sábado 21  de  febrero 2026
AQUÍ TRAIGO LA CLAVE

Joe Cuba, lo mejor de dos mundos

No fue un instrumentista virtuoso, pero se las arregló para armar una banda que ahora es leyenda

Por IVÁN GONZÁLEZ

@ivanGonRom

A finales de los años 80, quizás a principios de los 90, no había un local nocturno o una fiesta para bailadores que no dejara colar algunos de los temas de Joe Cuba, entre el repertorio que quedaba de la salsa y el merengue que, para la época, tomaba todos los rincones. Aquellos temas vertiginosos unos, cadenciosos otros, pero casi todos dotados de lo que se necesita para echar un pie, seguían sonando en muchos rincones del Caribe, a pesar de haber tenido su momento glorioso muchos años atrás.

Joe Cuba no fue un instrumentista virtuoso, pero se las arregló para armar una banda que ahora es leyenda, que no contó con músicos recordados por los giros melódicos de sus instrumentos, pero que siempre han estado presentes en la memoria cultural.  Las rutinas de esa banda, sin ser sofisticadas, tuvieron el mérito de poner a sonar ritmos latinos mezclados con lo que en los años 60 era una mezcla entre la música latina tradicional y algunos ritmos que cautivaban a los blancos y los judíos en Manhattan.

Gilberto Miguel Calderón Cardona nació en el Harlem latino de Nueva York. Sus padres, boricuas como muchos otros que se asentaron en esa zona, llevaron consigo las tradiciones de Puerto Rico, que con el tiempo comenzaron a mezclarse con el ambiente de la gran ciudad. No fue ése un proceso novedoso. En la actualidad lo vivimos a propósito del nuevo proceso migratorio. En Miami, donde hay una corriente proveniente de Cuba, Venezuela, Colombia y otros países del Caribe, lo vemos en la música con resultados altamente exitosos en ventas y difusión, sin que eso signifique calidad.

La historia de Calderón es esa misma que puede escucharse hoy en Hialeah o en Nueva York. Era un muchacho que deseaba brillar en el béisbol pero un día, a través de una conversación con un músico de renombre (en este caso Tito Puente) decidió apostar por las artes. En 1950 el chico, al que sus amigos llaman Sonny, entra a tocar en varias bandas de la ciudad, pasando por algunas de ellas sin ser recordado, hasta recalar en la de Joe Panamá, gracias a la relación que teje con otros congueros de alta reputación.

Aquella banda casi se deshace por las diferencias entre sus integrantes, sobre todo en cuanto al repertorio, donde figuraba más música pop que latina. Para evitar conflictos, Panamá se marcha y Calderón queda al frente. En 1953 pasa a llamarse Sexteto de Joe Cuba y desde entonces la historia comienza a sonar en distintos locales del este de Nueva York, con una base melódica fresca, apoyada en el vibráfono, y unas letras en inglés que comenzaron a llegarle, no sólo a los hijos de los emigrantes hispanos, sino al público local, entusiasmado con tratar de bailar como lo hacían los boricuas.

El gran mérito de Joe Cuba fue el de abrirle el paso a los experimentos. En 1957, por ejemplo, el cantante Willie Torres decidió marcharse a la banda de Joe Curbelo y Cuba aceptó la sugerencia de darle la oportunidad a Cheo Feliciano, un muchachito llegado de Ponce, sin más aval que el de haberse trepado una noche a la tarima del Palladium para cantar con la orquesta de Tito Rodríguez. Cheo logró los más grandes éxitos con esa banda y hasta tuvo el chance de componer varias piezas. A la fórmula de la picardía y del ritmo alocado, y rápido, se le añadía la base del twist, del soul y del rock and roll.

La gracia de Joe Cuba fue haberse movido con holgura entre el público anglosajón de Nueva York, compuesto por judíos y blancos americanos, y haber puesto a bailar a la gente en el Caribe a través de la picardía y la cadencia de la tradición latina.

 

 

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