El deporte no escapa de ser afectado por el cambio climático. El Abierto de Tenis de Australia, uno de los cuatro torneos más importantes del mundo de la raqueta, se vio interrumpido por el humo de los catastróficos incendios forestales que azotaron al país, y en el 2019 la Copa Mundial de Rugby fue afectada por los tifones del Pacífico, así como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde las carreras de larga distancia tuvieron que ser trasladadas de sede por el calor que se vivió en la capital japonesa durante el verano.

“El deporte proporciona algunos de los modelos a seguir más influyentes de la sociedad. Si el deporte puede cambiar la forma en que opera, para actuar a la velocidad y escala necesarias para detener la emergencia climática, otros lo seguirán”, señaló Andrew Simms, coordinador de Rapid Transition Alliance, una red de organizaciones internacionales que se dedican al trabajo práctico, la investigación y la campaña para hacer frente a la emergencia climática.

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“Si los deportistas también se pronuncian y dicen que creen en la limpieza del aire y un clima estable, millones más verán las posibilidades de cambio. No solo enviaría un mensaje de esperanza al resto del mundo, sino que ayudaría a garantizar un planeta seguro para el deporte. De momento, el deporte es afectado por el problema, pero puede convertirse en parte de la solución”, manifiestó Simms.

Ya estamos “jugando” la prórroga

Según Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que es el organismo de las Naciones Unidas que evalúa la ciencia relacionada con el cambio climático, si queremos mitigar los peores aspectos del cambio climático, necesitamos reducciones de carbono en la próxima década, y el deporte puede ofrecer un liderazgo de acción climática vital y visionario.

El estudio “Jugando contra el reloj: el deporte global, la emergencia climática y el caso de un cambio rápido” escrito por el destacado académico y autor de libros David Goldblatt, para Rapid Transition Alliance, afirmó que, para 2050, se estima que casi uno de cada cuatro campos de la liga de fútbol inglesa puede sufrir inundaciones cada año.

El tenis, el rugby, el atletismo y los deportes de invierno “también enfrentarán serios desafíos por los impactos del aumento de las temperaturas”, anticipó Goldblatt.

Investigadores de este asunto que, de las 19 sedes que ya albergaron los Juegos Olímpicos de Invierno, solo 10 podrían celebrarlos para 2050.

"El deporte puede ser lo suficientemente grande como para registrarse, en términos de emisiones de carbono, como un pequeño estado nación o una sola megaciudad, pero sus propios esfuerzos son solo una fracción de un punto porcentual del total mundial", afirmó Goldblatt.

Si bien algunas organizaciones deportivas, incluido el Comité Olímpico Internacional y la FIFA, se han suscrito a un plan de acción de la ONU para hacer que el deporte sea neutral en carbono para 2050, la mayoría de las autoridades deportivas no lo han hecho.

La Copa del Mundo FIFA de 2014, celebrada en Brasil, arrojó impactos impensables en el medio ambiente. Allí se generaron 2,72 millones de toneladas de emisiones de CO2.

Se estima que la Copa Mundial de Rusia 2018 emitió 2,16 millones de toneladas de dióxido de carbono, el equivalente a casi medio millón de automóviles conducidos durante un año.

Es probable que sea una estimación cautelosa según la ONU ya que “estas evaluaciones a menudo subestiman el impacto real de la huella de carbono del deporte, sin incluir el impacto de la construcción de nuevos estadios, el agua y la energía consumida para apoyar los eventos y la comida, plástico y otros desechos producidos durante los eventos”.

En Rusia 2018, un estadio fue construido en uno de los últimos humedales naturales de Kaliningrado.

Se espera que el Mundial Catar 2022 produzca 3,6 millones de toneladas de dióxido de carbono, aunque los organizadores han afirmado que será neutral en carbono.

Por ejemplo, Montenegro, Islandia y la República Democrática del Congo produjeron menos de tres millones de toneladas de CO2 en el año 2018, según la Agencia Internacional de Energía.

De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental (EPA) 3,6 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalen a 703.693 vehículos a gasolina conducidos durante un año, es el equivalente al carbono secuestrado a 3,864,940 acres de bosques de EE.UU. en un año.

Según la publicación Bloomberg, más de un millón de amantes del fútbol visitarán Catar durante el Mundial. Catar es uno de los países que se calienta con más rapidez en el mundo, según los datos de Berkeley Earth.

Los responsables aseguran que, todas las emisiones que produzcan los viajes en avión, los desplazamientos en carro o el aire acondicionado, se compensarán plantando un millón de árboles. Y con la compra de créditos de carbono se apoyarán proyectos para reducir los gases de efecto invernadero en ese país.

Solo el tiempo dirá si las promesas de los cataríes durante el Mundial se hacen realidad.

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