Cardenal Baltazar Porras Cardozo
La falta de credibilidad de los regímenes excluyentes, totalitarios y fanáticos, trae consigo el que la población en general desconfía de sus gestos y normas
Cardenal Baltazar Porras Cardozo
En un mundo tan plural y diverso no podemos esperar que todos tengan y compartan el mismo parecer. Pero, según sean las responsabilidades que se tengan, hay que ser congruente con lo que se quiere y expresa. Todo dirigente político de cualquier signo tiene el propósito de dirigir o estar al frente de su comunidad. Pero el ejercicio de cualquier cargo político tiene, debe tener, como norte el bienestar de “toda” su comunidad y no solo de la parcialidad que comparte sus ideas e intereses.
En ocasión del viaje del papa León XIV a España, uno de los actos previstos es el encuentro con las cortes españolas. Los diputados de Podemos y otros afines han decidido no estar presentes. Ese gesto los descalifica para ejercer el poder pues uno de los males que vive el mundo de hoy es la plaga de dirigentes de la cosa pública que solo atienden y ayudan “a los suyos”. Esto no es sino una flagrante injusticia y una falta de equidad que no conduce sino a la violencia y exclusión. El camino contrario a la fraternidad y la paz, a la convivencia con quienes tienen otros ideales.
La falta de credibilidad de los regímenes excluyentes, totalitarios y fanáticos, trae consigo el que la población en general desconfía de sus gestos y normas, simplemente porque la confianza es producto del recto e igual desempeño de la función pública. Esto lo vemos en regímenes como el de Irán y el de algunos de nuestro continente. Cuando se excluye sistemáticamente el que participen en igualdad los de otras toldas políticas es porque ya tienen la respuesta a todas las situaciones conforme al traje que que se hanconfeccionado. Por qué la revisión, por ejemplo, del cadáver de Quero Navas no está hecho por un equipo imparcial que dé serenidad y tranquilidad a sus familiares y a la gente. Es una pregunta que podemos repetir con muchas de las situaciones que estamos viviendo. La trasparencia y la participación plural es necesaria, mejor indispensable.
Es iluminadora la afirmación del papa León XIV en su encíclica “magnifica humanitas” en el último capítulo dedicado a “la cultura del poder y la civilización del amor”. “En los tiempos que vivimos se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agene y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano” (n. 188). “La política recurre con facilidad a la desinformaión, a la ridiculización del adversario y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos” (206). Propongo, dice el Papa más adelante “cinco vías de responsabilidad cotidiana pública: desarmar las plabras, construir la paz n la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo·(213).
No nos dejemos guiar por nuestros gustos, por lo que nos dicen las vísceras, sino por la sensatez y racionalidad que nos recuerde que todos los seres humanos somos iguales y tenemos los mismos derechos y deberes. Estar dotado de autoridad no nos autoriza a aprovechar el poder para ningunear a los contrarios. Seamos sensatos para no dejarnos llevar por las emociones que fácilmente nos hacen caer en el egoísmo.
