WASHINGTON — El fracaso de las reuniones diplomáticas de la semana pasada para resolver las crecientes tensiones sobre Ucrania ha colocado a Rusia, Estados Unidos y Europa en un peligrso territorio tras la Guerra Fría, que presenta retos significativos para todas las partes.

A diferencia de desacuerdos previos, que surgieron tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, la nueva crisis sobre Ucrania y las diferencias entre Washington, Moscú, Bruselas y la OTAN conllevan riesgos que pudieran desembocar en una guerra económica e incluso un conflicto militar.

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Para Estados Unidos, Europa y la OTAN la solicitada retirada de los 100.000 soldados rusos desplegados cerca de la frontera con Ucrania demostraría que el gobernante ruso Vladimir Putin negocia de buena fe. Para los rusos, la negativa absoluta de Occidente a considerar que la OTAN se expanda a sus fronteras sería prueba de poder.

Rusia pretende presionar y controlar sobre determinaciones que corresponden exclusivamente a la OTAN y los países interesados en integrar ese organismo militar de defensa, que fue establecido al treminar la Segunda Guerra Mundial.

Las concesiones son complicadas, por el hecho de que ni Putin ni Occidente quieren ser vistos haciendo concesiones, ni ante sus propios ciudadanos ni ante las audiencias extranjeras.

La negativa de cada una de las partes a renunciar a lo que la otra considera exigencias excesivas ha dejado en el limbo las perspectivas para la diplomacia, con Estados Unidos y Europa acusando a Rusia de avivar las tensiones sin razón legítima y los rusos quejándose de que Occidente es el agresor.

Algunos creen que la situación tenderá a empeorar más antes de que se rompa el estancamiento.

“La brecha en las percepciones es tan grande que pudiera ser necesaria una escalada nueva y peligrosa para que las partes abran la imaginación y busquen acuerdos”, afirmó Fiódor Lukyanov, director del Consejo para Políticas Exteriores y de Defensa, con sede en Moscú, en un comentario.

Para los analistas occidentales, parece ser una situación en la que Putin va a tener que hacer concesiones si quiere evitar un conflicto en el que sería el mayor perdedor. Algunos piensan que el enfoque de Putin en la OTAN puede haber dado una nueva oportunidad a la alianza militar.

“Es un período extremamente incierto y tenso sin una salida obvia, a menos que Putin ceda”, expresó Jeff Rathke, un experto en Europa y exdiplomático estadounidense que es el presidente del American Institute for Contemporary German Studies en la Universidad Johns Hopkins.

“Él se ha creado un frenesí del que es difícil salirse si no consigue el rediseño de la arquitectura de seguridad en Europa que dice querer. Él ha mostrado que está listo para probar quién titubea primero, con la amenaza de una fuerza militar masiva, y está seguro de que tiene la atención de todos, pero no ha cambiado la posición de nadie”, dijo Rathke.

Funcionarios estadounidenses, desde el presidente Joe Biden, el secretario de Estado Antony Blinken y el asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan hasta la principal negociadora Wendy Sherman han dicho que Rusia es quien enfrenta una “elección brutal”.

Sin embargo, los funcionarios en Rusia dicen lo contrario. Han presentado sus demandas como un “imperativo absoluto” y argumentan que la falta de voluntad de Occidente para satisfacerlas en las negociaciones hace irrelevantes los demás asuntos.

El canciller ruso Sergey Lavrov dijo que Rusia había tratado infructuosamente durante años de persuadir a Estados Unidos y Europa para que iniciaran negociaciones sobre no desplegar misiles de alcance medio en Europa, limitar las maniobras militares y reglas para evitar encuentros cercanos peligrosos entre buques y aviones rusos y aliados, hasta que Estados Unidos y la OTAN expresaron su disposición a discutir esos asuntos esta semana.

Lavrov atribuyó el cambio en enfoque a un deseo estadounidense de desviar la atención de las principales demandas de Rusia, añadiendo que Moscú va a centrarse en la no expansión de la OTAN.

“Para serles franco, todo el mundo entiende que la perspectiva de alcanzar un acuerdo depende de Estados Unidos”, aseguró Lavrov. Agregó que cualquier cosa que Estados Unidos dice sobre la necesidad de consultar con sus aliados en las negociaciones “son excusas e intentos de alargar el proceso”.

De ahí el estancamiento.

Gestiones diplomáticas

El enfoque de Occidente ha sido realizar “la mayor cantidad de gestiones diplomáticas posibles para descescalar” el conflicto, afirmó Andrew Weiss, vicepresidente de estudios en el centro Carnegie Endowment for International Peace, donde supervisa las investigaciones sobre Rusia y Eurasia.

“El problema que tenemos es que Rusia habla ha demostrado en numerosos casos, en 2014 y en 2008, que está dispuesta a ir a la guerra con tal de conseguir sus cosas y nosotros no”, dijo. “Y ese es el reto”, de acuerdo con Weiss.

Las posiciones inmutables de Rusia han llevado a algunos a creer que Moscú simplemente subirá la apuesta tras percibir que sus reclamos no son conceidos.

De hecho, el principal negociador ruso en las negociaciones, el vicecanciller Sergei Ryabkov, indicó que Moscú pudiera responder a los rechazos escalando la situación más allá de las fronteras europeas, a través del despliegue de tropas en Cuba y Venezuela. Estados Unidos calificó esas declaraciones de “fanfarronada” y que responderá firmemente si llegara a suceder.

“La falta de una solución diplomática lleva lógicamente a la exacerbación de la crisis”, escribió Dimitri Trenin, jefe del Carnegie Moscow Center, en un análisis publicado en línea.

Trenin pronosticó que una “serie de medidas militares y técnicas” que Putin dijo que Rusia adoptaría si Occidente rechaza sus demandas, pudiera incluir “una amplia gama de pasos… desde el despliegue de nuevos sistemas de armas en varias regiones, hasta lazos militares mucho más fuertes con Bielorrusia y una mayor coordinación con sus socios chinos”.

“Para los países que se han integrado a la OTAN tras la Guerra Fría, uno puede decir definitivamente que la OTAN es ahora más relevante para ellos que hace un año o en 2014″, recalcó Rathke. “Quienquiera que haya creído que la OTAN ya no era importante para la seguridad europea ha recibido una lección en los últimos meses”.

FUENTE: Con información de AP

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