MIAMI.- La reciente renuncia del secretario de Defensa, Chuck Hagel, subraya las diferencias dentro del equipo de asesores de política exterior del presidente Barack Obama.
MIAMI.- La reciente renuncia del secretario de Defensa, Chuck Hagel, subraya las diferencias dentro del equipo de asesores de política exterior del presidente Barack Obama.
MIAMI.- La reciente renuncia del secretario de Defensa, Chuck Hagel, subraya las diferencias dentro del equipo de asesores de política exterior del presidente Barack Obama.
El mandatario dijo adiós a Hagel con palabras elogiosas en una de las acostumbradas ceremonias de la Casa Blanca cuando un funcionario de esa categoría decide partir. Sin embargo, la dimisión del exsenador pone en entredicho la política de la actual administración en la batalla contra el Estado Islámico para Irak y Siria (EI) y deja al descubierto sus incoherencias.
Algo está muy claro: además de tratarse de un asunto de seguridad nacional de primerísima prioridad, el presidente Obama se juega buena parte de su legado en el enfrentamiento a EI.
Hasta ahora la decisión de combatir a los terroristas islámicos de EI sólo con operaciones aéreas parece que, si alguna vez brindase los frutos prometidos -disminuir la capacidad de acción de ese grupo y, finalmente, destruirlo-, no será a corto plazo.
La opinión pública, legítimamente preocupada por el avance de EI -que se ha apoyado en una efectiva campaña propagandística en la que no han faltado actos de crueldad y salvajismo- exige resultados a la Casa Blanca.
Posiblemente lo anterior sea parte de las razones de la salida de Hagel, quien, según fuentes conocedoras del tema, fue criticado por su “actitud demasiado pasiva”.
En cualquier caso, la Casa Blanca no ha esbozado una agenda clara en la batalla contra EI, a pesar de varias alocuciones de Obama sobre esta creciente amenaza.
El sustituto o sustituta de Hagel tendrá un gran reto: destruir a EI y reconstruir la confianza de los estadounidenses.
