha, que pueda abolir la decencia innata de la gente. Y eso es algo que ha permitido la solidaridad entre vecinos, por lo que mucha gente en Cuba ha podido sobrevivir todos estos años”.

Ojito fue a Cuba en 1998, como reportera de The New York Times, a cubrir la visita del papa Juan Pablo II, y pudo ver la barriada donde creció.

“No pude ver a esos dos vecinos. Pregunté por ellos y me dijeron que todos sus hijos se habían marchado del país y que, muertos de tristeza, por todo lo que estaba sucediendo, habían decidido irse a vivir al campo”, relató.

La escritora había regresado a Cuba “casi 18 años después que salí y la familia que vive en la casa donde crecí me permitió entrar. Allí encontré la tabla de planchar en el mismo lugar. Incluso el pequeño libero, los cuadros, los vasos y el sofá cama. Fue una sensación muy extraña. Todo estaba allí. Era mi casa, pero ya no lo era”, reflexionó.

Fue precisamente durante esa visita que nació la idea de escribir un reportaje sobre sus memorias, que terminó publicada en la portada del rotativo de Nueva York.

“Una tarde leía un reportaje en The Newyorker, mientras viajaba en el subway en Nueva York, en el que a la protagonista le faltaba un brazo. Tenía una prótesis. Aquello me hizo recordar que el capitán de la embarcación en la que salí de Cuba (en 1980) también tenía una prótesis. Y ahí saltó el pensamiento: ‘Tengo que buscar al capitán’, y surgió la idea del libro para agradecer al capitán y a todos lo que sucedió, al mismo tiempo que averigüé porqué sucedió”.

Y es que la historia muchas veces ‘sucede al revés’, de abajo hacia arriba, con los pormenores primero.

“Eso sucede porque la gente se cansa de sus circunstancias. Hay individuos que deciden cambiar sus circunstancias. Y el paso que toma una persona, o dos o tres juntos, puede cambiar la historia de una generación, incluso de un país entero, como fue el caso de Mariel”, argumentó.

Ojito se propuso recabar información sobre las eventualidades que condujeron a la chispa que provocó, y permitió, desde la toma de la Embajada de Perú por más de 10.000 cubanos hasta el puente marítimo que hizo posible la salida de más de 125.000 de la isla aquel año, al mismo tiempo que enlazó aquellos sucesos con sus vivencias.

“La gente se cansa de las situaciones y toman decisiones. Un sí o un no que alguien pueda decir puede ser definitorio. Eso condujo a que La Habana y Washington reaccionaran y permitieran el puente marítimo. Eso me pareció fascinante para abordar en el libro”, explicó.

La autora plantea que los sucesos de Mariel continúan perfilando la política de inmigración entre Estados Unidos y Cuba.

“A Estados Unidos, como a cualquier país, le preocupa la avalancha de inmigrantes. Mariel fue posible porque coincidió con un presidente estadounidense (Jimmy Carter) que fue extraordinariamente humanitario, que acababa de firmar la Ley de Refugiados de 1980”, recordó.

De hecho, sucesos posteriores, como la crisis de los balseros, en 1994, o la política de pies secos, pies mojados (1995-2017) tuvieron otros manejos, y también otros finales, “precisamente por la avalancha de refugiados en 1980”, entre otros asuntos.

Han pasado 40 años de Mariel, ¿hay sentido de pertenencia al país que le acogió?

“Ahora más. No quiero que mis hijos se sientan con los pies entre dos aguas. Que comprendan sus raíces culturales porque su padre es de España y su madre es de Cuba, pero que sientan que son de aquí”, expuso.

“Es muy difícil tener el cuerpo dividido y sentir que es de dos partes a la vez”, reiteró.

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