Las marionetas cubanas castristas acaban de “liderar” una declaración de apoyo a la ilegal y arbitraria “ley de seguridad nacional para Hong Kong” en el nefasto “Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas” en Ginebra. El “respaldo” a la Declaración vino de países con dictaduras brutales, de varios países nada democráticos y por otros que están bajo una significativa dependencia económica de China. Los 27 países que votaron en contra, están calificados por Freedom House como países libres. Amnistía Internacional, la organización no gubernamental más emblemática del mundo, emitió también una declaración de rechazo a la “ley” china sobre Hong Kong.

Por la evidencia reflejada en quiénes votaron a favor y quiénes en contra, queda claramente establecido que esa “Declaración” carece de valor moral o político contra el pueblo hongkonés. El apoyo de los 27 países democráticos y libres sí es una fuerza moral de aliento a ese Hong Kong que ha sido una de las ciudades más próspera y dinámica del mundo.

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La pregunta lógica es ¿qué hacen los cubanos patrocinando una declaración sobre un tema puramente asiático que no tiene nada que ver con la isla? La respuesta está enmarcada en el interés cubano de volver a ser una marioneta al servicio, ahora, de la potencia imperial comunista china.

Los cubanos no tienen reparo alguno en apoyar una “ley” china, que es ilegal, porque viola los acuerdos con el Reino Unido sobre Hong Kong, firmados en 1997, y que es abusiva contra el pueblo hongkonés porque lo coloca, totalmente, bajo la jurisdicción comunista de China que es opresivamente similar a la cubana.

La “Declaración” presentada por los cubanos es infame. Dice que la “ley” es beneficiosa para la prosperidad y la estabilidad de Hong Kong y garantiza que sus residentes puedan ejercer sus libertades en un “ambiente seguro”.

Los “diplomáticos” cubanos saben muy bien que bajo el sistema comunista jamás hay prosperidad, que ningún ciudadano tiene estabilidad porque todos están en peligro de ir a la cárcel y que todas las libertades quedan aplastadas. El ambiente seguro al que hacen referencia, es el de la represión, el de la vigilancia permanente contra todos los que no estén de acuerdo con el régimen. El ambiente seguro es el del terror.

Los hongkoneses han demostrado, con sus protestas multitudinarias, que no quieren vivir bajo el sistema comunista. En sus elecciones han votado siempre por mantener su autonomía. Esa “ley” china lo que busca es aplastar esa voluntad honkonesa de vivir en libertad y democracia. Como cubano me avergüenza que sean individuos nacidos allí los que se presten a ponerle cadenas a los honkoneses. Pero, el servilismo político de los comunistas cubanos es más fuerte que la razón y la verdad.

Las potencias imperiales comunistas, Unión Soviética y China, han encontrado siempre, alrededor del mundo, numerosos países marionetas que les han servido en múltiples escenarios. Pero, ninguno de esos países ha podido superar a Cuba en su sometimiento total a la voluntad de sus amos imperiales.

La historia es severa en su juicio. Recordemos que en 1962, el régimen comunista cubano permitió a los soviéticos instalar en su territorio misiles nucleares que amenazaron muy seriamente la seguridad nacional de los Estados Unidos. Cuba está localizada a solo 90 millas de la porción sur de la nación norteamericana. Esa entrega de la soberanía estratégica cubana, puso a la isla al borde de una hecatombe nuclear. El entonces dictador comunista de Cuba, Fidel Castro, se “enojó” cuando la potencia imperial soviética negoció la retirada de los misiles sin contar con él para nada.

Pero, tan pronto como su economía entró en bancarrota, como sucede a todos los regímenes comunistas, Castro fue de rodillas a Moscú a pedir perdón y a suplicar ayuda económica para evitar el colapso de su régimen.

Durante décadas, la dictadura cubana sirvió los intereses soviéticos incondicionalmente: apoyó las invasiones militares soviéticas a Checoslovaquia y a Afganistán, a pesar del enorme repudio internacional que recibieron. Convirtió al ejército cubano en mercenario para servir los intereses soviéticos en Angola, Etiopía, Mozambique y varios otros países africanos que colocó bajo la égida soviética. Entrenó en Cuba guerrillas para subvertir el orden democrático en, prácticamente, todos los países de América Latina e instalar en ellos el modelo soviético.

El sometimiento cubano fue también total en la arena diplomática. En Naciones Unidas, hablaron y votaron a favor de todas las resoluciones de interés para los soviéticos. Presionaron a países latinoamericanos y africanos para que votaran también con los soviéticos.

A cambio, el régimen comunista cubano recibió una subvención económica anual que promedió $5,000 millones de dólares anuales y créditos que llegaron a sumar $35,000 millones. No hay cifras disponibles en cuanto a la ayuda militar y en armamentos. Así sobrevivió el sistema comunista cubano hasta la debacle soviética en 1991.

Para la Cuba comunista esa desaparición fue una tragedia nacional, tanto económica como políticamente. El fracaso de la “Madre Patria soviética” puso al borde del derrumbe al sistema comunista cubano que, solamente pudo sostenerse en base a una represión violenta.

Sin embargo, quedó en la memoria política la experiencia positiva del sometimiento a un poder imperial comunista que le resolvió todas sus necesidades económicas y financieras. Por esa razón, la llegada al poder en China de Xi Jinping, un comunista de línea dura, stalinista para mejor definición, se convirtió en una “nueva esperanza” para los comunistas cubanos. Desde entonces, los lazos de “cooperación” se han ido estrechando de la forma que los comunistas cubanos saben hacerlo:

-usando sus influencias en América Latina para que los chinos penetren la región económicamente.

-ofreciendo su territorio para que los chinos coloquen bases de escucha electrónica y de rastreo de satélites militares norteamericanos como ya han hecho en el sur de La Habana y en Santiago de Cuba.

-y sirviendo al imperio comunista chino en sus intereses diplomáticos en Naciones Unidas.

Luis Zúñiga

Analista político y exdiplomático cubano

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