HONG KONG.- Unos 20 años después de la devolución a China de Hong Kong, la ex colonia británica se encuentra en una encrucijada. "Hemos entrado en un círculo vicioso", dice el ex presidente del Parlamento Jasper Tsang.
HONG KONG.- Unos 20 años después de la devolución a China de Hong Kong, la ex colonia británica se encuentra en una encrucijada. "Hemos entrado en un círculo vicioso", dice el ex presidente del Parlamento Jasper Tsang.
La región administrativa especial china, que es gobernada de forma autónoma según el lema "un país, dos sistemas" desde 1997, se encuentra atrapada en un dilema: "Pekín quiere más control, mientras que Hong Kong quiere más democracia", lo resume Tsang.
Dos años y medio después de la "Revolución de los Paraguas", durante la cual los manifestantes paralizaron durante semanas la metrópolis económica y financiera china exigiendo el sufragio universal, se elegirá este domingo al nuevo jefe de Gobierno de la región.
Nadie duda de que la ganadora será la ex número dos del Gobierno Carrie Lam. Por un lado, porque es la favorita del Partido Comunista, y por otro, porque el comité electoral responsable de la decisión está compuesto en su mayoría por miembros favorables a Pekín.
Parece poco probable que haya sorpresas y que salga elegido uno de los otros dos candidatos, el popular ex ministro de Finanzas John Tsang. Según las encuestas, de poder votar la población lo elegiría a él, pero en vez de dejar que sean los siete millones de ciudadanos los que decidan, como alguna vez se prometió, solo votarán los 1.200 miembros del comité electoral. Y entre ellos se encuentra la élite económica de Hong Kong, que se beneficia de las buenas relaciones con China.
Muchos ciudadanos de la región tienen la sensación de que no se escucha su voz, dice Tsang, ex presidente del Parlamento. "Especialmente los jóvenes creen que todos los males sociales se deben a la naturaleza no democrática del Gobierno", explica.
Aunque Tsang se enmarca en realidad en el sector favorable a Pekín, se siente sobre todo comprometido con los habitantes de Hong Kong y fue elegido durante años el diputado más popular.
Lam, de 59 años, no cuenta con tanto apoyo. La ex secretaria de la Administración es vista como la continuidad del poco popular primer ministro saliente Leung chun-ying, del que ahora se está distanciando.
Sin embargo, los críticos consideran que ella podría ser "aún peor". Entre los principales desafíos de Lam está superar la división de la sociedad y la brecha entre ricos y pobres, dice Mareike Ohlberg, del instituto de estudios chinos Merics de Berlín.
"Una gran parte de la población se siente como perdedora de la reunificación", añade.
La oposición se muestra pesimista, pero también con ganas de luchar en el futuro. "No esperamos nada de Carrie Lam", dice Joshua Wong, el joven activista que se convirtió en la cara del movimiento por la democracia en 2014. "Ella es una pesadilla para nosotros".
Da igual quién sea elegido, el proceso democrático en Hong Kong solo depende de Pekín, dice el estudiante de Ciencias Políticas. Él considera responsable de la "mano dura en Hong Kong" al jefe de Estado y del Partido chino, Xi Jinping.
"Si solo se presentan candidatos pro chinos, la elección no tiene ningún sentido", dice el joven, de 20 años. "Queremos elecciones y una competencia libre de modo que las personas puedan elegir entre candidatos pro chinos y pro democráticos", explica.
Según Wong, Pekín prometió hace 33 años la celebración de elecciones libres cuando se acordó con Gran Bretaña el traspaso de la región a China.
Además la Ley Básica vigente desde 1997, cuando Hong Kong pasó a manos chinas, prometía elecciones directas, pero Pekín quiso elegir a los candidatos a través de un comité de nominaciones, lo que provocó las grandes protestas en 2014. Finalmente la reforma electoral fracasó, por lo que actualmente se sigue el antiguo proceso de elección a través del comité electoral.
Wong asegura que la acusación de Pekín de que quiere la independencia forma parte de una campaña de difamación. "No pertenezco a aquellos que luchan por la independencia, pero debemos proteger la libertad de expresión, por lo que también debería permitirse debatir sobre ese tema", dice.
Wong quiere ejercer una influencia política con su nuevo partido Demosisto, pero a la vez continuar con su "política de la calle". "Con manifestaciones y desobediencia civil queremos reforzar la postura negociadora para aumentar la presión sobre el Gobierno central", afirma.
Su generación está especialmente preocupada por el futuro de Hong Kong, dado que la autonomía y el statu quo solo están garantizados durante 50 años con la Ley Básica. "En 2047 seguiré vivo", dice Wong. "Así que está claro que es una cuestión que afecta a mi futuro".
FUENTE: dpa
