sábado 3  de  octubre 2026
MUNDO

Joven venezolano viste al Papa

Leonardo Cardosa, colaborador del Atelier Federico Toñolo en Roma, se inspiró en el gótico francés, la flor de Lis y el lapislázuli como símbolo de la Virgen María para bordar los ornamentos papales

Diario las Américas | MARINELLYS TREMAMUNNO
Por MARINELLYS TREMAMUNNO

ROMA.- El día de la visita de León XIV a Notre Dame, el viernes 25 de septiembre, mientras el mundo miraba la catedral restaurada y la imagen del papa caminando por la nave central con su manto con la flor de Lis bordada, en Roma alguien estaba siguiendo la transmisión con una atención particular. No sólo para ver al Papa, sino también el diseño de los ornamentos de su atuendo.

Se trata de Leonardo Cardosa, un joven venezolano de 36 años, experto en liturgia. “El muchachito que una vez estaba allá en Pampán, en su pueblo en Trujillo, ahora ha vestido al Papa en Notre Dame de París", dijo emocionado desde el taller donde trabaja, en Borgo Pío, a pocos pasos del Vaticano.

No hay arrogancia en sus palabras: lo dice como quien todavía está procesando algo que le parece, de alguna manera, demasiado grande para caber en su propia historia. Las manos de Leonardo diseñaron y bordaron ese traje litúrgico que el papa León XIV utilizó en su histórica visita a la catedral de París, ante las cámaras de medio mundo.

“Me siento orgulloso como persona, pero también orgulloso por mi país, por saber que tenemos la posibilidad de llevar a Venezuela en alto y al servicio de Dios”, dijo conmovido.

Pampán es una ciudad pequeña del estado Trujillo, en los Andes venezolanos. No es el tipo de lugar que aparece en los mapas del arte internacional ni en las crónicas vaticanas. Pero de allí viene Leonardo, de una familia que él describe como "humilde, sencilla, como las familias venezolanas", y de allí arrancó un camino que pasó por el seminario, cruzó el Atlántico y desembocó, diez años después, en uno de los talleres más discretos y singulares de Roma: el Atelier de Federico Toñolo.

Taller que habla al silencio

El atelier Ágora nació en 2010, fundado por el artista italiano Federico Toñolo. Está en Borgo Pío, una calle con historia propia: fue construida en el siglo XVI por orden del papa León XI para alojar a los peregrinos que llegaban a Roma. El taller se mueve en esa misma lógica, existe para servir a algo más grande que él mismo.

Desde sus mesas han salido mitras para tres pontífices. En el pasillo de honor se conservan, como testimonio silencioso de ese trabajo, piezas diseñadas para Benedicto XVI —una de las primeras, del año 2012—, para Francisco y para el actual papa León XIV. Son objetos que no están pensados para ser admirados en sí mismos, sino para desaparecer dentro de la liturgia, para que quien los lleve pueda celebrar sin que la ropa le quite protagonismo al rito.

El taller no se limita a la costura. Confecciona también cálices, patenas, anillos episcopales y cruces pectorales. "Todos los elementos que el sacerdote necesita para poder celebrar una misa", resumió mientras recorría las vitrinas con la familiaridad de quien ha pasado horas y horas frente a cada pieza.

Lo que más llama la atención al entrar, antes que cualquier objeto en particular, es el silencio. Es un lugar donde se trabaja con concentración, donde cada decisión tiene un peso que va más allá del gusto estético. “Es un servicio a Dios. Lo que nos lleva directamente a la espiritualidad, a pedirle a Dios que nos inspire”, dijo.

El diseño que nació de una catedral

Cuando el Vaticano encargó los ornamentos para la visita de León XIV a Notre Dame, el equipo se inspiró de la arquitectura. Notre Dame es gótica en su esencia, y el gótico no es solo un estilo: es una teología traducida en piedra. “Dios habla a través de la arquitectura, a través del arte sagrado”, explicó Leonardo.

A eso se sumaba el contexto de la visita. León XIV llegaba a una catedral que había resucitado del incendio que casi la destruyó en 2019. El diseño se articuló en torno a tres ejes. El primero es la Virgen María: Notre Dame significa literalmente Nuestra Señora, y toda la catedral, desde su advocación hasta sus ventanales, gira en torno a Ella. El segundo es el arte gótico, materializado en la monófora —la ventana característica de las catedrales medievales francesas— que inspiró los bordados. El tercero es Francia misma, representada por la flor de Lis, símbolo a la vez de la nación y de la Virgen.

“En el corazón de la flor de Lis incrustamos las piedras de lapislázuli”, explicó Leonardo. El lapislázuli es una piedra semipreciosa de intenso color azul de la que se obtenía el preciado pigmento ultramar, utilizado durante siglos para representar, entre otros elementos, el manto de la Virgen

Sobre el pectoral del papa —la pieza llamada formale que va en el centro de la capa pluvial— se colocó una imagen de la Piedad: María sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto. Duelo y esperanza al mismo tiempo. Exactamente lo que Notre Dame había vivido en los años del incendio y la restauración.

La tela que camina

El tejido de la capa pluvial no fue diseñado exclusivamente para Notre Dame. El atelier la había desarrollado para el Jubileo del año 2025 y resultó ser tan adecuada para esta nueva ocasión que no dudaron en usarla. Es una tela mixta, hecha en lana y seda combinadas, y su virtud no es solo visual.

"Le da una elegancia especial cuando la persona camina, para que el tejido acompañe el movimiento. Que el manto se mueva con la persona”. Es un detalle que la mayoría de los espectadores no notará conscientemente, porque los ornamentos litúrgicos no son ropa de gala: son un lenguaje. Cada elemento tiene una función simbólica.

Cómo se viste a un Papa

Pero ¿cómo se toman las medidas a un papa? Leonardo sonríe antes de responder. “Nosotros a veces nos preguntamos también y decimos: ¿será necesario? Esperemos que le quede bien”. La risa dura un segundo, y luego viene la explicación: hay un estándar. Desde el inicio del pontificado de León XIV, los colaboradores del Santo Padre envían al atelier la información necesaria. “La mitra se hace por medida: un 56, un 58, un 59. Y ya tenemos esa información en nuestros archivos”, explicó.

El manto se confecciona siempre a medida. Sin margen. El atelier guarda ese dato con la misma discreción con que guarda todo lo demás. Lo que no existe es el momento cinematográfico de llegar frente al papa con una cinta métrica. “Al inicio me preguntaba si me tocaría algún día tomarle las medidas al Papa, pero no, no se hace de esa forma”, confesó con una sonrisa.

Camino desde Valera

Leonardo nació en Valera, en el estado Trujillo, aunque vivió buena parte de su vida en Pampán. Entró al seminario, que fue donde la liturgia dejó de ser un rito que se observa y se convirtió en algo que se siente. “He sido desde siempre un enamorado de la liturgia, del servicio a Dios, del servicio al altar”.

Esa vocación lo trajo a Roma, donde estudió en la Pontificia Universidad Sant'Anselmo, especializada en liturgia y teología monástica. Allí entró en contacto con el mundo de las vestiduras sagradas y el arte litúrgico, un campo que en América Latina no tiene la misma tradición artesanal que en Europa.

“Nunca pensé que podría tener esta posibilidad”, aseguró. Diez años atrás, el joven que estudiaba liturgia no tenía en su horizonte ni el lapislázuli ni la flor de Lis ni el formale de una capa pluvial papal. "Si tú me dices qué pensabas de hacer hace diez años, otra cosa. No tenía nada que ver con esto, no sabía nada de este tipo de cosas”.

Lo que sí sabía, y eso no cambió, es que quería servir a Dios. “El tren pasa una sola vez y hay que montarse y vivirse ese viaje, disfrutárselo. Eso creo que es lo más importante”, concluyó.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar