MIAMI.– Si la primera parte del viaje del presidente Donald Trump al exterior se caracterizó por una cierta distensión y un ligero cambio en la política exterior estadounidense hacia el Medio Oriente, el periplo por Europa ha estado marcado por la frialdad y la tensión.

La rigidez comenzó el primer día, cuando Trump pareció empujar al primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, para ocupar su lugar en la primera fila para la toma de una foto, en la sede de la OTAN en Bruselas. Fue un gesto rudo que llamó la atención de los presentes pero también un desliz preocupante porque Montenegro es el miembro más joven de la organización militar, un país donde Estados Unidos pretende instalar una batería antimisiles y al cual Rusia ambiciona extender su esfera de influencia.

Los líderes de la OTAN recibieron a Trump con desconfianza porque el presidente siempre ha despreciado el bloque militar y en el único discurso que pronunció, al inaugurar la nueva sede, se limitó a reclamar el pago de las contribuciones, en vez de hacer un llamado a la defensa común, como muchos esperaban y según mencionó el diario francés Le Monde.

“Veintitrés de los 28 miembros todavía no pagan lo que deben abonar, ni tampoco lo que deben gastar en su defensa. Esto no es justo hacia el pueblo y los contribuyentes de Estados Unidos. Y muchos de estos países deben sumas enormes de dinero de años anteriores y no están pagando por ello”, dijo el presidente.

Trump añadió que “nunca olvidará a los amigos” que se mantuvieron al lado de Estados Unidos tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando por primera vez en la historia la OTAN activó el artículo 5 de su carta constitutiva, que obliga a todos los miembros a acudir en ayuda de otra de si es atacado, una cláusula que en los pasillos del bloque militar se conoce como el artículo de “uno por todos y todos por uno”.

Los líderes lo escucharon con atención pero también con enfado. Las cámaras de televisión no lograron ocultar como unos se miraban a otros, hacían discretos comentarios ocultando la boca o, sencillamente, miraban a otro lado o parecían entretenidos en sus propios pensamientos. “Creo que no se mostró abierto a comprender y fue muy fuerte en sus críticas”, comentó el antiguo director de planificación política de la OTAN Fabrice Pothier.

Poco después, el portavoz presidencial, Sean Spicer, salió a la luz para precisar las palabras presidenciales. “Hemos visto un apoyo unánime a las dos prioridades del Presidente. Es una buena forma de comenzar. Cuando vemos una reunión enteramente concentrada en la agenda del Presidente, vemos la fuerza de su mensaje”, afirmó.

A puertas cerradas, todos los líderes se comprometieron a luchar unidos contra el terrorismo, después que Trump expuso el acuerdo a que llegó con los líderes del Medio Oriente en ese sentido.

Aun así, la tensión no se disipó públicamente. En el momento de la toma de la foto oficial, a Trump se le vio conversas solo con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Los demás no le dirigieron la palabra y el mandatario no pareció interesado en conversar con ellos. Mientras casi todos sonreían, Trump se mantenía serio, pareciendo estar metido en un pequeño sacrificio.

Aunque estaban incluidos en la agenda de la reunión multilateral, temas como el medio ambiente y el comercio fueron abordados con grandes divergencias. En una reunión privada con el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, salieron a relucir grandes diferencias en relación a Rusia y las políticas de su presidente Vladimir Putin, una preocupación de los socios europeos que ven con gran ansiedad lo que parecen ser los esfuerzos desplegados por Moscú por interferir en las elecciones europeos y estadounidenses, dijo a The New York Times una fuente anónima que asistió al encuentro.

Al parecer, Trump dijo a Tusk que está pensando dar un cierto alivio a las sanciones a Rusia por la invasión rusa de Ucrania, ya que horas después en Londres, el secretario de Estado, Rex Tillerson, dio un marcha atrás y afirmó que, de momento, las sanciones implementadas por el expresidente Barack Obama siguen en pie. “No está previsto ningún cambio”, acotó.

En Bruselas, Trump apenas desplegó algún ‘rapport’ con el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, con quien tuvo un encuentro a solas en la residencia del embajador estadounidense. Ambos dieron un fuerte estrechón de manos que llamó la atención de los periodistas porque hizo emblanquecer los nudillos del presidente. La conversación, filtraron medios franceses, giró alrededor de la crisis de los inmigrantes en el Mediterráneo, cuyo tratamiento ha sido fuertemente criticado por Trump, y el comercio bilateral. En este aspecto, varias fuentes estadounidenses dijeron al grupo de periodistas que acompañan al mandatario, que Trump parece estar teniendo segundos pensamientos sobre el ‘Brexit’. Tras aplaudir la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el presidente parece estar ahora preocupado por el impacto que esa ruptura tendría en el comercio con Europa en general. Su entorno ha tratado de calmar las especulaciones. “Trump vino aquí (a Europa) a escuchar, aprender y educarse más. Es lo que está haciendo”, dijo su asesor económico, Gary Cohn.

A quien Trump aparentemente no le dirigió la palabra en público fue a la canciller alemana, Angela Merkel. En Bruselas ambos no parecieron hacer ni contacto visual, aunque se saludaron diplomáticamente.

A esto, el semanario alemán Der Spiegel señaló que Trump ha comentado que los alemanes son “muy malos”. Según Cohn, el mandatario no se refería a Alemania en sí, sino a la gestión de comercio que hace la canciller Merkel.

Pero este viernes, en la Cumbre del G7 en Sicilia, Italia, se volvieron a ver conversando animadamente cuando discutieron temas sobre el cambio climático, como el Acuerdo de Paris. En el encuentro con Macron en Bruselas, el presidente galo intentó persuadir a Trump de no abandonarlo.

Trump parece dudar las consecuencias del llamado cambio climático pero, también en esto, pudiera suavizar su postura. Según su entorno, habría una ‘evolución’ en sus políticas. “Su visión está evolucionando. Ahora siente que tiene un mayor conocimiento y que Estados Unidos debe mostrar cierto liderazgo”, puntualizó Cohn.

Por otro lado, ya comenzaron las críticas en Washington por el periplo presidencial. Un grupo de congresistas de ambos partidos quieren que la Cámara de Representantes investigue la venta de armas a Arabia Saudita, que fue firmada durante la visita de Trump a Riad. En este caso, la investigación se centraría en la venta de misiles aire y tierra guiados por láser, una tecnología que hasta ahora Estados Unidos tenía restringida a ciertos socios de la OTAN.

“La posesión de armas de precisión guiada no debe contradecir la capacidad de lograr sus objetivos. La capacidad de golpear a un enemigo e evitar blancos civiles requiere un extenso entrenamiento y unas reglas de uso muy precisas. Creemos que el comité (de Relaciones Exteriores) debe abordar este asunto y recibir seguridades de que las armas estarán en buenas manos antes de autorizar la venta”, dijeron los congresistas Ted Lieu, demócrata por California, y Ted Yoho, republicano por la Florida.

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