El pasado martes, mi amigo Marcos Magaña me llamó por teléfono temprano en la mañana. Marcos, asesor político de gran prestigio en España y América Latina, me advertía de que Lilian Tintori, la esposa del opositor venezolano Leopoldo López, iba a estar unos días en Miami y que sería un buen momento para hacerle una entrevista.

Le propuse quedar para tomar una cerveza para charlar sobre lo sucedido el 6D en Venezuela y de paso comentar las elecciones de nuestra patria común, España, que tendrán lugar este domingo. El “buscador de votos” –así se hacía llamar en su cuenta de Twitter– me comentó que le era imposible porque al día siguiente viajaba a España para culminar una asesoría política que estaba dirigiendo para el Partido Nacionalista Vasco. Quedamos entonces emplazados para el 2016 y así poder desgranar juntos las apasionantes batallas políticas que se avecinan en España y América el próximo año.

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Esa tarde, Marcos cayó fulminado mientras jugaba una partida de pádel. Me enteré el miércoles por la mañana cuando Julio Ligorria, exembajador de Guatemala en Washington, su socio e íntimo amigo, me envió un mensaje por Whatsapp que sentí como una puñalada en el corazón. Julio sentía a Marcos como un hermano y compartía con él su pasión por la asesoría política.

De las historias que me contó Marcos Magaña en sus andanzas por Latinoamérica me quedo quizás con la menos exitosa. Trabajó para Mario Vargas-Llosa en su batalla contra Fujimori por la presidencia de Perú. Una campaña agotadora, impregnada de realismo mágico, que demostró una vez más que el lugar de los intelectuales no está en los sillones del poder.

Como le dije a su hija por teléfono mientras escuchaba su llanto, Marcos Magaña era un tipo excelente del que debía sentirse orgullosa. Un hombre tranquilo, práctico, de buen talante y con mucho sentido del humor. No me resisto a comentar desde aquí con él, el gran reto que nuestro país, España, tiene ante sí el domingo. En nuestra última charla por teléfono, comentamos la vergüenza ajena que a ambos nos había producido el debate cara a cara televisado entre los candidatos del Partido Popular y el PSOE. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez escenificaron un duelo verbal a lo Pimpinela con insultos como indecente, mezquino, ruin, deleznable y miserable.

Fue, querido Marcos, un duelo de la vieja política que ni España ni los españoles nos merecemos. Así que estos dos grandes partidos necesitan un asesor como tú, partidario de la educación, el mensaje positivo y el buen rollo. Una lástima que te hayas ido tan pronto, antes de ver cómo estos personajes enfilan camino hacia el cementerio de los elefantes, que me recuerda una escena de una película de Tarzán, el Rey de la Selva, que vi cuando era niño.

Lo analizarás desde El Cielo y aunque ya no habrá tiempo para esa cerveza, juntos en 2016, prometo enviarte una columna en la que hable de una España diferente y una nueva generación de políticos que esté a la altura del pueblo español.

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