BAGDAD.- DPA
La derrota del Ejército en Ramadi no representa un revés sólo para el Gobierno iraquí, sino también para Washington.
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Si uno cree en lo que dice el coronel estadounidense Steven Warren, el nuevo éxito de la milicia terrorista Estado Islámico (EI) en el oeste de Irak sólo es un pequeño contratiempo. El portavoz del Pentágono advierte que no hay que sobredimensionar la toma de la ciudad de Ramadi por parte de los extremistas sunitas.
"Es un error darle demasiada importancia. Es una batalla, un episodio", asegura Warren, quien se manifiesta seguro de que el Ejército de Irak y la coalición liderada por Estados Unidos recuperarán la capital de la provincia de Al Anbar, que fue tomada por los yihadistas el fin de semana.
Pero se trata de una visión muy optimista. La derrota del Ejército en Ramadi no representa un revés sólo para el Gobierno iraquí, sino también para Washington. La Fuerza Aérea estadounidense y sus aliados bombardean desde hace meses posiciones del EI en Irak, también en el oeste del país.
Sin embargo, los yihadistas lograron tomar el control de la ciudad, de importancia estratégica, tras duros pero breves enfrentamientos e izar su bandera negra en todos los edificios gubernamentales. Una vez más, el Ejército iraquí demostró que no está a la altura del EI.
Simbolismo
La derrota también tiene una carga simbólica. La provincia, habitada mayormente por sunitas, está casi en su totalidad bajo control de los yihadistas. Tras la caída de Saddam Hussein fue el centro de la resistencia contra las tropas de Estados Unidos.
Costó mucha sangre y esfuerzo desplazar a los antecesores del EI. Los soldados de Estados Unidos se aliaron con las tribus sunitas, que estaban cansadas de la violencia de los yihadistas. En 2010 parecía que la milicia terrorista había sido derrotada.
Pero el aparente final de los extremistas fue de hecho el comienzo de su resurgimiento. El primer ministro iraquí de entonces, Nuri al Maliki, rompió la promesa de integrar a los combatientes sunitas que lucharon con Estados Unidos en el Ejército, dominado por chiitas, y saldar así su deuda.
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En cambio, su gobierno tuvo una postura severa con los sunitas y sus principales representantes y los empujó así a los brazos del EI cuando los yihadistas ocuparon en 2014 amplias regiones en el país.
Muchos sunitas siguen teniendo un fuerte rechazo hacia los chiitas hoy en día, porque se sienten discriminados por el gobierno. La operación militar para recuperar Ramadi podría agudizar las tensiones entre ambos sectores religiosos en Irak. Para hacer frente al EI en Ramadi, Bagdad movilizó a milicias chiitas, que deberán combatir a los yihadistas en la provincia sunita.
A pesar de que la intervención de milicias chiitas en Al Anbar fue aprobada por los líderes sunitas, su llegada a la provincia genera resquemores entre muchos sunitas.
"Extremismo sectario"
Cuando las milicias chiitas expulsaron al Estado Islámico de la ciudad sunita de Tikrit en marzo, se habló que ataques de chiitas contra sunitas. La organización Amnistía Internacional reportó el año pasado que las milicias secuestraron y mataron a civiles sunitas.
El jeque sunita de Al Anbar, Raad Abdel Sataar, acusó a los grupos armados de "extremismo sectario". "Tuvimos nuestra experiencia con ellos", dijo el líder sunita, que vive en Amán, la capital jordana. "Sólo esperan vengarse de los sunitas, no tienen clemencia".
La participación de las milicias chiitas también tiene su lado controvertido para Estados Unidos. Éstas están fuertemente vinculadas con Irán y son acusadas directamente de ser dirigidas por el vecino de Irak. Si el Ejército estadounidense apoya la ofensiva para recuperar Ramadi, Washington y Teherán, que hasta hace poco eran enemigos, conformarán de hecho una alianza militar.
Washington casi no tiene elección: si el EI es expulsado de Ramadi será con ayuda de las milicias chiitas, porque el Ejército iraquí es demasiado débil para hacerlo solo. Pero una exitosa liberación de la capital provincial también podría tener otras consecuencias, porque Irán podría ampliar su influencia en el país, una pesada carga para la necesaria reconciliación de las religiones en Irak. Hay mucho en juego como para decir que el avance del EI en Ramadi es sólo un episodio de este conflicto.
