MIAMI.- BEATRIZ E. MENDOZA
bmendoza@diariolasamericas.com
@bemendozac

“Esta es una novela o una historia que yo tenía guardada desde niño, así todavía no fuera escritor ni siquiera pensara en ser escritor”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS Jorge Franco sobre El mundo de afuera, su más reciente novela que le valió el Premio Alfaguara 2014.

Ubicada en el Medellín de los años 70, la novela se centra principalmente en el relato del secuestro de Don Diego, un excéntrico que vivía con su familia en un castillo en el afluente barrio El Poblado.

Franco recuerda que tenía seis años cuando su familia se mudó cerca del castillo y tres años más tarde sucedió el plagio: “nos hizo sentir muy vulnerables a un peligro que se estaba gestando en Medellín, y de alguna manera ese secuestro vino a ser como un anuncio de lo que vendría después”.

Esa violencia que Franco describe en su exitosa novela Rosario Tijeras, aún no había llegado a la ciudad de su infancia a la que describe como una “ciudad tranquila, paradisíaca, los niños jugábamos en la calle hasta altas horas de la noche”.

La paternidad

¿Pero qué lo motivo a contar esta historia ahora y no antes?  “Desde hace 8 años soy papá y eso tuvo que ver, creo que fue un detonante para escribirla”. “En la novela aparte de contar el secuestro,  estoy reconstruyendo la vida en ese castillo y estoy contando el mundo de la hija de él, de Isolda que era una niña muy pequeña y creo que el hecho de la paternidad me despertó el gusto por los cuentos de hadas”, aseguró.

“A partir del mundo de ella incursiono en una línea totalmente diferente en la novela, es una línea que va más hacia lo fantástico”, afirmó añadiendo que “la habría escrito de una manera distinta o tal vez ni la habría escrito de no haber pasado por esa experiencia”.

La novela tiene varias voces narradoras y en una de ellas podemos identificar a Franco. “Esos niños que fisgoneaban desde lejos pues yo era un poco ese niño fisgón que con otros de mi barrio íbamos a mirar qué era lo que pasaba, como vivía esa gente, todos los mitos que se habían construido alrededor de Isolda”.

“Creo que hay mucha empatía con esa voz narradora y mucho del mundo de mi hija en cuanto al tema fantástico  de la narración, recrear la vida en el castillo, ese bosque que tiene como unos visos de encantamiento, donde la niña se siente más segura, protegida y acogida, los animales fabulosos que interactúan con ella. Eso, por su puesto, viene  de haber vuelto a recuperar todo ese mundo de la infancia a través de mis experiencias con mi hija”.

Escribirla le tomó cuatro años durante los cuales hizo una investigación exhaustiva en la que pudo hablar con algunos de los familiares de Don Diego pero no logró encontrar nada en los expedientes del caso que estaban deteriorados por el tiempo.

“Cuando no encuentro esos expedientes lo que hago es trabajar y ahí construyo todos los diálogos, toda la relación de la víctima con el secuestrador. En ese sentido casi que agradezco que no hayan aparecido esos documentos porque creo que me dieron mucha libertad”, acotó.

El premio

Libertad de la cual gozaba además en el plano editorial lo cual fue un factor importante a la hora de someterla al concurso. También influyó el hecho de que terminó de corregir la novela cuando faltaba apenas un mes para que se cerrara la convocatoria. “La intención era como probar la novela, a ver qué pasa, si llega a un grupo finalista, si no queda tal vez los editores de Alfaguara se interesan”, relató.

Y sí que se interesaron, tanto que los jurados le otorgaron el premio y cuando lo llamaron a avisarle, pasaron todos al teléfono para comentarle algo de la novela. “Luego de colgar con todos me quedé un cuarto de hora mirando el techo tratando de recuperarme, de creérmelo”, y añadió que aún no se lo cree.

Tras su paso por la Feria del Libro de Miami, Franco cierra la gira promocional visitando la Feria de Guadalajara y el próximo año piensa dedicarse a escribir una novela sobre lo que vivió Medellín tras la muerte de Pablo Escobar.

“A cada rato me cuestiono si aprendimos la lección de esa época violenta que padecimos”, concluyó añadiendo: “me hace mucha falta estar frente al teclado construyendo una historia, realmente eso es lo que me gusta del oficio”.  

 

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