martes 27  de  enero 2026
Opinión

Julio Iglesias: La vida sigue igual, ¿o no?

No entiendo cómo Univisión se prestó a este juego que perjudicaba al ADN de la compañía, subiéndose al carro de una operación que quería destruir la carrera de una estrella de la música latina

Por MANUEL AGUILERA

Tres años de supuesta investigación que se fueron por el inodoro en tres días. La justicia ha puesto en su lugar una operación en la que se utilizó el testimonio de dos mujeres, presuntas víctimas de algún tipo de abuso sexual o laboral, no para resarcir un posible delito contra ellas, sino para destruir la reputación de Julio Iglesias, el cantante español más universal de la historia.

Porque lo más triste de este asunto es que las dos mujeres han perdido la oportunidad de contar “su verdad” ante un juez independiente en vez de quedarse en un relato artificial fabricado por una organización que promueve el feminismo radical, el anticolonialismo o cualquier causa de la nueva narrativa de la izquierda como es Women's Link Worldwide, que según distintos reportes está financiada por el magnate de las causas desestabilizadoras del mundo libre, George Soros.

Parece que las mujeres protagonistas de esta conspiración no tuvieron nunca intención de denunciar. Alguien del medio de extrema izquierda español eldiario.es se enteró del malestar de algunas mujeres que habían trabajado en las mansiones de Julio Iglesias y se acercaron a ellas. Tan solo una chica del servicio y una fisioterapeuta fueron convencidas y, junto con la organización antes mencionada, periodistas y activistas montaron la olla. Pero les faltaba el prestigio de alguna organización de noticias que pusiera la cara y el prestigio en este lado del mundo y así se llamó a la puerta de Televisa-Univisión.

No entiendo cómo Univisión se prestó a este juego que perjudicaba al ADN de la compañía, subiéndose al carro de una operación que quería destruir la carrera de una estrella de la música latina, en otro tiempo objetivo de las actuaciones musicales, entrevistas y noticias de sus shows de entretenimiento.

Lo conté en el programa “Ni más ni menos con Yelenis Reina”, simplemente con escuchar con detalle las declaraciones de las mujeres, independientemente de su veracidad, se notaba que los testimonios estaban preparados y utilizaban una narrativa nada natural, impropia, por ejemplo, de una mujer joven dominicana. Era un lenguaje jurídico, con alusiones propagandistas o eslóganes propios de una organización como Women's Link Worldwide. “Esclavos del siglo XXI”, así se expresaba la mujer sobre la que, en los días siguientes a la publicación del reportaje, se descubría que en la época de los presuntos abusos tenía una página en OnlyFans que, entre otros servicios, ofrecía sexo a cambio de dinero. También se conoció que la otra mujer había intercambiado mensajes de cariño y reconocimiento con el cantante durante los meses posteriores a trabajar en la mansión de Iglesias.

La idea de presentar la demanda en España se notaba muy meditada tanto por la organización “ultrafeminista” de izquierdas como por el medio de propaganda del Gobierno de Sánchez y los podemitas de eldiario.es. El ambiente político y mediático de España era muy propicio para crear un gran escándalo y presionar a la Audiencia Nacional para que admitiera juzgar un caso que afectaba a dos personas que no son españolas sobre unos hechos que no se habían cometido en territorio español.

Hace unas semanas, políticos y periodistas de la misma cuerda habían intentado, con una historia parecida, destruir la reputación de Adolfo Suárez, expresidente español que lideró la transición del franquismo a la democracia. El logro de la transición está siendo revisado con intentos de cancelación por parte de la izquierda dominante en España, y qué mejor manera que sacar a colación unos supuestos abusos cometidos hace más de 40 años por una persona que falleció hace más de una década. La historia quedó en nada, pero teníamos el comodín de Julio.

Los “pecados” de Julio Iglesias, que le hacían caza mayor para el gobierno de Sánchez y sus palmeros, eran su faceta de triunfador, millonario, promotor del esfuerzo y la superación, embajador de la marca España y, además, símbolo conservador que había osado incluso apoyar en su momento al expresidente español, José María Aznar. ¿Qué mejor manera que atacarle por su faceta de conquistador de mujeres, retorcerla y convertirla en un “me too ibérico” globalizado?

El final de esta historia lo han escrito los fiscales de la Audiencia Nacional española, negándose a investigar los hechos por falta de competencia. Nos quedamos entonces como la canción de Julio, que también dio nombre a una película protagonizada por él, de la que estos días me han hablado muchos cubanos como Zoé Valdés, pues triunfó en la isla en los años setenta y se ha quedado en su memoria de banda sonora.

“La vida sigue igual” en el sentido de que la organización presuntamente financiada por Soros, e Ignacio Escolar y su panfleto podemita no han conseguido su objetivo, pero quedan daños colaterales… La reputación de Julio Iglesias ha quedado tocada y también la credibilidad de los periodistas en general, a los que en muchas ocasiones se nos acusa de activismo y de trabajar con objetivos que no tienen nada que ver con la búsqueda independiente de la verdad. La vida sigue igual, ¿o no?

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