El censo hecho el pasado mes de enero sobre indigencia en Miami-Dade, marcó la cifra de 1.008 personas sin techo, la cifra más baja en la historia del Homless Trust de Miami-Dade, el fideicomiso que administra los recursos para la lucha contra la indigencia.

“Miami Dade sería la primera comunidad en el país que tendría una verdadera oportunidad de acabar con los desamparados”, precisó Ron Book, presidente de dicho fideicomiso.

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“Nuestro trabajo con Miami Beach, Surfside y Bal Harbor va muy bien, podemos llegar a ese momento. Estamos en el proceso de desarrollar una estrategia que nos lleve a ese fin”, añadió.

Pero en los 25 años que lleva trabajando en el tema de las personas sin techo, que viven o sobreviven en las calles, nunca había experimentado un momento tan difícil, como el del pasado viernes 31 de enero, cuando empezaron a nombrar uno a uno los indigentes que perdieron la vida en las calles, en una ceremonia celebrada en el interior del Government Center, edificio localizado en el downtown de Miami.

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Participantes en la lectura de los nombres de los indigentes que murieron en 2018
Participantes en la lectura de los nombres de los indigentes que murieron en 2018

Era una mezcla de situaciones y, además, no tener ninguna respuesta clara ante ese nuevo fenómeno de la crisis de los opiáceos que ahora golpea a los indigentes.

Las cifras

En 2018, murieron 201 desamparados. De ellos, el 77% murió por la adicción a los opiáceos, entre ellos uno de los más demoledores: la heroína.

“Esto muy golpeado, desde el punto de vista emocional, por esa cifra. De verdad que ha herido mi corazón”, expresó Book.

No es nada nuevo que algunos indigentes tengan problemas de adicción a las drogas. Incluso, en 2017 el 35% de los que murieron ese año fue por el efecto de los opiáceos.

Pero 2018 registró el mayor número de fallecimiento de indigentes desde el año 2000, cuando hicieron la primera ceremonia de homenaje a los desamparados muertos en ese año.

Reducción

“En realidad no tengo ninguna respuesta frente a ese fenómeno [de las muertes por heroína], reconoció Book.

Sin embargo, el llamado Miami-Dade Homless Trust sí tuvo asiento en el comité de estudio dedicado al tema de la adicción a los opiáceos

“Participamos en las deliberaciones. Pero fuera de eso no estoy preparado para decir que existe una estrategia específica para implementar [en el caso de los desamparados adictos a la heroína o a los analgésicos fuertes]. Además, porque la adicción en las calles es muy distinta a la del resto de la población”, indicó Book.

Para él no es claro que la heroína pueda conducir a un incremento de la indigencia. Sin embargo, “tampoco es nuevo que haya gente que se convirtió en desamparada por la adicción a las drogas”, acotó.

Advirtió que es posible que siga subiendo el número de víctimas, dentro la población sin techo, por el efecto de esa enfermedad.

Pero no cree que la heroína y demás opiáceos puedan ser las causantes de un incremento exponencial de quienes no tienen un techo donde vivir.

Los “testers”

Para sustentar su idea, recordó una reunión del pasado mes de septiembre, en la corte del juez Steve Leifman.

Ahí estuvieron presentes autoridades de policía de la ciudad de Miami y del Condado Miami-Dade, varios jueces, miembros del Jackson Memorial, de la Universidad de Miami, del programa de intercambio de jeringas estériles (destinado a evitar transmisión de enfermedades como el sida o la hepatitis B entre los drogadictos) y de la fiscalía estatal. “En esa reunión se refirieron a los “testers”, término que no conocían ni siquiera los jueces”, explicó Book.

En la calle 14, con la I-95, debajo de un puente, los fines de semana llegan adictos que dejan sus hogares sólo para drogarse. Allá aparecen los “dealers” (los que venden y distribuyen las sustancias prohibidas) y se las dan a los “testers” para saber cuál es su reacción. Estos adictos se inyectan y si no mueren en el “viaje”, significa que se puede distribuir la droga. “Creo que esa población no fue creada por la crisis de opiáceos, ya estaba ahí. Los vendedores fueron allá, difundieron la droga gratis con el propósito de probar el producto. Eso es en gran parte lo que está sucediendo”, amplió Book.

Él y los que trabajan en el tema de la indigencia saben que esas personas aparecen un viernes y regresan el domingo o el lunes, después de inyectarse y pasar esos días botados en una acera bajo el efecto de la heroína.

“Es un fenómeno que ya se daba [con anterioridad a la crisis] y los distribuidores de drogas lo están explotando”, subrayó Book.

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