viernes 12  de  julio 2024
AYUDA ECONÓMICA

Refugiados cubanos, “quien hizo la ley, hizo la trampa”

El abuso de las ayudas económicas a supuestos refugiados cubanos salta a la palestra pública con la confesión de quienes las reciben y no sienten remordimiento

Tras cinco largas décadas de exilio, la imagen positiva que atesoran los cubanos en EEUU podría ser dañada. Al menos eso es lo que opina un buen grupo de ellos, cuando acuden a los café a conversar o expresan sus ideas en los programas de radio de Miami sobre el abuso de las ayudas económicas.

“Cómo pueden aprovecharse de la bondad de este gran país, donde reciben a los cubanos como refugiados, porque provienen de un país donde impera una dictadura; les dan ayuda económica para rehacer sus vidas y luego, cuando reciben el permiso de residencia en EEUU, a un año y un día, regresan a Cuba, de donde supuestamente huyeron por ‘problemas políticos’, para gastar el dinero”, manifestó recientemente Xiomara, vecina de Hialeah, durante el programa radial Al Ritmo de Miami, que transmite Radio Mambí 710 AM.

Pero hay más, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Mario, que vive ‘temporalmente’ en casa de un amigo en Westchester, y pudo percibir, a primera mano, cómo un  cubano, que se acoge al estatus de refugiado, recibe ayuda económica y más tarde, cuando reclama el beneficio de la Ley de Ajuste y obtiene el estatus de residencia permanente, vuelve a la isla y posteriormente, cuando se le acaba, regresa a Miami para pedir más dinero.

“No violé ninguna ley. Cuando llegué a EEUU, hace tres años, me acogí al estatus de refugiado cubano. No me preguntaron si yo era un perseguido político. Sólo querían saber por qué salí de Cuba y dije que allí no se puede vivir porque el sistema de Gobierno no deja vivir en paz a la gente”, señaló.

Mario, que es ingeniero civil, graduado de la Universidad de La Habana, llegó a Texas, junto a sus dos hijas menores y un grupo de amigos, tras pernoctar varios días en México. Todos fueron acogidos en territorio estadounidense, luego de cruzar la frontera y reclamar el beneficio de ‘ser cubano, que permite la entrada y posteriormente el derecho a la residencia permanente, establecida por el Congreso de la nación en 1966, que otorga la codiciada green card a un nativo o ciudadano de Cuba, que haya sido admitido en EEUU, sin que, según opinan los letrados, tenga que probar ser un perseguido del régimen autoritario que impera en la isla caribeña.

De esta manera, Mario fue acogido, junto a sus dos hijas menores, por una organización caritativa, que es subvencionada por el Gobierno federal, de la cual dice que no recuerda el nombre, para ser alojado en un motel en Miami, donde recibieron alimentación, algún dinero y asistencia social para obtener la documentación requerida que le facilitaría conseguir trabajo y rehacer su vida, incluyendo los estudios preliminares para las menores en escuelas públicas.

Tres meses después, incluso seis, Mario reclamó que no obtuvo trabajo, mientras las dos adolescentes, 8 y 9 años en aquel entonces, acudían a clases en uno de los colegios públicos, que son sufragados por los propietarios contribuyentes de Miami-Dade.

“Entonces me aconsejaron acudir al Social Security para solicitar ayuda económica”, recordó.

Mario y sus dos hijas adolescentes obtuvieron ayuda suplementaria, incluso food stamps, o la tarjeta de débito que reemplazó a los antiguos cupones de alimentos, que otorga el departamento de Niños y Familias de la Florida a los más necesitados.

No lo reconoce, pero Mario mintió cuando informó a las autoridades que no tenía un empleo y residía, con sus dos hijas, en una casa, donde le acogieron por caridad.

De esta manera, el cubano ‘asilado’ obtuvo un promedio de 150 dólares al mes por cada hija, además de seguro médico estatal y un subsidio de 600 dólares, también cada 30 días, por su condición de ‘sin empleo’, gracias a la Ley de Asistencia y Educación de 1980, que otorga beneficios económicos a todos los ‘refugiados’.

“No tenía un trabajo estable. Trabajaba con un amigo, en un taller de mecánica para carros, que me pagaba por la izquierda”, reconoció.

La “green card”

Un año y un día después de cruzar la frontera, o 366 días de estancia en suelo estadounidense, Mario y sus dos hijas solicitaron la residencia permanente en el país, según lo provee la Ley de Ajuste Cubano.

“Quien hizo la ley, hizo la trampa”, dicen muchos y Mario reconoce el refrán sin que lo mencione.

“Yo tengo dos hijas menores que debo defender. Su madre murió hace ocho años y en Cuba no proveen este tipo de asistencia. Mi deber como padre es sacarlas adelante, de una manera u otra”, declaró.

Aún hay más

Luego de obtener la deseada green card, Mario volvió a mirar hacia la isla donde nació, y de la cual, aparentemente, huyó, rumbo a EEUU.

“Con los 900 y tantos dólares que recibimos no podemos sobrevivir en Miami, pero en Cuba, donde el dinero americano tiene más valor, podemos vivir muy bien”, confesó.

El cubano, cuya titulación de ingeniero civil no le sirvió en EEUU, por no hablar inglés, optó por la vía más fácil: regresar a la isla pero sin olvidar los beneficios que el gigante del norte le otorga. Encargó a ‘alguien’ administrar los ‘beneficios’ y remitírselos a Cuba como ‘remesa’ a familiares.

“Ahora los cubanos podemos regresar a Cuba, por unos días o incluso meses, antes que los 730 días del permiso de ausencia caduquen”, explicó.

En otras palabras, ahora los cubanos pueden venir e ir, mantener la doble residencia, en Cuba y cualquier otro país, y así conservar ciertos derechos civiles, propiedades o beneficios económicos, allá y aquí, como usualmente practican otras nacionalidades.

No obstante, la diferencia entre otros orígenes y los cubanos, según opinó el abogado de inmigración José Menéndez, “es el estatus de refugiado ‘político’ que asumieron en su momento”.

Mario no alardeó cuando reconoció que va y viene, que incluso recurre al Social Security y al departamento de Niños y Familias para pedir ayuda cada vez que regresa a Miami con sus dos hijas menores.

Salir adelante, sin tener que sudar por cuenta propia, es una característica que salta a flor de piel. Esto es, según opinan muchos de los que acuden a conversar a los café o expresan sus ideas en los programas de radio de Miami, lo que distingue a la mayoría del llamado ‘hombre nuevo’, al que le prometieron en Cuba un futuro de igualdad y progreso, bajo la sombra de la revolución cubana.

Posteriormente el abogado Menéndez agregó: “Cuestionar el carácter de la ley es asunto de otro costal. Los legisladores en el Congreso no tuvieron en cuenta la pericia de quienes podrían acogerse a un beneficio u otro. La culpa no es de los congresistas, ni del Gobierno, sino de quienes se aprovechan de la bondad de un pueblo que es capaz de compartir lo mucho o poco que tiene”.

Acto seguido resaltó: “Tal vez esta situación cambie pronto, si la propuesta del congresista Carlos Curbelo Ley de Oportunidad de Trabajo para el Inmigrante Cubano, que propone acabar con el uso abusivo de los beneficios económicos, logra avanzar”.

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