La historia de José Altuve y su llegada al mundo del béisbol es un cuento milagroso. Es una historia que casi no fue, y no solo por el hecho de la natural competencia entre los atletas. El camarero de los Astros de Houston casi no tuvo la oportunidad de mostrar su talento, simplemente porque los encargados de evaluar su talento a primera instancia y sin que siquiera entrara al terreno, había sido sentenciado como inservible.
En 2007 Altuve buscaba una oportunidad para entrar a la academia de los Astros de Houston en el estado Carabobo, en Venezuela. Por esas instalaciones habían pasado peloteros de la talla de Johan Santana, Freddy García, Bob Abreu, Melvin Mora, Richard Hidalgo, muchos que habían impresionado tan solo con su presencia. Altuve había oído de ese sitio, erigido por un buscador de talento húngaro llamado Andrés Reiner, quien fue el arquitecto de esa organización en cuando a la firma de jugadores, sobre todo de venezolanos.
Pero a Altuve ni siquiera querían darle el chance de entrar al campo. La razón era, simplemente, su escasa estatura. El infielder mide 5 pies 6 pulgadas, el equivalente a un metro 65 centímetros, y quienes estaban al frente de las instalaciones juzgaban que alguien de esa envergadura no merecía ni siquiera la oportunidad de competir. Además, algunos de los que estaban al frente de esa granja tenían preferencias por otros aspirantes, debido a cierta relación filial.
Hace algunos años Altuve se refería a esa historia y recordaba con mucho agradecimiento un nombre. Era el de Alfredo Pedrique, uno de los dos venezolanos en dirigir un equipo de Grandes Ligas. En aquel momento Pedrique abogó por Altuve, con el único propósito de abrirle las puertas. El resultado, para quienes le vieron jugar en ese momento como torpedero, fue sorprendente, más de lo que es en este momento, cuando se lo ve batear con soltura, con poder y con frecuencia, sin contar que mostraba velocidad y, sobre todo, una voluntad a toda prueba.
Yo pude ver con mucha frecuencia a José Altuve en su año de estreno. Su primera gira fue a Chicago, cuando los Astros aún pertenecían a la Liga Nacional. Salí junto a él al terreno de Wrigley Field. El muchacho se detuvo, miró emocionado el terreno y sólo dijo “Cuánta historia hay aquí. En este terreno han jugado tantos que hicieron historia en este juego”. Para entonces tenía 21 años y ya había descollado como parte del equipo Resto del Mundo. Y ya venían cosas más grandes para esta pequeña figura.
Hoy Altuve es parte de la élite. En 2014 fue campeón de bateo de las mayores con .341. Ha sido líder en hits de la Americana durante dos torneos consecutivos, con 225 y 200 imparables y en este 2016 tiene proyección para superar su average. También lleva ritmo para las dos centenas de incogibles. Su proyección de extrabases, dobletes y remolcadas también van en alza, así como sus números en slugging y OBP. Y lo que más le preocupaba, que era la poca cantidad de boletos recibidos, se ha incrementado. El viernes había recibido 38 pasaportes, cuando su máximo en una campaña era de 40, y esa cantidad era superior a la cantidad de ponches recibidos, que era de 29, algo que sólo cinco jugadores tenían en la gran carpa.
Altuve ahora tiene 26 años de edad. Logró superar los prejuicios y hoy es parte de esa élite. La afición se lo reconoce al votar por él para el Juego de Estrellas y lo más importante, para eso que tanto le interesó desde sus primeros días en las Grandes Ligas, es que lleva ritmo para fijar estadísticas que lo colocarán en la historia.