La RoboLución, menosprecia el talento, pero premia la obediencia perruna. En eso tampoco es original. Todo tirano exige acatamiento sin chistar. Mayormente si el déspota agrega membresía internacional del narcocrimen organizado. Lo comprobamos con el pretendido “enroque” ministerial de la semana pasada en Venezuela. Las mismas caras, con diferentes botines. A tales burócratas no los jubila el fracaso. Después de no dar la talla los rotan, los barajan, los sortean, para que vayan a robar, a otro cargo. Japón tiene 11; EEUU 24 o 25 si contamos el vicepresidente; Alemania 15; Corea del Sur 18. Maduro tiene 37 manganzones, supuestos ministros, siete de ellos, con los rimbombantes títulos de vicepresidentes más una primera vicepresidenta. El veneno no está solo en la cantidad, asombra, la incapacidad.
¿Qué experiencia tenía, por ejemplo, el inefable, “Hombre del Braguetazo” para llenar plaza en numerosas tareas, muy disímiles?
Primero en la Fundación Ayacucho, después en el ministerio de Educación, luego en el de Ciencia, Tecnología e Innovación, al final fue a dar con sus huesos a la cancillería. Y allí están los resultados de la impericia y el poco oficio. El nulo millaje previo lo pagó el propio, "narcosátrapa" con más y peor desprestigio en los cinco continentes ¿Y qué es, una o muchas rayas, más pa´ esa cebra de la mala fama? Ahora, de consolación, al Metternich de medio pelo, lo premiaron con el ministerio de Industria y Producción. “Gafo ¿Yo? ¡Si sigo en el ajo con mi verdadera ‘industria y producción’ que es, la de príncipe consorte”.
En un país petrolero, que ya no es, ni petrolero ni país; sumido en la fosa más profunda, incluido el colapso en la producción de barriles, encargaron de PDVSA a quien, ni siquiera, sabe cómo ponerle gasolina a su automóvil. Pero de prevaricato, sí que sabe, al atreverse a rematar a precio de gallina flaca la refinería de República Dominicana.
El batequebrao, que ascendió a las Grandes Ligas -a las grandes ligas del guiso, aclaramos- como proveedor de jovencitas, en el pico más alto de la pandemia, sin tener ni un curso de primeros auxilios, tuvo la desaprensión de asumir como “comandante” de la lucha contra COVID-19. Calígula, lisiado moral y lisiado mental, nombrando cónsul a "Incitatus", su potranco favorito. Nunca hay nada nuevo bajo el sol.
De presidente de un supuesto banco de los pobres, nombraron a un excura por el solo mérito de haber ahorcado los hábitos. O como aquella vez, que juramentaron ministro de economía, a un frota esquinas, nada más por tener tatuado, en su posadera izquierda, el rostro de Hugo Chávez.
La peor plaga, los militarotes. Imagen y semejanza de la narcotiranía cubana. Par de peleles, el primero, en la Isla y su equivalente en tierra firme, al frente de dos jefaturas de Estado. Sus titulares nominales, todavía, ni se han enterado quiénes son, los que mandan de veras. Todo vale para aparentar gobiernos de civiles. En las oficialidades venezolanas, dicho sea de paso, la corrupción es vertical, horizontal y transversal. Desde cualquier soldado, hasta el más Madrino de los encumbrados. Y si no nos creen, que vengan los chafarotes que quebraron, PDVSA, CORPOELEC, las empresas de la CVG, la Corporación Venezolana de Alimentos, CASA, para que les digan.
¿Qué sabe un sedicente, marinero, de explotación de, diamantes, oro, coltán y demás metales muy valiosos?
Eso no cuenta, cuando se trata de sumar compinches para el saqueo. Por lo pronto, han colocado como zar del Arco Minero a un vicealmirante.
Y al cipote, si alguno de los designados es doble nacional, como a contra vía constitucional, se jacta de serlo el nuevo titular de Relaciones Exteriores. Si un cucuteño, del sector, “Casa de las Muñecas”, para topografías más precisas, es Presidente, en la narcotiranía, puede ocurrir cualquier desgracia.
@omarestacio