MADRID.- Los restos del dictador Francisco Franco regresaron este jueves al distrito madrileño de Fuencarral-El Pardo, donde residió siendo el jefe del Estado, 44 años después de su muerte. Su salida de la Basílica del Valle de los Caídos, con los familiares portando en hombros el féretro hasta la explanada vacía, ha sido diametralmente opuesta a su multitudinario entierro en aquella mañana del 23 de noviembre de 1975.
Franco abandonó el Valle de los Caídos, el monumento que él ordenó construir en honor a los caídos en la "gloriosa cruzada" por una "España mejor", en medio de un silencio sólo roto por un grito de "Viva España, Viva Franco" proferido por los familiares.
De la escena fueron testigos los representantes del Gobierno presentes, la ministra de Justicia, Dolores Delgado; el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, y el subsecretario del Ministerio de Presidencia, Antonio Hidalgo, a quienes la familia no se acercó a saludar al menos en los momentos captados por las cámaras.
La familia, que desde un primer momento se opuso a la exhumación y planteó una batalla judicial que ganó el Gobierno en septiembre pasado en el Tribunal Supremo, ha llevado su enfrentamiento hasta el final, convirtiendo la retransmisión televisada de la salida de Franco del Valle en una guerra de símbolos.
El Ejecutivo prohibió a la familia cubrir el ataúd con una bandera de España, como pidieron, y también rechazó su pretensión de que Franco fuera despedido del Valle con honores militares, como los que tuvo en su funeral en el Palacio Real de Oriente.
La operación, ordenada por el gobierno y que se celebró a puerta cerrada, satisface una antigua demanda de familiares de las decenas de miles de víctimas de la guerra civil y el franquismo. La exhumación fue seguida en directo por las principales televisoras y medios web españoles.
Tras extraer el ataúd de debajo de las losas de mármol y granito que lo protegían en el interior de la basílica del Valle, el abad ofreció un breve responso ante la familia. El féretro salió del templo a hombros de sus familiares hasta un coche fúnebre, que lo llevó a un helicóptero en el que será trasladado al cementerio de Mingorrubio, a unos 57 kilómetros (35 millas) de distancia.
En un intento por proteger la privacidad y evitar que las labores de exhumación fuesen grabadas y publicadas en redes sociales, el gobierno prohibió que los asistentes al acto -22 miembros de la familia Franco, funcionarios gubernamentales y trabajadores- llevasen cámaras y celulares.
Por temor a posibles disturbios, las autoridades prohibieron una manifestación contra la exhumación en el cementerio de Mingorrubio, aunque unas 400 personas, algunas de ellas con banderas anticonstitucionales y coreando “Viva Franco”, se congregaron en las inmediaciones del camposanto bajo la mirada de la policía.
Macarena Martínez-Bordiú, una familiar lejana del dictador, dijo sentirse "indignada” con lo ocurrido y acusó al gobierno de "profanar una tumba".
En declaraciones a la televisora estatal TVE, el expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero dijo que la salida de Franco del Valle “tiene un gran significado para nuestra democracia. Nuestra democracia es hoy más perfecta”.
A pesar de los daños que presentaba el féretro original en el que se enterró a Franco –las imágenes han permitido ver que al menos tenía una raja en su base– la familia decidió conservarlo y trasladarlo así a Mingorrubio y pidió que el prior de la Basílica, Santiago Cantera, oficiase un breve responso antes de que los restos del dictador abandonasen el templo.
El cuerpo de Franco se conserva en una caja de zinc sellada en el interior del ataúd original de madera y que el Gobierno no tenía intención de abrir en caso de que presentara un buen estado, dado que en 1975, el entonces ministro de Justicia, José María Sánchez-Ventura, dio fe de que el cuerpo introducido en su interior era el de Franco.
Tanto en el momento de extraer el féretro de la tumba del Valle como en el momento de sacarlo del helicóptero que lo trasladó a Mingorrubio fue necesario asegurarlo para evitar desplazamientos colocando una tabla de madera bajo su base.
Lejos del desfile militar presidido por el Rey Juan Carlos y el largo cortejo por carretera que acompañó al féretro de Franco en 1975 desde la Plaza de Oriente al Valle, escoltado por agentes a caballo y motoristas, el traslado de los restos del dictador se produjo en un corto vuelto aéreo de 16 minutos.
Eso sí, el féretro viajó en un helicóptero Cougar del Ejército del Aire reservado al traslado de autoridades y personalidades, normalmente miembros de la Casa Real y del Gobierno. Dentro de la aeronave compartieron espacio los representantes del Gobierno junto a Francis Franco y el letrado de la familia, Luis Felipe Utrera-Molina, a quien se vio discutir mientras esperaban a subir en el helicóptero con Félix Bolaños.
La exhumación y el posterior entierro no acabarán con el legado de Franco en la política contemporánea española, especialmente a apenas unas semanas de las elecciones generales del 10 de noviembre.
Franco gobernó España entre 1939 y 1975. Llegó al poder tras tres años de guerra civil que comenzaron con un alzamiento militar que él ayudó a impulsar contra el gobierno democrático.
Católico convencido, consideró la guerra y la posterior dictadura como una especie de cruzada religiosa contra las tendencias anarquistas, de izquierdas y laicas del país.
El país volvió a la democracia tres años después de su muerte, pero su legado y su huella en la política española siguen despertando rencores y pasiones.
Durante décadas, miles de personas conmemoraron el aniversario de su deceso, el 20 de noviembre de 1975, en la explanada de la Plaza de Oriente, en el centro de la capital del país, Madrid, y en el mausoleo del Valle de los Caídos. Y aunque la popularidad del dictador ha disminuido mucho, su exhumación ha sido criticada por sus familiares, por los tres principales partidos de la derecha española y por algunos miembros del clero por abrir viejas heridas políticas.
El proceso fue autorizado finalmente por el Tribunal Supremo en septiembre, cuando rechazó un recurso presentado meses antes por la familia Franco para pararlo.
La exhumación estaba contemplada en las enmiendas a la Ley de la Memoria Histórica de 2007, que busca reparar a las aproximadamente 100.000 víctimas de la guerra y la posterior dictadura que están enterradas en fosas comunes no identificadas, entre ellos miles en el Valle de los Caídos. La legislación prohíbe que los restos de Franco estén en un lugar público que lo exaltase como una figura política.
Tras no haber podido completar el proceso el año pasado, el gobierno interino socialista de Pedro Sánchez quería que la exhumación y el posterior entierro se completasen antes de los comicios generales de noviembre, una iniciativa que la oposición calificó de electoralista.
La reinhumación
En Mingorrubio aguardaban la llegada de los restos del dictador varios centenares de nostálgicos del régimen, a los que no se permitió acercarse al panteón, donde el Gobierno había previsto que los restos de Franco fueran reinhumados en la más estricta intimidad.
El prior Cantera, acompañado del sacerdote Ramón Tejero, hijo del militar golpista del 23F, Antonio Tejero, quien también se acercó al cementerio escoltado por la policía, oficiaron una breve ceremonia religiosa en la que, esta vez sí, el Ejecutivo permitió a la familia exhibir todo tipo de símbolos, por considerar que en este caso el acto de inhumación se circunscribía a un ámbito familiar, pese a que el panteón es propiedad en la actualidad de Patrimonio del Estado.
La ministra de Justicia, que como notaria mayor del Reino también estuvo presente en el momento de la inhumación en el panteón, abandonó el cementerio pasadas las 15:30, hora de Epaña. Poco después se levantó el cordón policial y se permitió la entrada del público en el camposanto.
FUENTE: Con información de AP y Europa Press
