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MIAMI.- La invasión de Rusia a Ucrania continúa a pesar de las sanciones económicas y Occidente reafirma que está decidido a ayudar tanto como sea necesario para vencer al invasor ruso, pero nunca hasta el punto de crear una confrontación directa con el agresor que derive en una guerra de mayor alcance o mundial.
El gobernante ruso, Vladimir Putin, dejó aparentemente a un lado la ocupación total de Ucrania y se limita ahora a conquistar el este del país, donde los rebeldes prorrusos le facilitan las acciones militares.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no para de pedir armas más modernas y potentes. Pero todo parece indicar que hay armamentos que ni EEUU ni la OTAN ni Europa pondrán en manos de Ucrania.
Por ejemplo, el más potente, preciso y probado sistema antimisiles estadounidense Patriot, que supondría una ventaja abrumadora de las fuerzas ucranianas sobre las rusas, no parece estar en la lista de entregas.
“Si Occidente otorga ese tipo de armamento a Ucrania, Rusia lo interpretaría como una declaración de guerra”, declaró a la prensa europea el general alemán jubilado Romy Meir.
“Lo han dicho. Putin lo dijo. Sería un acto de guerra, y Occidente no quiere provocar una guerra peor”, incluso nuclear, añadió.
Algo similar sucede con el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, que Israel utiliza con tanta eficacia.
Zelenski pidió a los israelíes que les transfirieran el sistema antimisiles, pero la postura israelí, por el momento, es aumentar la ayuda humanitaria pero no implicarse en el conflicto con el envío de armas.
“Occidente trata de mantenerse en el medio”, amplió el general jubilado. “Ayuda a Ucrania, pero sin irritar demasiado a Rusia”, subrayó.
Entretanto
Suecia y Finlandia son finalmente miembros 'de facto' de la OTAN.
Nunca en la historia de la OTAN se había visto un proceso tan rápido para asociar a un nuevo miembro a la alianza militar euroatlántica.
Además, preocupa en Europa la insuficiencia de los carburantes, sobre todo el gas que mayormente provee Rusia y no forma parte directa del paquete de sanciones económicas.
“Tenemos que prepararnos para nuevas interrupciones en el suministro de gas e incluso para un corte total", afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Una docena de países europeos se han visto afectados ya por reducciones o cortes en el suministro de gas, a medida que se intensifica el impasse político con Moscú.
Batalla
En el interín, mientras los rusos continúan bombardeando pueblos y cuidades y conquistando terreno en el este de Ucrania, miles de ucranianos continúan huyendo y cientos son masacrados.
El Donbás, donde se encuentran las fuerzas prorrusas, pueblos y ciudades están en las mirillas del Ejército que dirige Putin, después del supuesto revés o cambio de estrategia que significó tratar de llegar Kiev, la capital ucraniana.
En efecto, los separatistas prorrusos llevan ocho años luchando contra el Ejército ucraniano y ahora controlan gran parte del Donbás.
Antes del inicio de la invasión rusa de febrero, Putin y su parlamento reconoció la independencia de la región, lo que fue interpretado entonces como el preámbulo del asalto ruso que Zelenski sostuvo no sucedería, tal vez para no irritar a Moscú.
Muchos preguntan si Rusia podrá sacar suficientes fuerzas para completar la conquista del Donbás.
En efecto, Putin comentó que sus tropas “necesitan descansar un poco y recuperar su capacidad de combate”, pero en cuestiones de guerra el descanso prolongado no es usual.
Por otra parte, el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, que hace lo que Putin le diga, afirmó que “la guerra” en Ucrania “continuará hasta que Rusia alcance todas sus metas”.
Sin embargo, añadió que “las prioridades” de Moscú por ahora son “preservar las vidas y el bienestar” de los soldados y “eliminar las amenazas a vidas civiles”.
Cuando Putin ordenó la invasión de Ucrania el 24 de febrero, dijo que su objetivo era defender a los habitantes del Donbás contra una supuesta agresión ucraniana, que sufría “militarización” y algo que llamó “nazismo”.
En el interín, Putin da órdenes a su parlamento de implantar una economía de guerra, a pesar de que insiste en que no la hay.
De esta manera, Rusia podría obligar a las empresas del país a suministrar bienes y servicios al Ejército y a los empleados a trabajar horas extras para proseguir su “operación militar especial” en Ucrania.

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