JARTUM.- El presidente de Sudán, Omar al Bashir, fue depuesto hoy por los militares de su país tras varios meses de protestas que comenzaron en diciembre en medio de un deterioro de la situación económica y problemas de desabastecimiento.

Las protestas empezaron con quejas por el incremento de los precios de bienes de consumo básico y fueron creciendo hasta exigir la renuncia del presidente de Al Bashir, en el poder desde que él mismo diera un golpe de Estado en 1989.

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Estas son algunas de las claves de esas protestas.

El PAN.

Las protestas se desencadenaron el 19 de diciembre de 2018, coincidiendo con el regreso al país del líder de la oposición, Sadeq al Mahdi, tras diez meses en el exilio. No está claro que el partido de Al Mahdi, Al Umma, haya espoleado las protestas directamente, aunque sí las ha apoyado conforme crecían.

El caldo de cultivo fue la delicada situación económica del país. Dos devaluaciones de la divisa sudanesa en 2018 desbocaron la inflación.

Los intentos del Gobierno de controlar los precios llevaron al desabastecimiento de pan, el combustible y otros productos básicos en las semanas previas a las protestas, en un país en el que cerca de 5 millones de personas no tienen garantizado llevarse un plato de comida a la boca a diario.

Un país en crisis

La economía sudanesa vive en crisis desde la independencia de Sudán del Sur en 2011, lo que cortó el suministro de petróleo.

Las arcas públicas están vacías por el alto costo de mantener los conflictos armados que siguen abiertos en Kordofan (sur) y en Darfur (oeste) y por la elevada corrupción. Las sanciones impuestas por Estados Unidos también han causado dificultades al Gobierno.

Cerca de tres millones de sudaneses, empujados por los conflictos, viven en campos de desplazados. A estos se les suma un millón de refugiados de países vecinos, la mitad de ellos de Sudán del Sur.

Represión violenta

En las primeras semanas de protestas, la represión fue especialmente violenta. Volvió a recrudecerse en los días posteriores al 6 de abril, fecha en la que las manifestaciones pasaron de centenares a decenas de miles de personas.

Desde diciembre más de 80 manifestantes han muerto en las manifestaciones, la mayoría de ellos tiroteados por las fuerzas de seguridad, según datos de grupos opositores y ONG locales e internacionales.

Algunos han muerto como resultado de las torturas que han padecido en las comisarías, según ha reconocido la Fiscalía General.

La aplicación del estado de emergencia, el 22 de febrero, abrió las puertas a la celebración de juicios sumarios en los que han sido procesados centenares de activistas, según la oposición, lo que contribuyó a enfriar el movimiento, pero nunca a detenerlo por completo.

Estallido del 6 de abril

El 6 de abril las protestas se desbocan. Una concienzuda campaña de movilización llevada a cabo por la oposición en la semana previa para volver a animar a los sudaneses, unido a los vientos favorables que soplaban desde Argelia, que llevaron a la renuncia del presidente Abdelaziz Buteflika, llenaron las avenidas de Jartum.

La protesta se celebra en el 34 aniversario del derrocamiento de Yafar al Nimeiri, el 6 de abril de 1985, por unas revueltas populares con las que la oposición trata de establecer un paralelismo.

La revolución de 1985 dio paso a las únicas elecciones libres de la historia de Sudán, en las que Sadeq al Mahdi obtuvo el cargo de primer ministro, en un experimento democrático que terminó abruptamente por el golpe de Estado capitaneado Al Bashir en 1989.

El ejército se colocó al lado del pueblo

En aquella revolución, como en la de 1964, "el Ejército se puso al lado del pueblo", dijo a Efe el profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Jartum Al Rashid Omar.

Buscando inspiración en su propia historia, "los manifestantes se animaron a pedir la protección" del Ejército en la sentada iniciada el 6 de abril, subraya Omar.

Los militares han defendido entonces a los manifestantes a tiros contra los cuerpos de seguridad del Estado, cuando estos han tratado de dispersarlos.

La defensa del Ejército supuso un punto de inflexión definitivo y un punto de no retorno hacia el final del Gobierno de Al Bashir.

FUENTE: Con información de EFE

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