MIAMI. Si bien no se puede decir que un perro puede dar un diagnóstico de cáncer, hay evidencia científica que si están entrenados pueden distinguir muestras de personas con algunas enfermedades, incluso algunos tipos de cáncer, con el olfato.
Investigadores de la Universidad de Viena descubrieron que los perros son muy buenos reconociendo las expresiones faciales humanas
MIAMI. Si bien no se puede decir que un perro puede dar un diagnóstico de cáncer, hay evidencia científica que si están entrenados pueden distinguir muestras de personas con algunas enfermedades, incluso algunos tipos de cáncer, con el olfato.
Ahora, un estudio publicado en iScience y realizado por investigadores de la Universidad de Viena ha dado como resultado, que los caninos domésticos, son muy buenos reconociendo las expresiones faciales humanas, en especial la alegría y también, el miedo o la tristeza.
Los experimentos se hicieron con grupo de perros domésticos a los que se le hicieron una serie de escáneres mientras veían imágenes de rostros humanos.
Los resultados aportaron, por primera vez, pruebas de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas, como la ira, la tristeza y el miedo.
Raúl Hernández-Pérez, de la Universidad de Viena, autor principal de la investigación, apunta que la capacidad de los perros para captar pequeños detalles en el rostro hace que “sean muy interesantes”, pues al estudiar sus cerebros se puede entender qué adaptaciones han desarrollado para sustentar su notable comprensión social y emocional de los humanos.
Los investigadores se centraron primero en la felicidad, una expresión que, según estudios previos, reviste una importancia especial para los perros.
Los animales vieron, mientras se hacían un escáner, imágenes de personas desconocidas con expresiones felices o neutras. Los rostros felices activaron la corteza temporal y el núcleo caudado, que son regiones cerebrales asociadas con el procesamiento cognitivo superior y el de recompensas, respectivamente.
Esto sugiere que los rostros humanos felices “pueden tener un significado emocional para los perros”, explicó otra de las firmantes del texto, Laura Cuaya, de la Universidad de Viena.
Para comprobar si esas mismas regiones cerebrales respondían a otras emociones, se hizo el mismo procedimiento con imágenes de rostros felices, de ira, miedo y tristeza y analizaron la actividad cerebral mediante aprendizaje automático.
El resultado fue que los perros no reaccionaban de la misma manera ante esas emociones negativas.
La red formada por la corteza temporal y el núcleo caudado respondía de forma exclusiva a la felicidad, lo que permitió a los investigadores distinguir fácilmente las reacciones cerebrales y entender que el cerebro canino no se limita a clasificar el mundo en bueno y malo.
Un análisis de todo el cerebro reveló patrones de actividad distintos que diferenciaban el miedo de la ira y la tristeza, lo que proporcionó la primera prueba de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas específicas.
Esta capacidad no significa que los perros experimenten las emociones exactamente igual que los humanos. Además, una fotografía de un rostro no lo dice todo; en la vida real, los perros observan el lenguaje corporal, escuchan los matices de la voz y detectan información a través de nuestro olor, señaló el equipo.
Los animales que participaron en el estudio eran mascotas procedentes de familias cariñosas, pero los perros que viven en la calle, se mueven en un mundo social muy diferente y pueden procesar las señales humanas de otra manera.
El equipo quiere ahora adoptar una perspectiva más centrada en los perros para comprender cómo integran las señales cerebrales para interpretar a los humanos que les rodean. Además, tiene previsto comparar cómo procesan los cerebros humanos y caninos las mismas señales emocionales.
Los estudios con los caninos abarcan un abanico de posibilidades y también se han realizado estudios sobre cómo procesan los sonidos del lenguaje humano.
La investigación liderada por la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) determinó que los canes al igual que los humanos, tienden a basarse más en las consonantes que en las vocales a la hora de identificar los límites de las palabras en el habla.
El cerebro de los canes divide el habla en palabras de una forma que hasta ahora solo se había observado en los seres humanos.
Los investigadores revelan que el procesamiento eficiente del habla no es necesariamente consecuencia de las capacidades lingüísticas exclusivas de los seres humanos, sino que puede haber formas similares en ambos sin que sea necesario contar con capacidades propias de los humanos.
En muchas lenguas humanas, las consonantes suelen proporcionar información más útil para identificar palabras que los sonidos vocálicos.
Los bebés recurren cada vez más a las consonantes para segmentar el habla continua alrededor del primer año de vida, alejándose de su mayor dependencia inicial de las vocales acústicamente prominentes.
El equipo comparó las respuestas del electroencefalograma en los cerebros de 20 personas adultas y de otros tantos perros mientras escuchaban secuencias continuas de palabras sin sentido compuestas por tres sílabas.
Los resultados destacan que los perros al igual que los humanos tienden a basarse más en las consonantes que en las vocales a la hora de identificar los límites de las palabras en el habla.
Dado que las vocales del experimento tenían mayor intensidad acústica, la preferencia por las consonantes no puede atribuirse simplemente a que se oigan los sonidos más fuertes, se explicó.
En cambio, es posible que las consonantes resulten más útiles para detectar patrones que ayuden a dividir el habla continua en palabras.
El equipo considera que el sesgo hacia las consonantes de los perros podría reflejar, por un lado, su historia de domesticación y su exposición al lenguaje humano, pero también una capacidad auditiva o cognitiva más amplia que sea anterior a la domesticación
FUENTE: Con información de EFE Verde